Imprescindible

Crítica a “1984” de George Orwell

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Título: 1984
Autor: George Orwell
Género: Ciencia Ficción – Distopía
Fecha de su composición: 1949
Edición: Digital
Editorial: Debolsillo
Número de páginas: 352

Entonces, desapareció a su vez la monumental cara del Gran Hermano y en su lugar aparecieron los tres slogans del Partido en grandes letras:

LA GUERRA ES LA PAZ

LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD

LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

George Orwell, el psudónimo de Eric Arthr Blair (1903-1950) es uno de los ensayistas más destacados del s.XX. También fue periodista, cronista, crítico literario y, por supuesto, novelista.

Su obra está fuertemente marcada por sus experiencias personales que suelen dividirse en tres etapas: su oposición al imperialismo británico, su compromiso con la justicia social y su condena firme a los totalitarismos nazi y estalinista, tras su participación en la Guerra Civil Española.

El conocido adjetivo orwelliano viene dado precisamente por sus dos reconocidísimas novelas críticas Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949). Ambas obras esconden el espíritu de dura crítica a los regímenes dictatoriales. Mientras la primera se basa en una fábula protagonizada por animales, 1984 se trata de un futuro hipotético más ambicioso y desarrollado, creando el concepto del <<Gran Hermano>>. El proceso de creación de esta obra transcurrió mientras estaba enfermo de tuberculosis, dolencia por la que fallecía meses después de su publicación.

El estilo de Orwell bebe, según el mismo reconoció en diferentes publicaciones, de Somerset Maugham, Jack London, Charles Dickens, Herman Melville y Jonatham Swift.

Las grandes “purgas” que afectaban a millares de personas, con procesos públicos de traidores y criminales del pensamiento que confesaban abyectamente sus crímenes para ser luego ejecutados, constituían espectáculos especiales que se daban solo una vez cada dos años

Winston Smith es un ciudadano corriente que trabaja en el Ministerio de la Verdad. Su función es reescribir la historia para adaptarla a lo que el Partido considera la versión oficial de los hechos. Su rutina avanza totalmente sometida a la vigilancia omnipresente del Gran Hermano (inclusive en la intimidad de los hogares), mientas comienza a vivir una especie de despertar de su conciencia, que lo llevará a malpensar y a replantearse ciertas verdades tan asumidas y nunca cuestionadas.

Me declaro muy interesada en las obras que reflejan este tipo de distopías sociales que, a la vez, pueden significar una predicción del futuro hacia el que caminamos. Aunque posiblemente no podamos darnos cuenta de ello. No sé la razón por la que demoré tanto la lectura de esta brillante novela plagada de una cruda crítica social hacia dos extremos que llegan a juntarse, pero me llevó a comenzarla el hecho de recibir la trilogía de Murakami 1Q84.

—La destrucción de las palabras es algo de gran hermosura. Por supuesto, las principales víctimas son los verbos y los adjetivos, pero también hay centenares de nombres de los que puede uno prescindir. No se trata solo de los sinónimos. También los antónimos. En realidad, ¿qué justificación tiene el empleo de una palabra solo porque sea lo contrario de otra?

La historia se narra en tercera persona, desde el punto de vista de Winston, a través del cuál viviremos prácticamente todos los puntos de la novela. Pero llamarle protagonista, tal vez, sería un eufemismo. El protagonismo reacae en el Partido y en el Gran Hermano, que marcan su existencia, su rutina y su pensamiento. Esta intromesión hasta en la más absoluta intimidad se expresa de manera muy poderosa, con mucha habilidad. No es necesario ceder ante largos párrafos explicativos plagados de teorías (como sí puede ocurrir, por ejemplo, cuando leemos a Ayn Rand). Orwell opta por introducir estas verdades (y mentiras) de manera suave, casi decorada.

1984, cifra que da título a la obra, responde al año en cuestión al que se refieren los hechos. Estamos en Londres, una ciudad lúgubre controlada por la Policía del Pensamiento. Al arrancar la trama se centra en la fría y aburrida rutina del peón Winston, que trabaja directamente para el Partido. Tiene problemas de varices, un físico poco favorable, bebe ginebra, viste su eterno mono de trabajo y prefiere no hablar demasiado. Su mujer ha desaparecido, volatizado, resulta difícil considerarlo. En ocasiones, esta normalidad se ve rota por los pensamientos que acuden a su mente, principalmente relacionados con el pasado y la historia, esa que se dedica a modificar a cada día.

El acto sexual, bien realizado, era una rebeldía. El deseo era un crimental. Si hubiera conseguido despertar los sentidos de Katherine, eso habría equivalido a una seducción aunque se trataba de su mujer.

Su despertar, su pelea, se desata cuando comienza a escribir un diario personal, algo de dudosa moralidad y que deja claro al lector que nada es tan normal como lo pintan. El simple gesto de garabatear impresiones y racionamientos que ponen en entredicho al Partido y al sistema social, se considera traición, por lo que corre un alto riesgo.

Pero su rebeldía no ha hecho más que comenzar. Una camarada que también trabaja en el partido, Julia, le entregará un papel con las palabras Te quiero impresas en él. El adulterio, entre otras muchas cosas, se considera prohibido y es condenado. Pero, aun a pesar del riesgo asumido, Winston y la joven comienzan un romance clandestino que recuerda en pocos aspectos a la conciencia de amor. Digamos que su relación nace de forma repentina y avanza de manera autómata, es extraña, tal vez de forma intencionada. O no. Sea como fuere, no se trata de un punto fuerte de la novela, ni siquiera el personaje de Julia llega a tener una fuerza extraordinaria.

A Winston le sorprendía que lo más característico de la vida moderna no fuera su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.

Dejando a un lado estos matices, lo importante es que su relación los lleva a querer afiliarse a la llamada Hermandad, una supuesta resistencia dirigida por Emmanel Goldstein (al que podemos definir como el alter ego del Gran Hermano, incluidos sus puntos negativos). En manos de Winston cae El Libro de Goldstein, que analiza de manera pormenorizada en qué se basa la dominación del Partido.

Es interesante todo el planteamiento social, casi ridículo, esperpéntico, que hace Orwell. En análisis de los diferentes Ministerios que, con mucha ironía, su nombre hace alusión precisamente a lo que condenan: el Ministerio del Amor, por ejemplo, condena el adulterio o las relaciones sexuales; el Ministerio de la Paz se encarga de la guerra.

No había durado aquello más de diez segundos y, sin embargo, parecía que sus manos habían estado unidas durante una eternidad. Por lo menos, tuvo Winston tiempo sobrado para aprenderse de memoria todos los detalles de aquella mano de mujer. Exploró sus largos dedos, sus uñas bien formadas, la palma endurecida por el trabajo con varios callos y la suavidad de la carne junto a la muñeca

Otro concepto muy interesante es la llamada neolenguaen la que se ahonda bastante a lo largo de la obra. Se trataría de un nuevo lenguaje implantado por el Partido, que buscaría simplificar al máximo el vocabulario y sus expresiones, lo que terminaría por ir reduciendo la facultad del pensamiento y de la razón del individuo. No deja de recordar a la gran pérdida de palabras que, año tras año, nuestra propia lengua castellana pierde a pasos agigantados.

“Dentro de ti no pueden entrar nunca”, le había dicho Julia. Pues, sí, podían penetrar en uno.

¿Qué más puedo decir? 1984 es algo demasiado grande como para poder condensarlo en una humilde crítica literaria. Fascinante, duro y realista el futuro que plantea Orwell en esta obra, de lectura estudio fundamental por todo aquel que se considere una persona social. Ayuda a tomar conciencias, a replantearse la sociedad a la que estamos sometidos y a ser consciente del valor de la libertad de individuo y pensamiento.

Un apunte, por cierto, para los más abrumados: su lectura es muy amena y sencilla de seguir.

La guerra era una garantía de cordura

Valoración: Imprescindible

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