Excelente

Crítica a “Madame Bovary”, de Flaubert

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Objeto 1. Ilustración de Gemma Martínez que compara a Emma Bovary con cierto hidalgo

Título: Madame Bovary
Autor: Gustave Flaubert
Género: Realismo
Fecha de su composición: abril de 1857
Edición: Edición especial de la colección Grandes genios de la literatura universal
Editorial: Club Internacional del Libro
Número de páginas: 351

“Madame Bovary había abierto la ventana que daba al jardín y miraba las nubes. Se amontonaban al poniente por el lado de Rouen rodando precipitadamente sus volutas negras, tras las cuales sobresalían las grandes líneas del sol como las flechas del oro suspendido, mientras que el resto del cielo, vacío, tenía la blancura de la porcelana”.

Gustave Flaubert fue un escritor francés que nació el 12 de diciembre de 1821 en Ruan, Alta Normandía y que murió el 8 de mayo de 1880 en Croisset, Baja Normandía. El autor galo es considerado uno de los mejores escritores occidentales, todo un gran maestro de las artes literarias y un ejemplo de pulcritud estilística. Su producción destaca tanto por su obra maestra -que no es otra que la novela que nos ocupa, Madame Bovary-, como por su actitud perfeccionista en la incesante búsqueda de le mot juste o “la palabra exacta”.

El escritor francés se basó en su padre, Achille Cléophas, el cirujano jefe del Hospital de Ruan, para crear al doctor Lariviēre en Madame Bovary. Su madre, Anne Justine, estaba emparentada con algunas de las familias más antiguas de Normandía.

Flaubert entró en el Colegio Real de Ruan en 1832 sin demasiado entusiasmo. Sus profesores y personalidades académicas cercanas le consideraron un irresponsable, aun iniciándose en la literatura con solo once años de edad. En el verano de 1836 conoció a Élisa Schlésinger en Trouville, y este hecho fue algo que le marcó y que reflejó posteriormente en su novela titulada La educación sentimental.

Más tarde, en 1839, consiguió licenciarse, superando un año más tarde el examen de bachillerato. Resultó tras eso descartado para el servicio militar e inició sus estudios de Derecho en París, de nuevo, sin demasiadas ganas. A finales de 1840 conoció a Víctor Hugo y ambos hicieron eco de su entusiasmo juvenil y de sus ideales viajando por los Pirineos y por Córcega.

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Objeto 2. Imagen de la versión comentada de Madame Bovary

Flaubert dejó en 1844 los estudios de Derecho para reponerse de su epilepsia, mal que siempre había querido ocultar, y se instaló en Croisset, cerca de Ruan, hasta el fin de sus días. El autor galo detestaba la ciudad y amaba el campo, y en Croisset halló la paz interior en su tranquilo hogar a las orillas del Sena.

En el año 1846, su padre y su hermana murieron, siendo víctima ambos de una enfermedad. Entonces, Flaubert se hizo cargo de su sobrina y empezó una turbulenta relación con la poetisa Louise Colet que duró diez años, siendo esta la única historia sentimental que se conoce del autor. La correspondencia que mantuvieron ambos es hoy un material de gran valor literario.

“La luna, completamente redonda y de color de púrpura, se alzaba a raíz de tierra en el fondo de la pradera; subía deprisa entre las ramas de los álamos, que la ocultaban de trecho en trecho como una cortina negra agujereada […]”.

1857. Flaubert termina la que sería considerada su obra maestra, Madame Bovary. En ella, Emma Rouault, personaje de sentir novelesco y de vivir insatisfecho, se casa con el médico Charles Bovary para escapar de la vida en el campo. La inteligencia limitada y la sensibilidad vulgar del doctor de Tostes, recalcadas ambas minuciosamente durante la novela, hacen hincapié en Emma, que se ve hundida junto a su matrimonio mientras su marido vive una mentira. Así, empujados por la preocupación de Charles por la salud de su esposa, los protagonistas deciden cambiar de clima y se establecen en Yonville.

Ese cambio en el desarrollo de la novela supone un punto clave en la historia: a partir de ahí y tras un baile en casa de unos marqueses, Emma fantaseará con la realidad de forma más honda y se establecerá a sí misma unos patrones para lograr su idealizada felicidad, que solo encuentra, sin llegar a sentir, en las novelas que lee (¿no os recuerda este fantasear a cierto hidalgo?).

“Tantas veces le había oído decir estas cosas, que no tenían ninguna novedad para él. Emma se parecía a las amantes; y el encanto de la novedad, cayendo poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje”.

Pero tras su trama con líos de faldas, con ansia amorosa y con pájaros rondando por las cabezas de sus personajes, Madame Bovary es una gran representación del realismo de forma cuidada, precisa y sobria. Flaubert traspasa la superficie de todos y cada uno de sus personajes, dejando claro que, por muy secundarios que sean, todos mostrarán matices diferenciados. Y así, Emma es su mayor creación: supone la observación de un alma (la obra está basada en un hecho real) caracterizada por el tono trágico que marcan las múltiples historias que ha leído y que inundan poco a poco su imaginación, cada vez de forma más contundente.

“Aquel hombre con tanta práctica no distinguía la diferencia de los sentimientos bajo la igualdad de las expresiones. Porque labios libertinos o venales le habían murmurado frases semejantes, no creía sino débilmente en el candor de las mismas; había que rebajar, pensaba él, los discursos exagerados que ocultan afectos mediocres; como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas.”

Madame Bovary deja un mensaje claro: la gravedad del romanticismo extremo y sus consecuencias trasladadas a un personaje que transmite la sensación de ser de carne y hueso. Flaubert se convirtió con esta obra en uno de los jefes de la escuela realista y, con su detallismo paciente, dejó claro uno de sus derechos como escritor: no atenuar la verdad.

Debéis leerla si buscáis una obra que radica su excelencia en sus detalles. Más allá de su temática más que verosímil, sus personajes marcan su estilo y lo inundan con cada acción, con cada detalle, con cada característica que los define.

Valoración: Excelente
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