Imprescindible

Sentido giratorio: Una introducción a Isaac Asimov y sus leyes de la robótica (Parte II)

(Este post se trata de la continuación de uno anterior: Leer Parte I)

Una vez hecha esta introducción a su obra y vida, procedemos al análisis de este relato, que puede parecer simple y anodino; pero en el que se introduce algo tan transcendental en la obra del autor como son las leyes de la robótica (y en la ciencia ficción en general). Incluso me atrevería a afirmar que pueden tener su importancia en la historia humana.

Los protagonistas de Sentido giratorio son dos exploradores espaciales en Mercurio, Gregory Powell y Mike Donovan. El relato arranca con ambos en la base de la mina espacial de selenio, donde solo llevaban doce horas. Estos dos personajes protagonizan otros cuentos del autor como Primera ley, Razonamientos y Atrápame esa liebre (incluidos en Cuentos completos de robots, publicado en  1999). En un principio, Powel semeja ser el hombre experimentado, tranquilo y con los nervios templados; mientras que Donovan parece todo lo contrario a su compañero. De hecho, el relato comienza así:

Uno de los principios favorito de Gregory Powell era que con la excitación no se gana nada; de manera que cuando Mike Donovan bajó las escaleras saltando hacia él, con el cabello rojo empapado de sudor, Powel frunció el ceño.

El problema que tenía tan alterado a Donovan era la ausencia de Speedy, el valioso robot humanoide SPD-13, al que había enviado a recoger selenio. Los protagonistas necesitan ese selenio para los paneles con que obtienen la energía eléctrica para abastecer la estación. Lejos de ser el único problema, la base que se muestra no es todo lo tecnológicamente avanzada que cabría esperar. El equipo es anticuado para la época en que se encuentran y la propia naturaleza del planeta les crea serias dificultades. Por ejemplo, la radio no funciona a más de tres kilométricos y fuera de la base los trajes que tienen les permiten sobrevivir durante un tiempo muy limitado. Se cita una misión anterior, diez años antes del momento de la narración, que no tuvo éxito debido a estos problemas. En la base, como restos de esa misión, hay 6 robots que nuestros protagonistas deciden utilizar para rescatar a Speedy, quién parece estar perdido dando vueltas en círculo alrededor del pozo de mineral. Pero se encuentran con otro problema: estos robots son antiguos, de una época en la que el ser humano parecía obsesionado con mantener la seguridad en lo referente a los robots, y solo funcionan si un humano monta en ellos y los dirige:

-¿Tenemos que montarlo?-dijo Donovan saltándole los ojos. -¿Cómo un caballo?

Como podéis ver, el relato tiene ciertos toques de humor muy típicos de Asimov. Si bien, la mayoría de sus escritos no son comedia propiamente dicha; la socarronería, la ironía y, en ocasiones, hasta el sarcasmo se dejan ver en su prosa. También destaca cierta inocencia en sus cuentos y novelas, que ha sido duramente criticada; pero hacen que sus obras sean adecuadas para lectores jóvenes. Así, en sus primeras publicaciones no trata temas como la sexualidad ni introduce personajes femeninos complejos. Según el propio autor afirmó, no lo hizo por desconocimiento. Más adelante, en su obra más madura, sí aborda estas temáticas.

Volviendo al relato, ante la complicación en que se ven, ambos protagonistas deciden abandonar la relativa seguridad de la base y adentrarse en el peligroso ambiente de Mercurio. Los razonamientos lógicos que realizan durante todo el relato, buscando soluciones a diferentes problemas, muestran uno de los tópicos en la obra de Asimov y es que Donovan y Powel se complementan y trabajan en equipo. Son dos personajes muy diferentes condenados a entenderse, aunque uno de ellos siempre parece llevar la voz cantante.

Avanzado el relato descubrimos la causa del inusual comportamiento del robot SPD-13:

-Oye, Greg…-dijo Donovan desfalleciendo-, ¿es que está borracho o qué?

Esa borrachera se debe a un conflicto en el cerebro positrónico del robot. Para tratar de salir del atolladero en que se encuentran, con la viabilidad de la misión y su propia vida en peligro, Donovan y Powel comienzan a repasar sus conocimientos sobre robótica y pronuncian las tres leyes. En ellas deberán encontrar la solución, si es que la encuentran a tiempo. Como se puede apreciar, tiene mucha importancia el diálogo entre ambos protagonistas, mientras que la parte descriptiva y la narración tienen menos peso.

Se hace referencia ya en este relato a elementos fundamentales en las posteriores historias de robots de Asimov, además de las tres leyes: los cerebros positrónicos, diferentes generaciones de robots que van aumentando en complejidad, la robopsicóloga Susan Calvin y a la compañía para la que trabaja, la U.S. Robots & Mechanical Men Corp, como puede verse en esta cita:

-¡Sí! Por lo menos es lo que la vieja Calvin me dijo antes de saliésemos y yo no contesté nada porque quería luchar contra esa idea.

Como conclusión, se trata de un relato bastante sencillo y accesible, sin grandes pretensiones estilísticas o estéticas, pero muy entretenido e incluso divertido. De Asimov, como de otros autores de ciencia ficción, se ha dicho que era un mal literato (un mal escritor en el sentido más firme del término) por cuestiones como estas. Hay que tener en cuenta que la ciencia ficción no gozaba de buena crítica en el ambiente literario de la época. Sin embargo, su simplicidad en el aspecto retórico es evidente. Al tratarse de un autor que se inició, tanto como lector como en su faceta de escritor, en el pulp y las revistas de ciencia ficción y además fue divulgador científico, es bastante lógico que desee que su prosa sea muy accesible para el público en general. Y, en mi opinión, por ello tiene que ser necesariamente sencilla.

Al margen de estas críticas que le hicieron y, aún reconociendo que la calidad literaria es cuanto menos cuestionable si lo vemos desde el punto de vista académico, Asimov fue un gran comunicador y contador de historias. Su obra es simple en la forma, al menos lo que yo he tenido ocasión de leer; pero su belleza radica en sus aspectos lógicos, éticos y filosóficos. Las reflexiones de este relato, sin ir más lejos, son indudablemente lógicas. Para mí, hasta su aparente simplicidad es hermosa.

 La obra de este autor, como la de otros grandes del género, sigue siendo de obligado conocimiento para todo lector aficionado a la ciencia ficción.

Valoración: Imprescindible.

f

Figura 3. Portada de la edición digital de Yo, robot

Podéis comprar Yo, robot uno de los volúmenes que recopilan este relato, y que contiene además otros interesantes cuentos de robots, en Amazon. 

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