Relato

Filia, fragmento III: El grito

La extraña figura desapareció repentina y Filia volvió a encontrarse totalmente sola. No obstante, su presencia le sirvió para reflexionar y coserle a aquella caótica situación un remiendo de orden. Se sentó, cruzando sus frágiles y blanquecinas piernas una encima de la otra, porcelana rota. Cerró los ojos y meditó durante unos instantes. Imágenes de muerte y desconcierto llenaban su conciencia y por un segundo, nuestra protagonista creyó estar a punto de recordarlo todo, pero justo entonces oyó de entre los escombros el lejano sonido de unas voces robóticas que sonaban entrecortadas y distantes. Reconoció aquel espectáculo sonoro: era una radio; más recuerdos quisieron aflorar. Decidió escuchar, a pesar de las interferencias:

La situac… cada vez es … fícil. No pod… huir. No hay …ida. Los r…tiles han tomado todo. Han …ado a todos. Buscan a … buscan a … No quieren nada de nosotros, solo a … No deb… saber de nuestr… …tividad.

Silencio. Filia quiso saber más y explotó de rabia y de impotencia, poniéndose entonces a retirar todos los escombros que pudo de la montaña y su paranoia aumentó devastadora y perfecta, hasta que llegó a creerse el centro de aquel universo muerto. ¿La buscaban a ella? ¡Estaba segura de que la buscaban a ella! Su cansancio era creciente y su descontrol la llevó a lanzarse una piedra por error a sí misma en la cabeza, que cayó casi en cámara lenta, ahondando en sus recuerdos más recientes. Los ocultos archivos de su cerebro empezaron a desbloquearse y se acordó entonces de la escena anterior al golpe que le dio la bienvenida a aquel mundo todavía más derruido. Había sido la presencia encapuchada, estaba segura. Y estaba segura de que ella la había llevado también a aquel hospital sacado de una película de terror del siglo pasado. ¿Ella? ¿Por qué pensó en aquella presencia como ella?

Filia comprendió que su subconsciente retenía algo que ella no era capaz de recordar. Se puso a gritar como una desesperada, siendo esa la única solución que pudo plantear para, al menos, romper el silencio:
– ¡¡Encapuchada!! ¡¡Sal de las sombras y enfréntate a mí!! ¡¡Lucha!! –La rabia del olvido se apoderó de Filia.

La lluvia ácida empezó a caer, leve, suave, gotita a gota. Y no fue precisamente la presencia encapuchada la que apareció en primera instancia, sino un réptux de dos metros y medio que sobrevolaba la zona y que decidió ir a por Filia. Aterrizó y se plantó frente a ella, imponente, mirando al vacío. Temor creciente. Filia pudo contemplar entonces el líquido morado que emergía de la boca de aquel dantesco ser que abría la boca poco a poco, paso a paso. El miedo paralizó a nuestra pequeña protagonista y deseó que todo acabara en aquel instante.

De las sombras y para sorpresa de Filia, apareció aquella misteriosa encapuchada, sacando dos enormes dagas y clavando una de sus rápidas armas en el costado derecho del estrambótico monstruo. El réptux, al verse herido, centró ahora su atención en su atacante y, en un torpe pero contundente golpe de garra le quitó la capucha, hiriéndole además el rostro. No obstante, Filia reconoció en seguida aquellas facciones.

–¡¿Mater?! –Su lengua funcionó más rápido que sus recuerdos.
–Huye, Filia. ¡Corre, insensata, corre!

Normas para el siguiente fragmento:

I. Se explica el porqué de que los nombres de Filia y Mater estén en latín.
II. Uno de los personajes se encuentra con una antigua poesía.
III. Se le da nombre al espacio en el que sucede la acción.

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