No valorado

Crítica a “Como las hojas en otoño”, de Abenaura González

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Título: Como las hojas en otoño
Autor: Abenaura González Melián
Género: Romántico – Adolescente
Fecha de su composición: Febrero 2016
Edición: 1ª – Digital
Editorial: Círculo Rojo
Número de páginas: 310

Pulsa play y empieza la película. No sé cómo se llama, pero no me importaba…

Me importaba lo que podía pasar esa noche. Estaba al lado del chico que amaba más que a mi mundo… Solos, en una casa a oscuras, solo podíamos ver el reflejo de la luna rompiendo contra las ventanas.

Abenaura González nace en Gran Canaria en 1998, lo que la convierte en una autora novel insólitamente joven para iniciar su carrera literaria. Se declara orgullosa de vivir y disfrutar de los placeres de la isla y muestra una gran resolución por compartir con sus lectores su pasión por la escritura.

El motivo que impulsó, desde una edad tan temprana, el empuñar la pluma fue el fallecimiento de su abuela. En el papel buscó el consuelo al vacío que el gran pilar de su familia dejó al irse. Las páginas que forman la novela que atañe esta crítica han supuesto para Abenaura un escudo a este suceso tan trascendental en su vida.

Siendo la menor de tres hermanas, ha enfocado sus miras siempre al camino de las letras. Aun así, posiblemente su estudios se centren en la carrera de Asistencia Social, por su afán de contribuir a la mejora ciudadana. No descarta, de todas formas, iniciarse en la Escuela de Actores, dado que la interpretación siempre ha sido una espina clavada en su desarrollada vena artística.

Me encontraba en casa almorzando. El teléfono suena, era Jessy. Mierda. No llegué a tiempo. Suena el buzón. <<Daisy, mmm… Espero que estés bien, que hoy te llamé por la mañana y nada, no me lo cogiste. ¿Estás bien? no sé, no das señales de vida. ¿Qué pasó ayer? Llámame. Pasó algo que debo contarte>>.

La trama se centra en Daisy, que bien puede ser una adolescente con la que cualquier joven se sentirá identificada. La protagonista es una estudiante de bachillerato que está muy decidida a perseguir sus sueños. Será el amor el que, sin piedad, divide su corazón en dos mitades, y eso hará que la madurez sea algo a lo que aferrarse mientras lleva a cabo el doloroso y fascinante crecimiento personal.

La novela Como las hojas en otoño llegó a mi tras recibir un emotivo correo electrónico de Abenaura. Lo que me llevó a aceptar la lectura de su ejemplar fue la pasión que sin lugar a dudas esta joven canaria mostraba hacia su trabajo. Y, además, ¡con tan solo dieciocho años! La presentación de la obra, su elocuencia, los tintes profesionales que denotaba, no me dejaron otra opción que responder afirmativamente. Quería darle una oportunidad, como me hubiera gustado que me la hubiesen dado a mi en su misma situación. Además, creo que se lo merecía.

Rebusqué y rebusqué sin encontrarla. Hasta que, al abrir el ropero y mirar detenidamente, su maleta de viaje no estaba. Y encima de la mesilla de noche, había una carta. ¿Daisy se había ido? ¿En serio?

Llegados a este punto, he de sincerarme. No me veo en la disposición de realizar una crítica al uso de la novela, así que me limitaré a exponer las razones por las que este título no contará con una valoración de ningún tipo por mi parte: ni negativa ni positiva, a excepción de lo mencionado anteriormente.

Nos encontramos ante lo que bien puede ser un diario de los fantasmas de una adolescente, pura y llanamente. El caos de la edad del pavo, donde la amistad y el amor tienen una dimensión tan irreal como contaminante. Más que a Daisy, da la impresión de que entre las páginas que forman esta composición, encontramos los entresijos de un alma que la autora desnuda. Es una radiografía de lo que es la rutina, tan profunda, de una estudiante de bachillerato, como tantas otras, con un gran sentido de la amistad y una idealización absoluta del amor.

Erick arrastra mi cuerpo hacia él y me agarra fuertemente la casa con sus dos manos grandes, su mirada tensa y directa está cada vez más cerca de la mía, su nariz no choca con la mía, su cara está ladeada. Pero siento su gran aliento chocar con los orificios de mi nariz.

El principal motivo por el que no voy juzgar dicha obra va más allá del género o de la calidad. Se trata de la juventud innegable de la escritora. Hay alma en sus palabras, hay verdad, y hay personajes que con un poco de madurez y de trabajo llegarán a traspasar las páginas. Sin embargo, por el momento, es necesario un reposo de las musas. Es necesario el conocimiento y el sosiego que otorga el paso del tiempo, la lectura insaciable de todos los libros que pueda y el interiorizar este aprendizaje.

Hay madera e intención. Y, sobre todo, hay un amor fuerte por las letras. Eso es de vital importancia. Estoy completamente segura de que, en un número no demasiado elevado de años, podremos leer una obra firmada por Abenaura González que la haga brillar con luz propia.

Y sí, al final uno acaba entiendiendo que esperar a alguien es como callarse.

Valoración: No valorado

Adquiere Como las hojas en otoño aquí

 

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