Excelente

Crítica a “El viejo y el mar”, de Hemingway

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Objeto 1. Ilustración de Gemma Martínez que representa el viaje de Santiago

Título: El viejo y el mar (The Old Man and the Sea)
Autor: Ernest Hemingway
Género: Novela de aventuras
Composición original: 1951 (Cuba)
Edición: Primera edición de julio de 2002 de la Colección Benteveo
Editorial: Sirpus
Número de páginas: 133

“<<Las manos curan rápidamente>> –pensó–. Las he desangrado, pero el agua salada las curará. El agua oscura del fiel golfo es la mejor cura que existe. Lo único que tengo que hacer es conservar la claridad mental. Las manos han hecho su faena y navegamos bien. Con su boca cerrada y su cola vertical navegamos como hermanos”.

Ernest Hemingway (1899-1961) fue un escritor estadounidense que nació en Oak Park, Illinois, el 21 de julio de 1899. Cuando acabó sus estudios empezó a trabajar como reportero en el Kansas City Star. Más tarde, durante la I Guerra Mundial, se unió de forma voluntaria a la Cruz Roja y regresó de Europa herido y con méritos reconocidos. Se reincorporó entonces a su primer trabajo de periodista y trabajó esta vez en el Toronto Star, periódico con el que viajó por primera vez a París. Allí conoció a Gertrude Stein y a la mayoría de los escritores que acabarían formando parte, junto al propio Hemingway, de la llamada generación perdida.

El escritor estadounidense mostró desde muy joven una gran afición tanto por las aventuras y los deportes como por la escritura. Practicó, entre otros, la pesca, la caza o el boxeo. Su espíritu aventurero y su carácter pasional le llevaron a viajar en múltiples ocasiones –por ejemplo a Francia, a España, a Italia, a África o a Norteamérica- e incluso residió fuera de Estados Unidos, atraído siempre por las actividades humanas del día a día que rompieran la monotonía y que fueran sinónimo de peligro o de muerte.

Casi la totalidad de su creación literaria recoge las experiencias personales -en clave metafórica o elevadas a un campo ficticio- que fue coleccionando en sus viajes y que adquirió también en conflictos como la guerra civil española o la II Guerra Mundial, en las que participó como corresponsal. Hemingway era amante de la fiesta de los toros, de los safaris y de la pesca. Su falta de tacto con la naturaleza se refleja en la crueldad de sus líneas y podemos observarlo en obras como El viejo y el mar, en las que la actividad de la pesca y la muerte de los peces, que son nuestros hermanos contrastan con los objetivos de sobrevivir del protagonista y de seguir siendo alguien que conserva su dignidad personal.

Hemingway nunca abandonó su afición por la pesca y definió su estilo como realista y crudo y que bien puede entenderse como periodístico. Todo su trabajo narrativo refleja su estilo de un modo fiel, en especial su obra maestra: El viejo y el mar, novela con la que recibió el premio Pulitzer de 1953. Escribió obras como Fiesta (1926), Adiós a las armas (1929), Tener y no tener (1937), Las nieves del Kilimanjaro o Por quién doblan las campanas (1940). En 1954 fue galardonado con el premio Nobel de literatura. Se suicidó el 2 de julio de 1961 en su casa de Ketchum, Idaho.

“En ese círculo pudo el viejo ver el ojo del pez y las dos rémoras grises que nadaban junto a él. A veces se adherían a él. A veces se alejaban. A veces nadaban tranquilamente a su sombra. Cada una tenía más de tres pies de largo, y cuando nadaban rápidamente meneaban todo el cuerpo como anguilas”.

La acción de El viejo y el mar se desarrolla en La Habana (Cuba) y tiene como protagonista (y único personaje principal) a Santiago, también conocido como el Viejo. Santiago es un pescador de edad avanzada que acumula 84 días sin pescar. El libro nos introduce su vida pobre y sencilla y nos explica como Manolín, un joven del lugar, le ayuda a sobrevivir y a sobrellevar su existir consiguiéndole comida, agua o periódicos. A pesar de que los padres de Manolín le habían prohibido salir a pescar con el Viejo debido a la mala racha que éste acumulaba, el chico sigue a su lado apoyándole y haciéndose cargo de quien le instruyó en el oficio de la pesca desde pequeño.

El centro de la historia encuentra su origen en la decisión de Santiago de salir al mar sin compañía una mañana. Por fin Santiago conseguirá que piquen su anzuelo: un enorme pez espada morderá su anzuelo y la batalla por capturarlo durará tres días, tiempo en el que el Viejo reflexionará sobre su vida, sobre su pasado y sobre su actualidad, así como sobre cuestiones existenciales que puedan inquietar la vida de cualquier pescador o incluso de cualquier persona, especialmente de aquellas que hayan dejado su gloria anclada en el pasado.

El viejo y el mar o, más concretamente, Ernest Hemingway llegó a mí después de leer los Nueve cuentos de David Salinger. Investigué entonces sobre Salinger y descubrí una relación maestro-alumno entre dos referentes literarios como lo son los dos autores estadounidenses. Los maestros del detallismo me cautivaron -cabe decir que lo hizo más el alumno- con su prosa sin igual y con sus estilos. En el caso de Hemingway, su estilo crudo me llamó la atención y en el caso de Salinger, su sutileza cargada de realismo y de detalles ocultos que definían todo un objetivo, toda una temática oculta en las grietas de sus historias me dejó sin aliento.

<<El pez golpeó el alambre varias veces. El pez golpeó más, y cada vez que sacudía la cabeza el viejo soltaba un poco más de sedal. Tengo que evitar que aumente su dolor -pensó-. El mío no importa Yo puedo controlarlo. Pero su dolor podría exasperarlo>>.

Un narrador omnisciente nos introduce la aventura de Santiago y la estructura de la obra es lineal, pero las reflexiones de Santiago sobre su pasado no nos dejan indiferentes y nos ayudan a sentir como los retazos de su memoria se van disparando, uno tras otro, pero siempre centrados en la suerte al pescar. Todo esto está acompañado de un ritmo narrativo medio, en el que tres días pasan casi sin darnos cuenta, convirtiéndose así la aventura del Viejo en un suspiro.

Ernest Hemingway definía el amor por los libros como un lugar al que se regresa una y otra vez para salir de sus páginas con la placentera sensación de haber visitado a un amigo cuya casa siempre tiene las puertas abiertas y una bota de Pamplona rebosante de vino, amistad y relatos. El viejo y el mar es un ejemplo de libro amado para mí, pues me ha hecho volver a navegar una y otra vez por sus páginas para entender la soledad de Santiago, me ha hecho comprender que la vida se alza gloriosa solo si luchamos hasta el final para cumplir nuestros objetivos. Y en esta empresa no importa la opinión de los demás.

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Objeto 2. Portada de la edición comentada de El viejo y el mar

El tema central de la obra es la soledad del pescador y, por qué no, del ser humano en general. La travesía del Viejo se encuentra llena de gloria y de peligros, pero también supone una satisfacción total si logra cumplirse y su sueño es pureza porque persigue un objetivo personal con el que no tendrá que rendir cuentas a nadie. Y, como escribió Luis Sepúlveda (autor de Un viejo que leía novelas de amor [1993] y de Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar [1996]): “Esa ilustre soledad lo hace universal, heredero de Prometeo y de Ícaro, y de Ulises y de don Quijote de la Mancha”.

Como fiel reflejo de su autor, el Viejo sabe perder y no se arrepiente de sus actos ni decide rendirse ante la adversidad. Santiago acepta la fatalidad que, repentina, le alcanza en su día a día. Un pescador canario amigo de Hemingway y llamado Gregorio Goyito Fuentes le sirvió de inspiración para crear al eterno personaje. En sus visitas al Caribe, el autor estadounidense permanecía horas con la vista perdida en la belleza del lugar, o palpaba la consistencia y olía el sebo antes de unirlo con el anzuelo. También, con riesgo de herir sus manos, sostenía el sedal atento a las vibraciones y tiradas de las criaturas marinas. Goyito, el pescador canario, le preguntó por qué hacía esto último y Hemingway le respondió: “¿Crees que en el golfo hay un pez para nosotros? No te hablo de cualquier pez. Te hablo de nuestro pez”.

El viejo y el mar supone una cadena de descubrimientos literarios para cualquier lector atento. Hemingway culmina su obra y demuestra su magia en su gran obra, y lo hace centrándola en un gran protagonista dotado de omnipresencia y realidad, así como de crudeza y de seriedad. Santiago es quien realmente nos cuenta su historia, su pasado, sus miedos y sus reflexiones sobre la vida. Hemingway logra darnos la sensación de que el escritor solo debe ser responsable de ordenar el relato, dándole a su protagonista plena voz y un carácter que casi podemos sentir llamándonos en nuestro interior.

“Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y éstos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos”.

Me alegra presentaros El viejo y el mar, un clásico como pocos y que se centra en la dignidad de un protagonista enorme en todos sus sentidos. Navegad por sus páginas… Y llegad vivos a puerto.

Valoración: Excelente
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