Sí, recomendable

Crítica a “La mujer loca” de Juan José Millás

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Título: La mujer loca
Autor: Juan José Millás
Género: Narrativa
Fecha de su composición: 2014
Edición: 1ª – Tapa Blanda
Editorial: Seix Barral
Número de páginas: 240

—¿Tú escribes porque sí o porque no?
—La verdad, no me lo había planteado.
—¿Pero eres escritor o tienes escritura?
—Es que no sé si he entendido bien la diferencia.
—Pues antes me has dicho que sí.

Juan José Millás es una personalidad destacable del panorama periodístico y literario de España. Nació el 31 de enero de 1946 en Valencia.

Vivió la mayor parte de su vida en Madrid, escenario elegido recurrentemente para ambientar sus novelas. Como curiosidad, señalar que fue un mal estudiante, que tuvo que compaginar sus estudios con un trabajo en una caja de ahorros. Comenzó a estudiar Filosofía y Letras pero lo abandonó al tercer año. Trabajó en Iberia hasta que se consagró en la lectura y la escritura.

Su carrera como novelista está fuertemente influenciada por Julio Cortázar. Sufre (o todo lo contrario) los estigmas del experimentalismo e, incluso como autor primerizo, siempre se caracterizó por exhibir una explosión de originalidad: cualquier hecho cotidiano se puede convertir en algo fantástico. Se le atribuye la creación del género literario el articuento.

Sus obras han sido traducidas a veintitrés idiomas. Puede presumir de premios literarios tan sobresalientes como el Premio Nadal (1990), el Premio Planeta (2007) o el Premio Nacional de Narrativa (2008).

Eligió el de pescadera porque le aseguraron que había mucha demanda y porque el programa incluía el estudio de las propiedades organolépticas del pescado. Le llamó la atención la esdrújula y dijo: este.

Julia trabaja en una pescadería. Su jefe es filólogo y ella estudia gramática por las noches. Vive en una habitación alquilada en la casa de Serafín y Emérita. La mujer es una enferma terminal que clama por la eutanasia. Por motivo de esto, el propio Millás acude al domicilio para hacer un reportaje sobre la esposa, mientras es víctima de un terrible bloqueo creativo.

 No sabría encontrar cuál fue la razón por la que colé a La mujer loca en mis lecturas. Pocas referencias tenía y he de decir que las críticas de a pie no eran demasiado generosas con la obra. Tal vez fue algo en la sinopsis, o en la mujer que contempla los peces de la portada, o en el canto a la locura. No lo sé, pero el libro me llamó y yo acudí como una marioneta. Y, a grandes rasgos, puedo decir que ha sido una experiencia fulminante, como un antídoto agudo contra los males de la literatura. Pero vayamos por partes.

—Es filólogo, pero trabaja aquí porque en su sector hay mucho paro. De lo primero que se quita la gente en épocas de crisis es del marisco y de la filología.

Bien podríamos dividir la obra en dos mitades muy diferenciadas. Por un lado, la historia de Julia como pescadera de día y cirujana de frases por la noche. Sí, eso mismo. La rareza impera, como una explosión de ingenio. Lo que más he disfrutado es el esfuerzo que debe llevar a cabo el lector para vislumbrar lo que el escritor pretende dar a entender. Acerca una especie de universo gobernado por la obsesión de las palabras y la sintaxis que bien podía ser un reflejo de las propias ideas de Millás. Sería complicado llegar al fondo de la cuestión, pero lo más interesante es la forma de introducirlo con total normalidad.

Acercándonos al ecuador de la novela, es el propio escritor quien asume el rol de protagonista (aunque lo hace en tercera persona, como un personaje más). Millás conocerá a Julia y sentirá una atracción peculiar y poderosa por ella. La situación de Emérita y el artículo que se encuentra escribiendo será la excusa perfecta para tener contacto con ella de manera habitual. Pero el autor también puede ser un hombre loco, algo que se atisba con mucha evidencia en las frecuentes sesiones de psicoterapia a las que acudimos con él.

Hubo un nuevo silencio al otro lado. Julia dice que comparaba aquellas conversaciones con un jersey lleno de agujeros. Los agujeros eran los silencios.

Julia y Millás viven en dos mundos muy reales que están completamente fuera de lo ordinario. Para ambos, esas dos peculiares visiones son lo normal, por lo tanto no tienen consciencia de su locura de ninguna forma. Los motivos que han llevado al autor a narrar este tipo de historia respondan, con total seguridad, a una sana obsesión literaria y una unión muy poderosa con su faceta de escritor. La lengua está elevada, en esta obra, al primer peldaño de la necesidad humana.

La técnica narrativa por excelencia es el diálogo, expresando todas estas descerebradas ideas, dándoles coherencia. Algunas de estas conversaciones entre personajes son insólitas: Julia hablando con frases rotas o palabras defectuosas (como Pobrema); Millás divagando con su terapeuta; o Julia y Millás dialogando acerca de las frases y la vida explicada a través de normas gramaticales que son irrebatibles. De alguna manera, se pretende convertir lo abstracto del lenguaje en algo sólido que se puede tocar, en una verdad irrefutable.

—Quizás sí. Creo que he perdido la distancia entre el narrador y el personaje, tal vez entre el narrador y el escritor. Se han mezclado también.

La situación de Emérita, la enferma terminal, es lo que nos mantiene unidos a la realidad. A pesar de la tragedia inminente, el proceso del adiós hacia su muerte es tomado con serenidad y naturalidad por parte de todos. El personaje de esta mujer encamada que va a disfrutar del suicidio para terminar con su terrible dolencia otorgará a Julia y a Millás un epicentro que los mantendrá girando entorno a él. A pesar de no poder moverse, de estar postrada en una cama, será Emérita la que dirija la vida de todos los personajes.

La hermosura de la prosa es innegable. Podemos encontrar joyas breves, plagadas de destreza y un manejo del lenguaje increíble, como si realmente Millás pudiese ver las frases frente a él como lo hace Julia. Quién sabe. Tal vez en eso está el secreto de su magnificencia. La mujer loca es una novela para escritores, para lectores y para amantes de la literatura en general. De lectura enrevesada que exige cierta atención, es todo un lujo para la inspiración, para las musas y para la vida.

Julia, en cambio, se acerca a las palabras como el que maneja sin guantes ni mascarilla protectora un bote de ácido. Y las palabras se dan cuenta y de que está a punto de descubrir que ellas son nuestras dueñas.

Valoración: Sí, recomendable

Adquiere La mujer loca aquí

Millás dice que se estremece porque reconoce en esa mirada la de la locura. Una mujer loca. La mujer loca. Mujer loca. La expresión <<mujer loca>> le inquieta y le gusta a la vez, como si, más que un sintagma, fuera un cofre cerrado en cuyo interior se ocultara un mensaje.

 

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