Aprobado

Crítica a “Los últimos días de Pompeya”, de Bulwer-Lytton

pompeya

Objeto 1: Ilustración de Gemma Martínez. Es símbolo del trágico final de la obra

Título: Los últimos días de Pompeya (The Last Days of Pompeii)
Autor: Edward Bulwer-Lytton
Género: Historia clásica
Fecha de composición original: 1834
Edición: Edición especial de la colección Grandes genios de la literatura universal
Editorial: Club Internacional del Libro
Número de páginas: 200

“Cesó la tormenta, sucediéndola una calma extraña. La lluvia era ahora benéfico rocío; disipábanse las nubes, descubriendo la luna melancólica, que bañaba con sus reflejos opalinos la tétrica cueva; jamás, tal vez, su dulce claridad había iluminado un grupo más original y más digno de un pincel: […]”.

Edward George Earle Bulwer-Lytton –o primer barón Lytton– nació en Londres en 1803 y murió en Torquay (un pueblo de la costa sur de Inglaterra) en 1873. Con la prematura muerte de su padre y debido a su peculiar carácter que oscilaba entre el neurotismo y la delicadeza, Bulwer-Lytton fue enviado a distintos internados en los que no se adaptaría ni se sentiría aceptado.

Su carrera literaria nació en 1820, con sus primeros poemas. Bulwer-Lytton supuso un símbolo para la época victoriana debido a su fino estilo ornamentado y su exceso de adjetivos para embellecer la composición. Hoy en día, sus obras más sentimentales han perdido muchos lectores debido a que se consideran anacrónicas y arduas de leer, además de vacías en cuanto a contenido. El autor inglés cultivó géneros como la ficción histórica, el misterio, la novela romántica, el ocultismo o la ciencia-ficción.

En el año 1826 se licenció en Artes y, habiendo ganado el premio lírico llamado Chancellor’s Medal for English Verse, publicó un librito de poemas llamado Weeds and Wild Flowers (1825). Pasó de un modo muy breve por el ejército y, más tarde, se casó con Rosina Doyle Wheeler, a quien su madre nunca aceptó, cortándole a Lytton su asignación económica. En 1836 y tras una relación destructiva, Lytton y Rosina se separaron. Entonces ella decidió publicar obras escritas caricaturizando a su marido. Dichos ataques se prolongaron durante años.

H. P. Lovecraft, en su ensayo El horror sobrenatural en la literatura (1927), opinó sobre los relatos macabros de Lytton, explicando que <<pese a sus fuertes dosis de retórica y de hueco romanticismo, el éxito de sus escritos es innegable merced a su habilidad para tejer una cierta clase de singular encantamiento>>.

Los últimos días de Pompeya es una novela histórica ambientada en la antigüedad clásica que, como bien indica su sugestivo título, nos situará en una Pompeya que se encontraba en su máximo esplendor antes de que la inevitable catástrofe final le alcanzase. Para entender la novela y esta crítica, es necesario conocer un mínimo de la historia de Pompeya, la ciudad dorada a las orillas del Vesubio.

En el siglo XVIII, Carlos III se ayudó de Alcubierre y de la Vega –dos importantes personalidades españolas del momento– para iniciar la restauración tanto arqueológica como literaria de la antigua ciudad de Pompeya. La ciudad dorada fue derruída por su desdichada suerte en el año 79 después de Cristo tras sufrir un terremoto y, después, tras la violenta erupción del Vesubio. Debido a su trágico final, se convirtió en objeto de interés para los estudiosos y desde que Carlos III empezó sus excavaciones, sus misterios empezaron a salir a la luz.

“La humareda y la ceniza que en forma de nube envolvía a Pompeya y sus aledaños en una noche sombría, se había ido transformando en una masa sólida y profundamente oscura, iluminada de vez en cuando por la luz de los relámpagos, que brotaban cada vez más terribles de la montaña. A veces, ondulando como enormes y largos reptiles, los rayos envolvían en sus terroríficos repliegues la ciudad y sus cercanías; otras veces, estallando como formidables cohetes en la boca del crácter, encendiendo el espacio con resplandor de rojo sangre”.

Pompeya fue en su día una villa costera de gran influencia helénica, pues era próxima a dos grandes focos de cultura griega como fueron Sicilia y la Magna Grecia. La ciudad dorada hizo de puente entre la cultura clásica y fina de los helenos y las costumbres más sobrias y realistas de los habitantes del Lacio. Muchas de las construcciones que llenaban Pompeya son un claro ejemplo de la época de grandeza en que vivían muchos de sus ciudadanos en el momento de la desgracia.

De ella destacamos hoy tanto sus elementos arquitectónicos como urbanos, que bien Bulwer-Lytton nos acerca –eso sí, de un modo apasionado y, por tanto, subjetivo– en su novela. Entre las construcciones de carácter religioso que poseía la ciudad dorada se encuentran el famoso templo dedicado a Apolo, otro consagrado a Isis (ejemplo del culto a las divinidades orientales) y otro en honor a Júpiter.

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Objeto 2: Ejemplar de la edición comentada de Los últimos días de Pompeya

En conclusión, Bulwer-Lytton nos aproxima en su novela una visión apasionada de la ciudad dorada que le resta tanto detallismo como realismo a la definición histórica de Pompeya en su sentido más estricto. No obstante, su inspirado ambiente nos identifica, en parte, tanto el contexto histórico como el espacio en el que sucedió la tragedia.

Los últimos días de Pompeya llegó a mí como una incógnita dispuesta a resolverse a sí misma. Tanto mi curiosidad por la cultura clásica en general como mi descubrimiento de los hechos acontecidos en la ciudad dorada me hicieron buscar un modo de documentarme distinto al usual y, sabiendo de la existencia de la obra de Bulwer-Lytton, no pude evitar buscarla. Un día de invierno la encontré en uno de esos mercadillos de antigüedades que rara vez se ven y tardé muy poco en devorar su historia. Si bien la obra rezuma romanticismo y delicadeza a partes iguales, el estilo inconfundible de Bulwer-Lytton nos acerca la sociedad y los matices más sustanciales de la Antigua Roma en su época dorada.

Un narrador omnisciente nos presentará los hechos de un modo lineal y con sutiles anticipaciones (el título de la obra es ya en sí mismo la gran y evidente anticipación) que nos harán permanecer pendientes del trágico final que les espera a nuestros protagonistas y a toda la sociedad de Pompeya. El ritmo narrativo de Bulwer-Lytton se anticipa, en cierto modo, lento y pesado debido a las constantes ornamentaciones que visten la novela.

Si bien la obra está basada en un suceso de la historia clásica, sus temas secundarios presentan un clima emocional apasionado –como ya hemos mencionado y que detallaremos de forma mínima en la explicación de los personajes– que se relaciona, inevitable, con el tema principal: la destrucción repentina de una ciudad en su época de máximo esplendor. Los últimos días de Pompeya narra los últimos días de la vida de unos habitantes ficticios de Pompeya justo antes de la erupción pliniana del Vesubio en el año 79.

Cada personaje de la novela es un representante de la cultura antigua de Roma. Los más importantes muestran matices culturales muy distintivos y marcados, a la vez que son símbolos de la sociedad variopinta en la que residen. Glauco es el personaje principal de la historia y se define como la subordinación de la cultura griega frente a la romana. Arbaces es el antagonista de la obra y representa la antigua y conservadora cultura egipta. Estos dos enemigos se pelearán por una mujer (si bien el argumento peca de excesivo romanticismo es a su vez un tanto típico): Ione, que también representará la cultura griega subordinada a los romanos. También tenemos a Olinto, un personaje que representa la religión cristiana naciente (hecho de probabilidad elevada que Lytton intuyó, pero sin confirmación histórica) que es a su vez vista como algo prometedor pero criticado. Otro personaje interesante es la maga del Vesubio, que aunque no tiene poderes sobrenaturales, es una señal inequívoca de la pasión del autor inglés por el ocultismo, género en el que basaría parte de su obra. Todos los personajes suponen una combinación de matices muy interesante en la que podemos intuir la diversidad cultural que inundaba las calles de la Roma clásica en su época de esplendor.

“Porque Arbaces era de los que no compadecen la desgracia, pero admiran el valor. Nos vemos arrastrados hacia los otros por las secretas relaciones del alma. El héroe llora la adversidad del enemigo menos que la arrogancia con que la soporta”.

En conclusión, Los últimos días de Pompeya muestra la cultura de la Roma Clásica y como otras culturas como la griega –su predecesora– o la egipcia –su vecina– influyeron en su avance y en su historia. No obstante, el estilo romántico y ornamentado en exceso de Lytton puede hacer en ocasiones lenta la lectura, pero sus personajes llenos de matices y símbolos y, por encima de todo, la interesante historia que destaca en sus hojas, convierte la novela en un clásico digno de admirar. Si te interesa la cultura clásica y quieres conocer el trágico final que vivió la ciudad de Pompeya en una época de constante auge, debes leerla.

Valoración: Aprobado
Adquiere aquí Los últimos días de Pompeya

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