Imprescindible

Crítica a “Lolita”, de Vladimir Nabokov

13501743_1629448627374760_4378951289657548029_nLa ilustración, por Gemma Martínez, muestra en clave metafórica tanto la obsesión de Humbert Humbert como la fragilidad de Lolita.

Título: Lolita
Autor: Vladimir Nabokov
Género: Erótica
Fecha de composición original: 1955 (edición traducida al español por Francesc Roca en 2002)
Edición: Decimoquinta edición (enero del 2015)
Editorial: Anagrama
Número de páginas: 389

“Una brisa del País de las Maravillas empezaba a alterar mis pensamientos, que ahora parecían inclinados en bastardilla, como si el fantasma de esa brisa arrugara la superficie que los reflejaba”.

Vladimir Nabokov (Vladímir Vladímirovich Nabókov) nació en San Petesburgo en 1899 y murió en 1977 en Montreux (Suiza). Fue un escritor ruso nacionalizado estadounidense que triunfó, sobretodo, por sus novelas escritas en lengua inglesa. Entre las obras que lo igualaron a los grandes novelistas del siglo XX destacan, además de la que protagoniza nuestra valoración, Pálido Fuego (Pale Fire, 1962) y Ada o el Ardor (Ada or Ardor, 1969), que os ofreceremos más adelante en A Librería.

Hijo de una familia aristocrática, fue trilingüe desde muy pequeño; en su hogar aprendió ruso, inglés y francés. En 1940 llegó a Estados Unidos huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, en la que perdió a su hermano Serguéi, que se encontraba preso en un campo de concentración.

La formación trilingüe de Nabokov tuvo una importante influencia en su obra. Él mismo definía la transición de una lengua a otra como “el lento viaje nocturno de un pueblo a otro con tan solo una vela para iluminarse”. El autor ruso es famoso por sus planteamientos complejos, sus llamativos juegos de palabras y su uso de la aliteración.

Nabokov es considerado uno de los más extraordinarios escritores del siglo XX y todo un ejemplo de modernismo literario. Su obra Lolita es una constante y brillante exhibición de sarcasmo, talento, crítica y muestra de decadencia humana. Es, en resumen, un derroche de genialidad distinguida a cargo de un artista literario que, en su día, declaró que le hubiese encantado filmar los picnics de Lewis Carroll.

Lolita es una explosiva historia que narra la obsesión de Humbert Humbert, un profesor entrado en años, por su hijastra de doce años. No falta de polémica, la obra maestra de Nabokov ha llegado a ser considerada un clásico moderno que nos muestra un camino atropellado por la locura, el sexo y la muerte. En la novela, el doctor en Filosofía John Ray recibe un manuscrito que se titula Lolita o La confesión de un viudo blanco, y que está firmado por Humbert Humbert, un profesor que murió en la cárcel debido a una trombosis coronaria.

En la historia que cuenta el supuesto manuscrito, Humbert Humbert es profesor de literatura francesa y se muestra obsesionado con chicas que se encuentran en la fase más temprana de su adolescencia. Cabe destacar que Vladimir Nabokov creó el concepto genérico “nínfula” para definir la clase de muchacha que se convirtió en la obsesión del protagonista de Lolita:

“Ahora creo llegado el momento de presentar al lector algunas consideraciones de orden general. Entre los límites de los nueve y los catorce años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o tres veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino nínfica (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas”.

Tras introducirnos el carácter obsesivo y perverso del protagonista, éste decide dejar Europa y viaja a Estados Unidos, donde alquila una habitación en Ramsdale, un pueblo ficticio de Nueva Inglaterra. El proceso de aceptación de su nuevo hogar se ve interrumpido con constancia ya que no le atrae ni el lugar ni su casera y se encuentra cerca de renunciar en múltiples ocasiones. No obstante, al final de la visita por la casa de Charlotte Haze, ambos llegan al jardín y se encuentran con Dolores Haze, la hija de doce años de Charlotte, tomando el sol. En ese instante de la obra, Humbert sufre una especie de revelación que no solo supone un punto de inflexión en la novela, sino que lo es también en la vida del protagonista. Será entonces cuando los objetivos del profesor Humbert cambiarán por completo y decidirá quedarse, obsesionándose en secreto con la muchacha pubescente, a la que apodará “Lolita” o, simplemente, “Lo”.

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.

Lolita llegó a mí como un impactante trueno que no esperas oír, pero que aún así no tienes más remedio que escuchar. Recuerdo a mi profesor de Literatura Comparada recomendándolo, y recuerdo haber leído sobre Lolita múltiples opiniones que me llevaron, de forma inevitable, a hacerme con un ejemplar. Y no me decepcionó. Lolita se convirtió en un referente fascinante de como un tema agresivo y de un carácter social cuestionable para la mayoría puede convertirse en un ejemplo de prosa lírica. Lolita es una novela cargada de recursos propios de la poesía y se encuentra entre los estilos estéticos que más admiro.

La gran obra de Nabokov ofrece un narrador en primera persona que no es otro que el escritor del supuesto manuscrito: Humbert Humbert (o H. H.). Su narración es subjetiva y nos ofrece, de un modo irónico y de primera mano, los tintes de su oscura y secreta obsesión, que llega a ser tan grande que centra casi la totalidad de sus pensamientos en las nínfulas y, por consiguiente, en Lolita. Su narración desborda lirismo en cada frase, en cada párrafo, en cada capítulo, más impactante que el anterior.

La historia principal de Lolita muestra una cronología lineal en la que, en ocasiones, se menciona el pasado (siempre centrado o enfocado hacia Lolita). No obstante, lo primero que encontramos en el prólogo de la obra (recordamos que fue escrito por el ficticio doctor en Filosofía John Ray) es que nuestro protagonista murió en la cárcel a causa de una trombosis coronaria. Nabokov quiso que supiéramos desde el principio que un canalla como Humbert Humbert tuvo su merecido y acabó muriendo entre rejas. Si es algo usual en ciertos momentos avanzados de muchas obras el castigo de los personajes que muestran actitudes que el lector puede considerar nefastas… Imaginaos el límite de inmoralidad y de locura que puede llegar a sobrepasar el profesor a lo largo de Lolita para que conozcamos su final antes y ésto nos ayude a suavizar sensaciones. Un recurso interesante también para que el lector esté pendiente de cómo vive el protagonista su obsesión y no de adónde le conducirá.

“Seva ascendes, pulsata, brulans, kitzelans, dementissima. Elevator clatterans, pausa, clatterans, populus in corridoro. Hanc nisi mors mihi adimet nemo! Juncea puellula, jo pensavo fondissime, nobserva nihil quidquam”

[“La savia ascendió, ardiente, vibrante, desesperada, demente. El ascensor resonó, hubo una pausa, volvió a resonar, pasó gente por el pasillo. ¡Solo la muerte la apartará de mí! La delgada niña, pensé, lleno de profundo cariño, no se da cuenta de nada”]

Nabokov alterna en su obra maestra la narración tradicional (inundada con la subjetividad de su ácido protagonista) con el diálogo. Cabe destacar que toda la novela parece el fluir de la conciencia del profesor de literatura, que bien narra cada instante, cada sensación enfocada, y lo compara o relaciona casi todo con su obsesión. Desde que Humbert Humbert conoce a Lolita hasta el final de la obra pasan cinco años. No obstante, debido al tinte subjetivo de la narración y a la densidad de los pensamientos del protagonista, su ritmo narrativo puede parecer lento, pero los ya mencionados recursos líricos lo agilizan.

Es evidente que el título de la obra, Lolita, da la función de centrar la importancia de la historia en Dolores Haze, el motivo de la perdición del profesor Humbert. Es a su vez un gran símbolo de hasta donde llegan los pensamientos y el carácter obsesivo del profesor: el manuscrito que narra toda la vida de un hombre puede llamarse, en primera opción, simplemente “Lolita“.

La obra sucede en varios lugares reales: el protagonista se muda, por ejemplo, de Francia a Estados Unidos. No obstante, también aparece un pueblo ficticio (que es el centro de la acción que marcará el punto de inflexión de la obra) ambientado en Nueva Inglaterra y llamado Ramsdale. El contexto que crea Nabokov con Lolita está cargado de perversión, de locura, de acidez y de agresividad. El fondo contextual de la novela muestra una sociedad estadounidense conformista, autocomplaciente y decadente. Es, en resumen, un ejemplo e incluso una visión adelantada a su tiempo de la horrible vida de suburbio y de la cultura del plástico y del motel propia de los Estados Unidos.

<<[…] Mientras nuestro siglo entra en sus años finales, la última carcajada puede ser la mejor de todas: la Gran Novela Americana fue escrita por un ruso>> (Alan Levy)

Nabokov supo crear un clima emocional dominado por las pasiones de un demente que problablemente basó en el secuestrador de mediana edad de Florence Sally Horner, una niña de 11 o 12 años (los datos son distintos según las fuentes) en 1948. Su idea principal parte de esta obsesión ya mencionada y se va diseminando, dando paso a temas secundarios que siempre se muestran como el trasfondo perfecto para la obra. Dichos temas están relacionados con la condición del profesor Humbert o bien con la sociedad que empieza a conocer a través de Lolita y son el erotismo, el romanticismo, la autocomplacencia social y personal, la relatividad moral y ciertos trastornos psicopatológicos de la conducta humana.

Hay múltiples personajes en la obra de Nabokov que merecen especial atención. Aunque el profesor Humbert y Lolita son el centro de toda la creación literaria, nos encontramos con personajes secundarios como Charlotte Haze, la madre de Lo, que sirve de hilo conductor entre el protagonista y su demente objetivo. Charlotte es también un símbolo de conformismo y desilusión.

Cabe destacar, además, que todos los personajes secundarios son introducidos y definidos por Humbert Humbert de un modo subjetivo y que esto hace que, de un modo muy sutil, sus ideas entren en la mente del lector influyendo, en parte, en su opinión por dichos personajes. Si, por ejemplo, el protagonista insiste en la simpleza y el poco interés que le despierta Charlotte, a la lectora o lector empezará a aburrirle Charlotte. No podemos evitar que las influencias de sus pensamientos más simples nos digan algo mientras, desde la distancia, rechazamos sus pensamientos más complejos y distanciados del comportamiento social aceptado.

La prosa de Nabokov es belleza en estado puro. Es directa y medida en cuanto a recursos líricos (como metáforas, analogías o aliteraciones) y tiene el punto justo de ironía para mantener la atención del lector hasta el final de la obra. Su vocabulario es un contraste entre la sutileza y la violencia empapada de lirismo; una genialidad estilística que cuenta, además con ciertas alusiones literarias tales como el personaje de Annabel, el primer amor de Humbert Humbert, cuyo nombre proviene del poema Annabel Lee de Edgar Allan Poe. La infancia de este personaje se encuentra, de hecho, definida con versos de esta obra lírica en el manuscrito del profesor Humbert.

“Hoy recuerdo sus rasgos con nitidez mucho menor que hace pocos años, antes de conocer a Lolita. Hay dos clases de memoria visual: mediante una de ellas recreamos diestramente una imagen en el laboratorio de nuestra mente con los ojos abiertos (y así veo a Annabel: en términos generales, tales como <<piel color de miel>>, <<brazos delgados>>, <<pelo castaño y corto>>, <<pestañas largas>>, <<boca grande, brillante>>); con la otra evocamos de manera instantánea, con los ojos cerrados, tras la oscura intimidad de los párpados, nuestro objetivo, réplica absoluta, desde un punto de vista óptico, de un rostro amado, un diminuto espectro que conserva sus colores naturales (y así veo a Lolita)”.

569a9d9c90f6cc242953ca92e6e375e2a670399e

Aunque la obra de Nabokov recibe el título de novela erótica y, en su día, fue hasta considerada pornográfica, es mucho más lo que la idea central de ésta describe. Muchos lectores tienen en mente que Nabokov puediera ser en su día un perturbado observador de nínfulas comos su protagonista Humbert Humbert debido a la “realidad” que aporta al retrato de éste. No obstante, él mismo dijo en el epílogo de Lolita: “Es muy cierto que mi novela contiene varias alusiones a las necesidades fisiológicas de un pervertido. Pero, después de todo, no somos niños, ni delincuentes juveniles analfabetos […]”. Con una mente un poco abierta y teniendo en cuenta la capacidad creativa de Nabokov no es disparatado pensar que pudiera inventar personajes tan verosímiles. ¿O es un escritor de novela negra necesariamente un asesino en serie? Por supuesto que no.

La obra carece de un valor ético o moral (exceptuando el evidente castigo que sabemos que el protagonista recibe, por el motivo que sea, en el prólogo de la novela), pero sí está llena de la cuestión constante de dichos valores e introduce modelos sociales tanto típicos (como la conformista viuda Dolores Haze) como extraños (Humbert es el ejemplo más claro). Nabokov logra todo esto con una exhibición de recursos estilísticos llenos de talento y de magia, construyendo una bella recreación de un mundo horrible, perverso y decadente. Un contraste puro y medido: una contraposición de estilo y temática que viaja en paralelo con la condición de un protagonista lleno de ganas y de pasión por lo que siente, pero exento de moralidad y de aceptabilidad social.

Lolita es, en definitiva, una obra maestra del siglo XX. Un clásico moderno sutil y bello por un lado y complejo y agresivo por el otro. Es distinta a todo lo que habrás leído y leerás y su excelencia merece convertirla en una obra imprescindible. Su lectura es densa, pero la precisión con la que su autor distribuye sus múltiples recursos literarios hará que quieras seguir leyendo. Hasta el final.

Odiarás a su protagonista, pero apreciarás su manuscrito. Lolita es una obra que te marcará de un modo especial. No obstante, no es apta para mentes cerradas, pues podrían malinterpretar el mensaje o la condición de Vladimir Nabokov, que, según él, “pertenece a esa clase de autores que al empezar a escribir un libro no tienen otro propósito que librarse de él”.

Valoración: Imprescindible

Adquiere aquí Lolita

1 thought on “Crítica a “Lolita”, de Vladimir Nabokov”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s