Imprescindible

Crítica a “Mujercitas” de Louisa May Alcott

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Beth, una de las hermanas March, junto a sus hermanas y su padre en una ilustración de Frank T. Merrill

Título: Little Women
Autor: Louisa May Alcott
Género: Narrativa clásica
Fecha de su composición: 1868
Edición: Digital – Nueva traducción Gloria Méndez Seijido
Editorial: Lumen
Número de páginas: 768

Jo se detuvo un instante, con un extraño sentimiento en el corazón; luego decidió seguir, pero algo la retuvo y la obligó a volverse, justo a tiempo de ver cómo su hermana levantaba las manos y caía cuando la capa de hielo se quebró bajo sus pies.

Debemos Mujercitas a Louisa May Alcott (Pensilvania, 1832 – Boston, 1888), escritora estadounidense que se consagró con la obra de las cuatro hermanas March. Cabe decir que la historia está íntimamente unida a su propia vida: Louisa tenía tres hermanas (y un hermano que falleció cuando todavía era niño). Las cuatro jóvenes fueron educadas en su hogar por el propio padre.

Comenzó a trabajar a una pronta edad como maestra, costurera, institutriz y escritora (oficios que podemos ver reflejados en las protagonistas de la novela). Con solo 23 años publicó su primer libro de cuentos Flower Fables.

Nunca llegó a casarse, mostrándose siempre activa a nivel social y político. Se declaró en contra de la esclavitud y apoyó con ahínco el sufragio femenino. Escribió bajo el seudónimo de A.M. Barnard una colección de novelas y relatos en los que se tratan temas tabúes para la época como el adulterio y el incesto.

Su madre desapareció y ella se quedó al cargo del hogar y de sus hermanas. Finalmente, falleció en Boston a los 56 años de edad, a causa de las secuelas por envenenamiento de mercurio, contraído durante su servicio en la guerra.

Por cierto, cabe citar esta reflexión sobre la novela que he encontrado en Wikipedia y que, tras leerla, puedo comprobar cuánta razón tiene:

Y, como sucede con algunos clásicos, esta obra se ha visto ensombrecida (en el caso de las ediciones en castellano) por traducciones deficientes, purgas y recortes, además de lo que algunos califican de “Interpretaciones cursis”, cuando, en realidad, Mujercitas supone una auténtica revolución tanto dentro de la literatura decimonónica como dentro de la literatura norteamericana de esos tiempos. La novela es capaz de romper y enfrentarse a la vez con las guías de conducta para señoritas, tan de moda en la época. Además introduce (sobre todo a través del personaje de Jo) auténticas revoluciones en lo que tiene que ver con los personajes femeninos de la literatura en aquella época.

El argumento de la novela se centra en la vida de cuatro hermanas. Es un reflejo fiel y pormenorizado de la vida en sociedad de aquel momento, del pensamientos femenino y de las penurias que debían de afrontarse con esa entereza. Pero a pesar de la crudeza y del realismo, Mujercitas usa un tono más bien desenfadado, transmitiendo a través de dinámicos diálogos las diferentes vivencias y, sobre todo, sentimientos que son una auténtica riqueza literaria y humana.

Las cuatro mujercitas tienen su propia función en la novela. Digamos que cada cuál refleja un rol que, no solo ameniza la lectura de más de seiscientas páginas, sino que la convierte en una maravilla. No está demás dedicarle unas líneas a cada una de ellas.

Informe semanal:
Meg: bien.
Jo: mal.
Beth: muy bien.
Amy: regular.

Meg es la mayor y la más responsable. En ella recae el encargo de cuidar y atender a las demás. Trabaja como institutriz, es educada, hermosa y profundamente paciente; Beth es la tercera de las hijas de los March. Adora tocar el piano y tiene un carácter tímido. Meg y ella tendrán una unión muy especial. También estará Amy, la más pequeña de las hermanas, que siente amor por la pintura y es la más hermosa de las hijas March: además, es profundamente vanidosa.

Y, luego, está Joseline. Jo. La dejo para el final porque creo que es el personaje más destacable de la historia. Sin ella, Mujercitas no podría presumir de ese cierto aire transgresor y rompedor para la época. Y es que Jo, la segunda de las hermanas, es una apasionada de las letras (y yo me he sentido tremendamente identificada con ella). Se le describe con un aire masculino, desechando los cánones de belleza femeninos y los esterotipos de la época que las mujeres tenían que cumplir a pies juntillas. Su carácter es irónico, impulsivo y no cuida demasiado su lenguaje. En pocas palabras: Jo es un encanto. En ella recaen las partes más divertidas, naturales y tiernas que se pueden disfrutar en la célebre novela de Alcott.

“Yo tengo la llave de mi castillo en el aire; queda por ver si podré abrir la puerta” comentó Jo, enigmática.

Como guinda del pastel, las mujercitas trabarán amistad con un muchacho vecino llamado Laurie que, podemos decir, tiene un carácter muy parecido al de nuestra querida Jo. Ambos formarán un dúo explosivo de travesuras, desavenencias y situaciones cómicas que suavizarán el cariz dramático que el argumento adquiere por momentos.

 

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Mujercitas ha sido criticada por tratarse de una historia que peca de cursi y machista. Además, la buena conducta religiosa de la esposa está muy presente, lo que la ha tachado de manual para la buena mujer católica. Sin embargo, calificar con tal ligereza esta historia con esos términos llevan a concluir de que ese lector en cuestión no ha llegado a comprender el contexto histórico y la envergadura del mismo. De hecho, puedo aventurar que se trata de una temática que se aborda con bastante modernidad para el momento al que se refiere, en una constante lucha por el bienestar y la justicia femenina.

Meg, que había dedicado el tiempo de espera a trabajar, se había vuelto más femenina y más ducha en las artes del ama de casa, y estaba más guapa que nunca porque el amor es el mejor tratamiento de belleza.

Si bien es cierto que alberga una gran filosofía de pensamiento y moral que hoy en día podría considerarse desfasada. De hecho, durante la primera mitad de la novela, tienen gran importancia una serie de conflictos y de malas actitudes por parte de las diferentes hermanas, lo que les lleva en ocasiones a pagar las consecuencias y a mejorar sus defectos: las hermanas March trabajarán la docilidad, la austeridad, la humildad y la generosidad.

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La novela ha sido adaptada muchas veces para el cine: en 1917, 1918, 1933, 1946, 1949, 1950, 1958, 1970, 1978, 1979 y 1994

El lector que quiera adentrarse en la lectura de Mujercitas debe hacerlo con paciencia y calma. Si bien es cierto que su lectura no es compleja a nivel narrativo ni de vocabulario, se trata de un libro denso de considerable extensión, con ciertos diálogos recurrentes. Además, al tratarse de una historia que tiene casi 150 años habrá confrontaciones importantes con la ideología actual. Sin embargo, también se encontrará entre sus páginas unos de los personajes más inolvidables que ha dado la literatura.

Valoración: Imprescindible

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