Bien, bien

Crítica a “Siete libros para Eva”, de Roberto Martínez Guzmán.

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Título: Siete libros para Eva
Autor: Roberto Martínez Guzmán
Género: Novela negra
Fecha de su composición: 2016
Edición: Digital
Editorial: Autopublicado
Número de páginas: 382

<<Han perdido a Eva>>.

Perdido, dura palabra. En esta vida se pierde lo propio, se pierde lo que no se cuida, y lo que se ha perdido, muy rara vez se recupera, sin atender a arrepentimientos ni pesares.

Conocí a Roberto Martínez Guzmán durante el transcurso del Concurso Indie de este pasado año 2016. Era complicado que la obra de este escritor gallego nacido en Ourense pasara desapercibida entre las más de mil novelas que se presentaron a tal Torneo y, a pesar de que se quedó fuera de los cinco finalistas, hay que tenerla en cuenta.

Aunque Siete libros para Eva se trata de la precuela de una saga de libros protagonizada precisamente por la propia inspectora Eva Santiago, es en realidad su tercera novela publicada y su cuarta obra (debutó como autor con Cartas desde el maltrato, libro de no ficción, en 2010). Y ya podemos decir que se asienta más que cómodamente en el género negro-policíaco. Al menos, es con lo que lo podemos identificar en un primer momento. Pero, me permitiréis aventurar, que en esta historia podemos encontrar un fuerte contenido que recuerda al género más intimista.

Intenta cometer pocos errores en la vida, y nunca, nunca, tapes uno con otro. Porque los errores no se eliminan, sino que se van sumando y acumulando en el cuerpo.

La joven universitaria Eva ha desaparecido. Su novio no oficial, Mario, es el principal sospechoso pero no parece recordar nada. Vicky, su hermana, es la encargada de permanecer en Santiago de  Compostela para seguir de cerca la investigación policial. Mientras tanto, en Cea, su pueblo natal, la madre de la joven vive la pesadilla de desconocer qué ha ocurrido con su hija mientras Manuel, su marido, parece más preocupado en su carrera política que por el destino de Eva.

Con la Galicia más castiza como telón de fondo, Roberto Martínez maneja con buen hacer los elementos a su alcance. El estilo no llega a ser propiamente descriptivo en cuanto a lo paisajísitico y visual, pero se explaya de lo lindo en ahondar de manera recurrente en los sentimientos, en especial en los de Lina, una especie de madre coraje que sucumbe ante la terrible situación. Frente a ella parece haber un abismo. De la melancolía pasará a la terrible impaciencia y a la desesperación. Atentos a este personaje porque podríamos decir que se trata de la protagonista en esencia de la novela.

Una mujer, al pasar los cuarenta, debe aprender a no contar lo que no conviene saber.

Lina dejó escapar una tímida sonrisa al recordar la frase.

Apenas encontrará el lector una acción trepidante. El ritmo, lejos de lo que cabría esperar, es lento. De hecho, en el nudo del meollo suceden un cúmulo de capítulos en los que la trama no parece avanzar ni un solo paso. Ese transcurso monótono de los días, sin noticias, sin novedades, hace decaer la esperanza. Quiero pensar que la intención del autor era precisamente esa: transmitir el desasosiego de la espera sin conocer el desenlace. De este modo, a mi parecer, esta característica tan peculiar aleja bastante la historia del género negro propiamente dicho.

También el factor político tiene una gran relevancia. El trajín que se esconde tras Manuel, en un momento crucial para las próximas elecciones del Ayuntamiento de Cea, dará mucho jugo al hablar de un conflicto de intereses y de (conocida por todos) corrupción. Manuel será un personaje deleznable durante toda la trama. No se le regala ni un atisbo de bondad.

La gente tiende a creer que el sufrimiento hace mejor a una persona. Es mentira, la hace peor.

El reflejo de la vida en el pueblo, al más puro estilo gallego, es un detalle que Roberto ha cuidado con bastante esmero. Una delicia disfrutar de una ambientación tan lograda, con las relaciones entre vecinos, incluso respetando lo que es la más pura mentalidad pueblerina. Y no lo digo como algo negativo, sino como una característica que otros muchos autores parecen querer olvidar. Interesante punto a favor.

En cuanto a Eva, no ahondamos demasiado en ella, pero sí lo suficiente para dejar ver la cantidad de fuerza que la joven tiene (y, me imagino, se le otorgará en las futuras historias). Lo que sí puedo mencionaros de ella son los libros, siete libros, que la acompañarán durante el tiempo que estará desaparecida. Un estupendo guiño del autor a la lectura.

Se incorporó un poco y buscó en la mochila que acababa de dejar el hombre. […] lo que encontró le heló la sangre. Hacia un lado, en un bolsillo interior, había un libro: La casa de los espíritus de Isabel Allende.

Valoración: Bien, bien.

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