Bien, bien

Crítica a “El Tío Wiggily en Connecticut”, de Salinger

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Objeto 1. Ilustración por Gemma Martínez

Título: El Tío Wiggily en Connecticut (Título original: Uncle Wiggily in Connecticut)
Autor: J. D. Salinger
Género: Cuento
Fecha de publicación: 1953
Edición: Enero del 2011 de la traducción en catalán de Nine Stories (Nou contes o Nueve cuentos) por Quim Monzó
Editorial: Empúries
Número de páginas: 24 (La obra completa ocupa 268 páginas)

“Un cop —va dir— vaig caure. Tenia el costum d’esperar-lo a la parada de l’autobús, just davant de l’economat del regiment; un cop va arribar tard, just al moment que l’autobús arrencava. Vam començar a córrer per agafar-lo, i vaig caure i em vaig torçar el turmell. Em va dir: <<Pobre oncle Wiggily>>. I es referia al turmell. Pobre oncle Wiggily, li deia… Ai, Déu, era simpàtic”.

“Una vez —dijo— me caí. Tenía la costumbre de esperarlo en la parada del autobús, justo delante del economato del regimiento; una vez llegó tarde, justo en el momento en el que el autobús arrancaba. Empezamos a correr para cogerlo, y me caí y me torcí el tobillo. Me dijo: <<Pobre tío Wiggily>>. Y se refería al tobillo. Pobre tío Wiggily, le llamaba… Ay, Dios, era simpático”.

Jerome David Salinger (1919-2010) fue un escritor estadounidense que nació en Nueva York el 1 de enero de 1919. El pequeño Salinger no destacó por su brillantez académica y, ya a partir de su adolescencia, se dedicó a escribir relatos. Cuando creció, acudió a la academia militar Valley Forge de Pennsylvania. Tras pasar por varias universidades como Columbia, Ursinus y Nueva York sin conseguir brillar por sus notas, intervino en la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto bélico llegó a sargento e incluso participó en el desembarco de Normandía.

Al volver a casa tras la guerra, el autor estadounidense consiguió publicar algunos de sus relatos en la revista The New Yorker. Para Esmé, con amor y sordidez [1950] (For Esme, With Love and Squalor) se convirtió en su cuento más popular y en él depositó las traumáticas experiencias bélicas que experimentó. Su obra maestra llegaría un año más tarde: El Guardián entre el centeno [1951] (The Catcher in the Rye) es una crítica ácida y directa de la hipocresía que define a los adultos en su día a día. El protagonista es un joven rebelde y sarcástico llamado Holden Caulfield. También se conoce a Salinger por su recopilación de relatos, llamado Nueve cuentos (Nine Stories, [1953]).

Salinger es conocido por marcar de un modo profundo la literatura contemporánea, tanto la estadounidense como la internacional. Su estilo realista esconde un trasfondo contextual que define de un modo preciso, sobrio, minimalista y construído con meticulosidad y con esto consigue sugerir, pero no explicar los detalles de su obra. Introvertido, tímido y solitario, el autor estadounidense aseguraba que estaba en este mundo, pero que no era parte de él. Salinger falleció a los 91 años por causas naturales.

El Tío Wiggily en Connecticut (Uncle Wiggily in Connecticut) es un relato corto que aparece en su colección Nueve cuentos (Nine Stories). La publicación original del relato fue en 1948, en la revista The New Yorker. El origen del título aparece en la obra identificado con un recuerdo de Eloise, su protagonista, en el que menciona al tío Wiggily, un conejo que protagonizaba cuentos infantiles de la época.

En el principo del relato, dos mujeres de cierta edad se encuentran para conversar y para beber: Eloise, una ama de casa y Mary Jane, una trabajadora. Se conocen de su estancia en la universidad y les une el hecho de que ninguna de las dos consiguió terminar su carrera. A Mary Jane la expulsaron tras encontrarla en un ascensor con un soldado y Eloise prefirió casarse y abandonar sus estudios. El relato se centra en Eloise, una mujer alcohólica y absolutamente desencantada con su existencia. La protagonista ningunea a su marido, desprecia a su hija y es racista con su sirvienta negra. El patetismo que define a Eloise es la hélice central del cuento, y a través de ella se moverán todos los dramáticos subtemas que lo componen.

Eloise no ama a su marido, sino que vive día tras día acordándose de Walt —aunque no se lo menciona nunca a su marido— , un novio con el que tuvo una corta pero intensa relación y al que recuerda de un modo muy fuerte y constante por su simpatía y por las carcajadas que éste lograba arrancarle. Podría decirse que Eloise está en realidad enamorada del recuerdo de Walt, aunque éste muriera en el frente de guerra a causa de un accidente casi absurdo que sucedió fuera de combate.

“El seu regiment descansava no sé on. Era entre dues batalles o alguna cosa així, em va dir un amic seu que em va escriure. Walt y un altre noi estaven empacant un fogonet japonès. Hi havia un coronel que el volia enviar a casa. O potser l’estaven desempacant per tornar-lo a embolicar…, no ho sé del cert. Sigui com sigui, era tot ple de gasolina i porqueries d’aquestes, i els va esclatar a la cara. L’altre noi només va perdre un ull”.

“Su regimiento descansaba no sé dónde. Era entre dos batallas o algo así, me dijo un amigo suyo que me escribió. Walt y otro chico estaban empacando un hornillo japonés. Había un coronel que quería enviarlo a casa. O quizá lo estaban desempaquetando para volverlo a envolver…, no lo sé. Sea como sea, estaba todo lleno de gasolina y porquerías de esas, y les estalló en la cara. El otro chico solo perdió un ojo”.

Mary Jane es un personaje más equilibrado. Su presencia supone un contraste parcial y a la vez complementario de la figura de Eloise. El hecho de encontrarse sumergida en su carrera profesional parece dotarla de una vida más satisfactoria y así, aprovecha su visita a la casa de Eloise para despejarse y olvidarse del constante ajetreo.

Pero el auténtico contraste que se nos presenta en la obra es el de Eloise con su hija Ramona. Ramona es la hija pequeña de Eloise, una niña preescolar que es ejemplo de todo lo que su madre no es: es vital, enérgica e inocente. Recoge las cualidades típicas de una niña de su edad a pesar de vivir con una madre que, además de no prestarle la atención necesaria, la desprecia. La consecuencia del abandono sufrido por su madre, de la ausencia constante de su padre y de la falta de niños con los que jugar en su vecindario es que el personaje de Ramona gire en torno a su capacidad de crear un amigo imaginario llamado Jimmy J. o Jimmy Jimmereeno. Con él come, duerme, juega y expresa su soledad, que es casi total. La única persona con la que Ramona guarda un mínimo contacto es con Grace, la criada negra de la familia que lee La túnica sagrada [1942] (The Robe) y que podría ser quien alimenta la imaginación de la pequeña hija de Eloise.

Eloise, quizá por considerarse la única digna de vivir de su imaginación evocando a Walt, vive enfurismada con su hija por tener un compañero imaginario. Su exceso de fantasía la irrita, la pone nerviosa y la lleva incluso a gritar descontroladamente. Uno de los puntos críticos de la composición sucede cuando Jimmy J. es supuestamente atropellado por un coche y muere. Un rato después, la pequeña Ramona alza su rebeldía de nuevo y se inventa, casi de inmediato, a Mickey Mickeranno, otro amigo imaginario que la acompañará como ya lo hizo Jimmy J.

“Ramona dormia a l’altra banda, en un costat del llit, amb la natja dreta fora. […]
[…]
—Em pensava que m’havies dit que havien atropellat Jimmy Jimmereeno i que s’havia mort.
—Què?
—Ja m’has sentit —va dir Eloise—. Per què dorms tan al caire del llit?
[…]
—Perquè no vull fer mal a Mickey.
—A qui?
—A Mickey —va dir Ramona, fregant-se el nas—. Mickey Mickeranno.
Eloise va alçar la veu fins al xiscle”.

“Ramona dormía en el otro lado, en un lado de la cama, con la nalga derecha fuera. […]
[…]
—Creía que me habías dicho que habían atropellado a Jimmy Jimmereeno y que había muerto.
—¿Qué?
—Ya me has oído —dijo Eloise—. ¿Por qué duermes tan al límite de la cama?
[…]
—Porque no quiero hacerle daño a Mickey.
—¿A quién?
—A Mickey —dijo Ramona, tocándose la nariz—. Mickey Mickeranno.
Eloise alzó la voz hasta el chillido”.

Es así como dos personajes tan opuestos como lo son Eloise y su pequeña hija, coinciden en su forma de evadirse de la realidad: evocando un personaje que solo existe en su interior. En el caso de Ramona, los Jimmy J. o los Mickey M. intentan compensar la soledad que la acompaña y, en el caso de Eloise, el recuerdo recurrente del fallecido Walt pretende compensar las carencias de su vida falta de esperanzas y de ilusión.

En el final del relato podemos observar a una Eloise borracha, decadente y cubierta de lágrimas. El desprecio, casi odio que profesa hacia su hija se refleja en el pequeño detalle de como deja sus gafas en la mesita de noche: boca abajo. Una imagen patética de un personaje que no ha logrado aceptar su vida o vivir sin su pasado. Walt, el tío Wiggily particular de Eloise no la salvó de la decadencia. Las cuestiones al concluir la obra son claras: ¿será Ramona capaz de sobreponerse a los fantasmas de su madre y superar una vida que ella no pudo ni aceptar? ¿Ignorará lo que ha vivido y empezará una vida superándose o, por el contrario, se adaptará a lo que ha vivido y morirá en la conformidad de una vida banal y perezosa?

“—Pobre oncle Wiggily —deia, un cop i un altre. Finalment va tornar a deixar les ulleres sobre la tauleta de nit, amb els vidres de cara avall”.

“—Pobre tío Wiggily —decía, una y otra vez. Finalmente volvió a dejar las gafas sobre la mesita de noche, con los cristales boca abajo”.

My Foolish Heart es una película de 1949 inspirada en esta historia y, a día de hoy, sigue siendo la única adaptación autorizada de los escritos de Salinger en el cine. No obstante, más allá de su base, la película se parece poco al relato original.

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Objeto 2. Portada de la edición comentada de Nou contes

Los Nueve cuentos de Salinger llegaron a mí como lectura obligatoria de la asignatura Literatura comparada. Tras leerlos una vez y estudiarlos, yo mismo los convertí en lectura obligatoria y los volví a leer. La idea de acercaros la obra completa era algo inaceptable, porque prefiero ir introduciendo poco a poco sus contenidos, pues cada uno merece la pena de un modo distinto y particular. Si os deleita la capacidad de introducir ideas en detalles, de plasmar emociones entre líneas y os fascinan los relatos que, más allá de los clásicos, han definido la literatura contemporánea tal y como la conocemos, Salinger no os dejará indiferente.

Valoración: Bien, bien
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