Excelente

Crítica a “Las chicas” de Emma Cline

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Título: The girls
Autor: Emma Cline
Género: Narrativa
Fecha de su composición: 2016
Edición: 1ª – Tapa Blanda
Editorial: Anagrama
Número de páginas: 344

Aquellas chicas de pelo largo parecían deslizarse por encima de todo lo que sucedía a su alrededor, trágicas y distantes. Como realeza en el exilio.

Emma Cline es uno de estos fenómenos únicos. Nacida en Sonoma en 1989 (tremendamente joven, con tan solo 27 años) es licenciada en Bellas Artes y cursó un máster en escritura en la Universidad de Columbia. Las chicas es su primera novela y ha sido, sin lugar a dudas, un rotundo éxito en crítica y en ventas. La obra se vende en más de treinta y cinco países y, es muy probable, que termine adaptándose a la gran pantalla por el productor Scott Rudin.

Corre el verano de 1969 en California. Evie, una adolescente insegura que baila entre su juventud y el impulso de madurar, centra su atención fortuitamente en un peculiar grupo de chicas en el parque: aspecto desaliñado, felicidad desbordante, no llevan zapatos. Querrá el destino que las vidas de Evie y esas chicas se crucen, lo que integrará a la joven en una vida bucólica (o todo lo contrario) en un rancho solitario como parte de una comuna, liderada por un músico frustrado llamado Russell.

Aturdida y atraída por lo desconocido, Evie se deja llevar por las redes de las drogas y el amor sin tabúes, que comienzan a moldear su personalidad y su vida sin que ella sea del todo consciente. Separándose de su mejor amiga Connie y de sus padres, la muchacha descubrirá facetas de sí misma totalmente desconocidas para ella.

Yo flotaba por la fiesta, y me sentía mucho más pequeña de lo que era; el deseo de hacerme invisible iba unido al afán de participar de un modo adyacente.[…] La libertad de ser tan joven que nadie esperara nada de mí.

Desde que la vi, supe que Las chicas era una de estas obras que tengo la impresión de que están hechas para mí. La portada, el título y el argumento me atrajeron en un equilibro que me resultaba demasiado atractivo como para dejarlo pasar. Fueron algunas de las primeras críticas que leí las que, de cabeza, me empujaron a hacerme con él de inmediato. Y me encanta ver que no me ha defraudado, sino todo lo contrario.

Ya de primera mano, la narrativa de Emma Cline es la ideal para este tipo de historias. Se vale la autora de dos tipos de narradora que, resultan, ser el mismo personaje: La Evie adolescente y la Evie adulta. Este recurso me fascina, porque puede verse la evolución de la vida, cómo se moldean los pensamientos con el paso de los años y cómo puede cambiar la percepción al tomar distancia. Además, este recurso resulta muy enriquecedor para el lector que puede llegar a comprender el presente de la mujer, de acuerdo con lo que ha supuesto su pasado.

Había otras tres chicas en el autobús, y se volvieron hacia mi con entusiasmo, una atención salvaje que yo interpreté como un halago. Los cigarrillos se movían en sus manos mientras me examinaban de pies a cabeza, había un aire festivo y atemporal.

La anticipación recuerda al recurso conocido, seguro, por la gran mayoría empleado, en Crónica de una muerte anunciada. Y si bien he de reconocer que ese tipo de cronología circular no me convenció del todo en la obra del Márquez, sí que lo hizo la pluma de Cline. Porque, en realidad, la autora no especifica el suceso clave demasiado, pero sí que lo anuncia en varias ocasiones. Digamos que el peligro, ese punto negro al final, acecha a Evie. Y no solo su yo futuro lo sabe; parece que su yo más joven, el que vive en directo los hechos, lo siente muy adentro. Y aunque sepa que tal cosa es inevitable, es terrible, es inadmisible, no hace nada por separarse del camino.

La simpleza y la relevancia del título es magnífica. Las chicas. Esas chicas. Sus chicas. Las chicas de un tal Russell, que las mima, las ama y las alimentas. Una especie de gurú de las muchachas. Y Evie también ansía convertirse en una de esas chicas, que tienen la piel muy morena, el cabello rubio, la ropa desgastada y el aspecto hermosamente descuidado. Una vida más espiritual, fuera de la anodina rutina de niña buena que asiste al instituto y se peina a conciencia para mostrar un aspecto dócil. Las chicas consiguen volver salvaje a la cívica Evie.

En realidad, el mérito de la novela no está en lo inédito y original del argumento. Se relata una versión muy libre de la matanza de Charles Manson y sus chicas. Un escabroso tema sectario y peliagudo del que la protagonista bebe con total naturalidad, como quien sumerge los pies en el agua fresca del río en verano. Es curioso cómo se refleja a lo largo de estas páginas la debilidad de la mente, lo sencillo que resulta, en realidad, la manipulación.

No me había dado cuenta hasta entonces de lo sola que estaba. O algo menos acuciante que la soledad: la ausencia de unos ojos que me miraran, tal vez. ¿A quién le importaba si yo dejaba de existir? Esas frases tontas que recordaba de Russell: dejad de existir, nos instaba, que desaparezca el yo. Y todos asentíamos como golden retrievers.

Como decíamos, Evie lo deja todo. El divorcio de sus padres es la clave para que éstos, en realidad, no reparen demasiado en la absoluta metamorfosis de la joven. Hay un intenso desbarajuste familiar, la adolescente no encaja con la nueva pareja de su madre. Su mundo se llena de inseguridad y silencio. Ahí radica el éxito de Russell en la manipulación para atraerla así. Pero, a diferencia de las demás, no es el músico frustrado lo que fascina a Evie.

Será Suzanne, líder innata, pagada de sí misma, persuasiva, que derrocha belleza y sensualidad. Es la antagonista, o la coprotagonista. Su fuerza es tal que, en ocasiones, ensombrece todo lo demás. Ella y Evie compartirán una relación dependiente absoluta que, incluso muchos años después, seguirá latente como un veneno sin antídoto. Suzanne responde a esta idealización propia de la adolescencia que a veces, perdura en la madurez.

—¿Y no quieres nada para ti?

—¿Para qué? —Dio una calada al porro y contuvo la respiración. Su voz crepitó al hablar—. No estoy metida en ese tipo de movidas ahora mismo. Yo yo yo. Amo a las otras chicas, ¿sabes? Me gusta que compartamos. Y ellas me aman a mí.

Pero incluso dejando a un lado estos personajes bien construidos y la trama atractiva en sí, la novela brilla. Porque la manera de mimar las letras de Emma Cline es brillante. Porque el conocimiento del lenguaje que emplea para describir la cotidianidad, entre la grosería y la elegancia, es sublime. Y está cómoda en las partes descriptivas, en los monólogos interiores, en los diálogos. Porque nada en Las chicas está fuera de lugar, sino que pensado al milímetro para no torcer la armonía que tiene de principio a fin.

Encontrarse literatura así, innovadora, actual y fuerte es un privilegio en medio del panorama actual. La ópera prima de Cline es un clásico instantáneo, una joya, un homenaje a las decisiones equivocadas, a la adolescencia, a la amistad rota, al amor mentiroso, al paso del tiempo y, en general, a los errores de la vida.

Valoración: Excelente

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