No valorado, Relato

Filia, fragmento II: la lluvia

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Ilustración por Gemma Martínez

[Continuación del fragmento I]

Empezó a correr por una Avenida desierta y oscura en la que reinaba el olor de la putrefacción y la amenaza. Tan solo podía escuchar el sonido de sus torpes pasos, que resonaban en un silencio que no dejaba augurar nada bueno. El dolor de cabeza era tan agudo que le nublaba la vista, tenía la garganta atrofiada de la sed y el hambre era feroz. Su falta de energía la hizo tropezarse con su propia sombra y tuvo que sujetarse a una maltrecha farola sin luz para evitar caerse de bruces. Jadeante e impregnada en sudor, Filia intentó recuperar el aliento en ese aire que parecía estar contaminado. Entonces comenzó a llover, una lluvia ácida y desagradable lo apresaba todo.

La lluvia significada el nuevo mundo, aquel al que había llegado cuando Filia todavía no había nacido pero del que lo sabía todo. Lo recordaba, recordaba aquella historia maldita y fascinante.

Las criaturas habían llegado desde lo alto de las nubes, que siempre eran grises e impedían ver el sol. Los llamaba demonios alados, decían que su único propósito era sembrar la muerte y traer la destrucción del mundo. Llegaba el fin, auguraban todas las profecías. Las religiones se unieron en una sola: la de la desesperación. Los dioses se aunaron en una única figura celestial.

Mientras tanto, la desamparada humanidad comenzó a ver cómo esos seres de dos metros, fuertes y llenos de escamas comenzaban a adentrarse en las ciudades, en los pueblos, en los campos. Empezaron rompiendo las ventanas y terminaron por comerse los huesos de los niños.

Réptux. Filia nunca había visto ninguno pero sus padres le habían enseñado infinidad de ilustraciones sobre ellos. Se escondían en las sombras, eran una amenaza real contra la civilización humana. La Tierra agonizaba y el Universo había perdido el equilibro. Los lagartos alados eran una abominación, el apocalipsis había llegado. Filia no asimilaba esa verdad, Filia era demasiado joven para encontrarse sola, hambrienta y enferma.

Se dejó caer en el suelo, azotada por la lluvia, sucumbiendo a la terrible migraña. No sabía adónde ir, porque ya era consciente de lo acontecido. Había ocurrido, todo lo que siempre habían augurado era cierto. Los demonios habían brotado de las sombras y habían destrozado todo cuanto ella había vivido. Ahora no quedaba nadie, ahora estaba totalmente sola.

—¿Humana? ¿Biohumana?

Filia levantó la mirada. Había una figura encapuchada alzada frente a ella, ligeramente encorvada. No mostró su rostro. Su voz desprendía un tono amigable y nuestra protagonista cedió a la confianza ciega sin demasiadas opciones.

—Humana. ¿Han muerto todos?

—Tenemos que irnos, las calles no son seguras. ¿Tienes nombre? ¿Puedes recordarlo?

—Filia.

—¿Estás segura de que ese es tu verdadero nombre?

Normas para el siguiente fragmento:

I. Filia descubrirá la identidad de esta nuevo personaje.

II. Recordará algo crucial que ocurrió justo antes de recibir el impacto.

III. A través de una radio clandestina, conocerá parcialmente la situación del resto del mundo.

 

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