Excelente

Crítica a “Primera memoria” de Ana María Matute

9788423343591

Título: Primera memoria
Autor: Ana María Matute
Género: Narrativa
Fecha de su composición: 1959
Edición: 2010
Editorial: Destino
Número de páginas: 240

Estoy ahora, delante de este vaso tan verde, y el corazón pesándome. ¿Será verdad que la vida arranca de escenas como aquella? ¿Será verdad que de niños vivimos la vida entera, de un sorbo, para repetirnos después estúpidamente, ciegamente, sin sentido alguno?

Ana María Matute nació en Barcelona en julio de 1925, falleciendo en esa misma ciudad en junio de 2014. Miembro de la Real Academia Española, fue una de las voces más personales de la literatura española del siglo XX.

Creció en el seno de una familia acomodada (su padre poseía una fábrica de paraguas). La segunda de cinco hermanos, Matute denunció la falta de cariño materno que, de alguna forma, creó un vínculo más intenso con su padre. Una grave infección de riñón con tan solo 4 años hizo peligrar su vida. Es justo tras esta enfermedad, cuando escribió su primer cuento ilustrado por ella misma. A los 8, volvió a caer enferma y fue enviada a Logroño con sus abuelos. Durante su niñez y adolescencia también vivió en Castilla, Mallorca y Madrid, donde estudió en un colegio religioso. También realizó diversos viajes a Berlín y a Londres con su padre, quien le contaba historias fantástica . Por cierto, de uno de estos viajes le trae a Gorogó, muñeco negro que tiene especial simbolismo en Primera memoria. 

Mostrando siempre este espíritu precoz, con 10 años ya escribía en la revista Shibyl. Su primera novela, Pequeño teatro, la escribió a los 17, aunque no vería la luz hasta varios años después. En 1952 contrae matrimonio con Eugenio de Goicoechea (se separarán en 1963), con quien tendrá un hijo, Juan Pablo.

Su infancia y adolescencia se ve marcada por el estallido de la Guerra Civil y una larguísima posguerra que impregnará el espíritu de sus letras. Su creación literaria es abundante, reconocida y plagada de premios: Luciérnagas (1949) fue semifinalista en el Premio Nadal (la censura impidió su publicación, se publicaría en 1955 con el título En esta tierra. En 1993 recuperará la versión original), con Fiesta al Noroeste obtuvo el Premio Café Gijón 1953, Pequeño teatro ganó el Premio Planeta 1954, le fue otorgado el Premio de la Crítica 1958 y el Premio Nacional de Literatura 1959 por Los hijos muertos… entre muchos otrosLa novela que ocupa esta crítica fue galardonada con el Premio Nadal 1959.

Estuvo nominada para el premio Nobel de literatura. En 2007 recibe el prestigioso Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura y en 2010 se convierte en la tercera mujer en obtener el Premio Cervantes otorgado por el Ministerio de Cultura de España.

La universidad de Boston tiene en su biblioteca un fondo llamado Ana María Matute Collection. Sus libros han sido traducidos a 23 idiomas. Es considerada, por muchos, la mejor novelista de la posguerra.

Me molestaba que alguien me viera dormir, como si fuera a descubrir mis sueños estando prendida en ellos, tan terriblemente indefensa. Me irritó oírle decir:

—No te pareces a tu madre, pero cuando duermes sí. Cuando duermes, Matía, creo estar viéndola.

Primera Memoria es una obra con un fuerte contenido autobiográfico y personal. La historia se centra en el personaje de Matia y su paso de la niñez a la adolescencia, acompañada de su peculiar primo Borja. Ambos viven en la casa de su abuela, alejados de los horrores de la guerra. Tiene vital importancia la visión de la vida que ofrece la niña, su doloroso crecimiento personal y el alma que transmite. Es en esta figura donde recae el peso de la hermosura narrativa de la novela, siendo los hechos en sí algo secundario. Matia descubrirá muchas cosas sobre la oscura vida de las personas mayores.

Y después de esta introducción a una de las grandes voces femeninas de nuestra literatura, me encuentro yo en la incómoda tesitura de realizar una crítica de esta hermosa composición narrativa, intensa, poderosa, inolvidable. Matute es un nombre pendiente desde hacía demasiado tiempo en mi lista de lecturas, pero me decidí a comenzarla cuando una lectora me lo recomendó insistentemente, alegando que se acercaba al estilo de novelas con las que me identificaba. No podía ser más acertada esta definición, desde luego.

Nos encontramos ante una obra formalmente compleja, plagada de poesía, de simbolismo onírico y de un sinfín de pensamientos de Matia, a caballo entre la niñez y la adolescencia. La situación de la niña es particular, como también lo es su actitud ante la misma: sin madre, con su padre desaparecido en la guerra, se agarra a una realidad extraña que no siempre termina de comprender del todo. Los días avanzan con escasas obligaciones y mucho tiempo ocioso junto con su primo Borja. Poco a poco, la inocencia irá resquebrajándose como un cristal roto hasta (casi) hacerse añicos. La evolución de este personaje es, simplemente, fascinante.

“No soy una mujer. Oh, no, no soy una mujer”, y sentí como si un peso se me quitara de encima, pero me temblaban las rodillas.

Sus partes más poéticas no dejan de recordar al estilo tan personal de Virginia Woolf, este tipo de literatura que es para leer de manera pausada y despacio, que desprenden talento y armonía por doquier. Nace, de esa forma, una de las experiencias con el arte más plenas que el lector más exigente puede vivir. Una vida, toda una vida, condensada en un puñado de páginas a rebosar de terrible belleza.

Nos encontramos ante lo que puede ser una especie de análisis de los recuerdos más tiernos de nuestra existencia (la niñez, nuestra Primera memoria), centrándose en una de las edades más crudas y difíciles de la vida. Como mencionaba, se refleja con evidencia el contenido autobiográfico: vemos reflejada aquella estancia en Logroño con sus abuelos de la autora, en la nueva vida de Matia junto a su abuela.

Además, nunca esperé nada de mi abuela: soporté su trato helado, sus frases hechas, sus oraciones a un Dios de su exclusiva invención y pertenencia, y alguna caricia indiferente, como indiferentes también fueron sus castigos

Esta abuela que se presenta como un personaje frío, muy huraño, pero que se preocupa de sus nietos a su modo. La niña no parece sentir un cariño muy intenso por esta figura que se presenta, más bien, como un incordio que coacciona sus ansias casi salvajes de libertad. Borja, más astuto, manipula con bastante agilidad a la anciana. El primo de la muchacha es a ratos coprotagonista y, en otros, se convierte en un auténtico rival para ella. Se trata de un personaje muy complejo de definir, cuyo rol va variando a medida que van avanzando las páginas. Otros personajes a destacar son El Chino y su madre, que ayudan a la abuela de los niños y a la tía Emilia con la educación de Matia y Borja y las tareas del hogar. Los amigos de Borja, que representan esa pandilla formada en la calle durante la niñez. Y Manuel, el primer amor de la muchacha, cuando ni siquiera sabe el significado de tal palabra.

La isla en la que viven supone un aislamiento casi absoluto de la guerra, de la cuales tienen noticias por ecos que no quieren comprender. Matia y Borja disfrutan saliento afuera a descubrir su nueva realidad: beben y fuman como adultos, símbolo del cierto abandono educativo y social. Les tocará enfrentarse a la madurez de golpe, cada uno a su manera. En determinado momento, la calma y la rutina darán paso a sucesos que cambiarán su vida para siempre. La metamorfosis es más acentuada y sentimental en la joven. Hay auténticas joyas de párrafos que hielan la sangre.

Oh, qué cruel, qué impío, qué incauto, se puede ser a los catorce años.

Así, nos encontramos con una novela imprescindible. Una obra maestra con identidad propia, un estilo narrativo del que nos queda mucho que aprender y disfrutar. Podemos gozar de personajes bien construidos, con auténtica profundidad. Ana María Matute conocía las letras, las quería, las cuidaba y las hacía crecer. Merecen ser leídas y amadas por nosotros.

Valoración: Imprescindible

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