Imprescindible

Crítica a “Tomates verdes fritos”, de Fannie Flagg

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Ilustración de Gemma Martínez que recuerda al emblemático plato que da título al libro

Título: Fried Green Tomatoes at the Whistle Stop Cafe
Autor: Fannie Flagg
Género: Narrativa; ficción
Fecha de su composición: 1987
Edición: 2004
Editorial: RBA
Número de páginas: 403 aprox.

Cuando Idgie le sonrió y le ofreció la jarra de miel, todos los sentimientos que había tratado de sofocar la inundaron; y en aquel mismo instante supo que amaba a Idgie con todo su corazón

Su nombre original es Patricia Neal, y nació en septiembre del año 1944 en Birmingham (Alabama). Fannie Flagg es mundialmente conocida por ser la escritora firmante de la célebre y original obra Tomates verdes fritos, pero, además, como se puede entrever en el humor de sus letras, es actriz, comediante y guionista.

Las raíces del mundo del cine las bebió en su seno familiar, así que su vocación comenzó siendo ella muy joven. Precisamente, fue el hecho de que una actriz ganadora de un Oscar compartiera su nombre y apellido lo que la motivó a adquirir a Fannie Flagg como palabras que la definirían. Tras la muerte de sus padres, en el año 1980, se dedicó a la escritura a tiempo completo. Tal vez cómo manera de dar salida a una de las situaciones más crudas que tuvo que vivir, o al darse cuenta de la brevedad de la vida y la cantidad de sueños incumplidos. Como resultado de su evidente vocación artística, en 1981 se publica su primera novela Coming Attractions: Una novela maravillosa (reeditada con el nombre de Daisy Fay y el Hombre Milagro). Durante diez semana, encabezó la lista de los más vendidos.

Pero su obra más conocida, a temporal, brillante, que ha marcado todo un hito en la literatura, en el arte y el la humanidad, es la que nos ocupa esta crítica. Tomates verdes fritos en el Whistle Stop Café vio la luz, para nuestro privilegio, en 1987. Durante casi diez meses, se mantuvo entre los más vendidos en el New York Times. Para ilustrar el tremendo impacto que la historia de estos célebre tomates tuvo por aquel entonces, Harper Lee elogió con insistencia la novela.

En 1991 (un añito después de que una servidora abriera los ojos por primera vez), el guion original de Flagg se estrenaba en la gran pantalla. Los maravillosos personajes de Whistle Stop cobraban vida y Tomates verdes fritos conseguía el Oscar por el Mejor Guion Adaptado. 

Tal como puede entenderse al acercarse a sus historias, Fannie Flagg rebosa un espíritu vital radiante y un afán de superación único. En más de una ocasión, hizo referencia a su problema de dislexia, lo que le ocasionó graves prejuicios en su carrera. Fue ello, lo que mantuvo su carrera a la espera hasta la década de los 70, cuando la autora pudo superar su miedo y completar varias novelas y guiones inolvidables.

La novela de Tomates verdes fritos nos acerca la historia de dos mujeres formidables, Idgie y Ruth que semejan ser un antagonismo la una de la otra, pero con una inquietud común. Su historia nos llega de la mano de la tierna anciana Ninny Threadgoode, muchísimos años después. Ninny, que vive en una residencia para mayores, conoce a Evelyn Crouch cuando ésta acude a visitar a la tía de su marido. Durante las largas tardes de domingo, ambas mujeres se sientan a comer pastas y a charlar, reviviendo un pasado difícil, pero tibio, con un buen plato de tomates verdes fritos en el Whistle Stop.

– Fui a la peluquería a que me pusiesen guapa para el Domingo de Resurrección. ¿Te gusta?

Evelyn no sabía qué decir, porque era evidente que alguien le había teñido el pelo a Mrs. Threadgoode de un brillante color púrpura

9788490060360

Creo que la novela y la película de Tomates verdes fritos llegó a mi, tal y como lo hacen las cosas que son necesarias e imprescindibles. La primera vez que escuché ese nombre fue en una coctelería: “tu libro favorito, tu película favorita, tu plato favorito…¡y ahora tu cóctel favorito!”.  Poco se puede imaginar una, la primera vez que se topa con esas tres armónicas palabras, lo que se esconderás detrás. Mi libro favorito, el más trascendental y especial para mí, llegó a mis manos como un regalo en una fecha señalada de alguien imprescindible en mi vida. Puedo decir que todo lo que rodea a esta novela se convierte en una referencia que me gusta recordar, por eso la recomiendo con absoluta insistencia siempre que tengo ocasión. Porque sí, la película es bellísima. Pero las letras… las letras son algo supremo sin precedentes.

Tomates verdes fritos se trata de una obra narrativa con una estructura compleja y novedosa. En primer lugar, no existe un único narrador. Este es múltiple y, además, plagado de matices. Flagg se vale de una columna con tono desenfadado que se publica en el periódico local de Whistle Stop. “El seminario de Dot Weems” supone para el lector un respiro, en ocasiones adelanta algo que va a suceder, en otras ayuda a aclarar los sucesos del pueblo o, simplemente, resulta el contrapeso del drama y la tensión. Por otra parte, el narrador genérico de la novela es omnisciente en tercera persona, aunque el tono de éste varía según la época a la que se esté refiriendo (la juventud de Idgie y Ruth, su edad adulta, el presente de Ninny y Evelyn…). Gran parte de los hechos cobran mayor importancia a través de los diálogos. Algunos de ellos muy dinámicos, que llenarán hojas de personajes que cobran vida. Otro más enfocados al monólogo exterior: podemos imaginarnos a la tierna anciana Ninny relatando a la ama de casa come-chocolatinas todos aquellos años.

Esta complejidad se acentúa por el manejo del tiempo de Fannie Flagg en la obra. Compuesta por capítulos de extensión breve, los saltos temporales no se producen solo del presente al pasado en un punto concreto. Dentro del “pasado”, los bailes temporales son constantes. De hecho, la trama comienza en el futuro de ese pasado y, poco a poco, se nos van desvelando detalles de lo sucedido años atrás. Es casi como un juego, como una adivinanza… o una muestra de cómo los recuerdos divagan en la mente de una anciana octogenaria, cuyos recuerdos se encuentran dispersos y descolocados.

Idgie fue en el coche hasta la casa de Ruth, aparcó en la entrada y llamó con los nudillos. Ni la propia Idgie sabía que iba a presentarse allí

Tomates verdes fritos es el nombre del plato de Idgie en el Café de Whistle Stop, que regenta junto a Ruth. Entorno a ese plato delicioso, a las personas que divagan por el local y por el pueblo, nacerán historias, todas relacionadas entre sí. Detrás de este inocente e inofensivo título, se esconden una serie de tramas tan importantes como los matrimonios de conveniencia, la violencia de género, el racismo, el lesbianismo, el papel de la mujer y la superación personal.

Los dos puntos de la narración que señalaba tienen lugar con veinticinco años de diferencia. Entre los años 1920 y 1960, nos situamos en el pueblo de Whistle Stop, junto a la línea de ferrocarril, punto clave para la sociedad de Estados Unidos en el siglo XIX. Una pequeña y especial Idgie Threadgood conocerá a Ruth Jamison, mientras mantiene un noviazgo con el hermano mayor de Idgie. La trágica muerte del muchacho, en la emblemática vía del tren, hará que el mundo de Idgie y su cordura se pierdan por completo. Ruth es la elegida por la familia para que la salvaguarde durante los meses de un verano, pues la joven no consigue superarlo. En ese tiempo, se crea un vínculo muy fuerte entre ambas mujeres que se ve roto por la inexcusable obligación de Ruth de contraer matrimonio con Frank Bennett.

Pero la vida de Idgie y Ruth comienza a contarse en el preludio del final. Me refiero a que, ya desde que empezamos a leer (algo similar a lo que ocurre en Crónica de una muerte anunciada), sabemos que ambas mujeres criarán juntas al hijo de Ruth, con quien la irreverente Idgie mantendrá una relación muy especial. Este recurso no le resta, por supuesto, interés a la obra. A pesar de que conocemos este futuro, y que sabemos que, pese a las dificultades terminarán juntas, Tomates verdes fritos rompe el tópico literario de que la unión en pareja otorga el bienestar y la felicidad eterna. Los contratiempos siguen sucediendo, tal y como sigue la vida.

El segundo hilo argumental sucede entre los años 1985 y 1988. Evelyn Couch representa a una ama de casa cuarentona y frustrada, que es ignorada por su marido y se dedica a ganar kilos y a cuidar el hogar. Conocer a Ninny y, por lo tanto, la vida de Ruth e Idgie, supondrá para ella una brutal evolución de autoestima, renovando su carácter vital y modificando su anodina existencia desde los cimientos. Es, sin lugar a duda, un personaje que refleja la tendencia al feminismo, a buscar el papel de la mujer. Lo mismo que parecen reivindicar las gerentes de Café de Whistle Stop que, sin necesidad de ningún hombre, sacan adelante su negocio y al hijo de Ruth.

Por cierto: dice Idgie que una de sus gallinas ha puesto un huevo con un billete de diez dólares dentro

La comicidad es un toque importante, que recae en la personalidad de Ninny, en la de Evelyn (personaje cómico de por sí) y, por supuesto, en la inmejorable Idgie. Idgie, de hecho, es el núcleo vital de la novela. Es una mujer que rompe todos los moldes establecidos, dedicándose a jugar al póker o a beber en los clubes, rechazando la propuesta insistente de contraer matrimonio. Es, además, una luchadora por los derechos humanos, y comprometida con la protección y el apoyo a la raza negra. No podemos olvidar que, por aquel entonces, el Kukusklan se dedicaba a salir por las noches a atentar contra los derechos, libertades y vida de unas personas que consideraban inferiores a ellos.

El tema, ya mencionado, del lesbianismo no se expone como tal, pero no es necesario. Teniendo en cuenta la fecha de publicación, resulta una novela moderna y sin etiquetas, que es lo más sobresaliente de todo. Flagg no necesita escribir que Idgie y Ruth conviven como pareja, tampoco tiene que justificar nada. Solo sucede, como ocurriría con cualquier dúo de personajes. Además, el resto de personajes aceptan dicha relación sin ningún tipo de pega: nadie cuestiona nada, no supone un problema en el pueblo de Whistle Stop.

No resulta fácil definir qué obra literaria es tu favorita por encima del resto, pero cuando me hacen esa pregunta no dudo en referirme a esta, a pesar de mis amplios gustos literarios. Tomates verdes fritos es un libro que tiene todos los ingredientes para hacer la mejor ensalada que jamás te puedas comer. Reposa en sí misma un gran compromiso social, es tremendamente valiente, técnicamente compleja, narrativamente rica y literariamente hermosa.

Es curioso las cochas que una echa de menos cuando está lejos de casa. Yo, por ejemplo, echo de menos el olor a café… y al beicon mientras se fríe por las mañanas.

Unas letras radiantes e inolvidables que brillan por sí solas. Fannie Flagg ha creado un referente en la novela moderna muy difícil de superar. Su título sigue vendiéndose hoy en día, sigue enamorando corazones. Y el plato de tomates verdes de Idgie y Ruth no ha perdido sabor con el paso de los años.

Valoración: Imprescindible

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