Sí, recomendable

Crítica a “La Armadura de la Luz” de Javier Miró

Título: La Armadura de la Luz
Autor: Javier Miró
Género: Fantástico
Fecha de su composición: 2017
Edición: 1ª – Papel
Editorial: Minotauro
Número de páginas: 480 páginas

Cuentan las estrellas que, cuando el mundo aún era joven y la magia de la creación fluía libre por la profundidad de los océanos, nació Abinnayar, la primera ballena.

Javier Miró (Sevilla, 1981) ya es un viejo conocido mío. Y no porque hace un tiempo reseñé su primera novela Rebelión 20-06-2016, ni tampoco porque desde este espacio hayamos colaborado con los Premios Guillermo de Barskerville 2016 del portal que él mismo dirije Libros Prohibidos, ni mucho menos porque conozca su asesoría literaria Autorquía o siga con fidelidad su canal de Youtube donde nos obsequia con todo tipo de material para escritores. Nada de eso. Yo conocí a Javier porque un día decidí escribirle un e-mail para que reseñara mi primera novela, hace casi dos años. Y fue uno de los pasos más certeros para emprender mi propio camino.

Pero no estoy aquí hoy para hablaros de mí ni de la cantidad de lazos que he estrechado gracias a la literatura. Estoy aquí para contaros qué me ha parecido La Armadura de la Luz, su nueva novela publicada bajo el sello editorial Minotauro. Qué bien suena, ¿eh? Así que ahí voy, embarcándome con osadía en la lectura de un género que he dejado de lado durante años y que he intentado retomar poco a poco. Un ejemplo de ello es la crítica que publiqué hace algunas semanas a La búsqueda de los dioses de Ana Vigo. Prometo continuar, porque me está gustando volver a la magia.

   —¿Por qué no dejas de refunfuñar por lo que sea que estés refunfuñando y te metes? —preguntó Iviqi con calma y media sonrisa.
—¿Que qué?
—Que te metas en el agua, que está muy fresquita, hombre.
—Muy fresquita, dice. Sí, ya, claro. Llevamos casi un día entero sin probar bocado decente, pero tú prefieres decirme que me dé un baño. Y con eso se soluciona todo.
Muy a pesar de Jax, la chica mantuvo la compostura.
—Llevas más tiempo sin bañarte que sin comer. Créeme, es mucho más urgente que te des un agua.

La trama arranca de la mano de Jax (después de una acertadísima introducción legendaria. ¡Maravillosa!), un mercenario de poca monta en la crisis de la treintena que está muerto de hambre y sumido en la apatía. Su compañera, Iviqi, auténtica protagonista de esta historia, se hará con un botín ajeno que pertenece a Haslor, heredero de un marquesado, que viaja con su prometida y dos escoltas que dejan mucho que desear. Ajenos a la persecución que sufren por dicho personaje, Jax e Iviqi terminan en la ciudad portuaria de Melay. La casualidad querrá que sea precisamente allí dónde se anuncie un torneo de artes Jhassai, cuyo premio es, ni más ni menos, la legendaria Armadura de la Luz.

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El tipo de narración elegida por Javier Miró es muy personal. Y, aunque es ágil y está pulida, no escatima en la elegancia y en el empleo de recursos complejos (y un pelín pretenciosos). La voz narrativa será en tercera persona e irá bailando entre los diferentes personajes que irán surgiendo en esta tremebunda aventura: podríamos decir que éste es su género principal, encuadrado dentro del más puro mundo fantástico.

Jax no sabía qué pensar sobre ello, pero más que nada lo sentía por no poder seguirle el rimo a Iviqi. La chica, siempre pletórica de vitalidad, no se conformaba con llevar todo el día dando vueltas en la calle, sino que quería salir por la noche, animada pro la noticia de la llegada a puerto de seis nuevo veleros de ultramar.

Si habéis leído su primera novela ya conocéis cómo se maneja el autor a la hora de crear descripciones y diálogos. Pero ahora ese diamante se ha pulido de lo lindo. Su forma de hacernos llegar la historia recuerda a la pluma más tradicional, sin roturas temporales, con elegancia y con una fluidez deliciosa. También los diálogos cobran un vital protagonismo, siendo el alma de los personajes y, también, discretamente brillantes. A lo mejor no es un término muy adecuado, pero casi podría tacharlos de costumbristas por la realidad del lenguaje de sus personajes, sin aspavientos ni adornos innecesarios.

Ahora, volvamos a la materia.

—[…] Cuál fue nuestro estupor al averiguar que acudían a Melay, coincidiendo con el torneo y su correspondiente galardón.
—La Armadura de la Luz —dijo Iviqi.
—Es una pieza muy preciada —asintió Daleid—, perteneciente al mundo arcaico, a la era de los magnos Deriands. Su vuelta al primera plano a avivado un mal que llevaba eones velado.

La Armadura de la Luz es un artefacto que podría significar el fin del mundo. Un suceso lo suficientemente impactante para que no pase desapercibido por ciertos grupos y sectas que comienzan a revolverse por Melay. Un tanto ajenos a eso, Jax e Iviqi degustan las bebidas de las diferentes tabernas y atiborran sus vacíos estómagos. La juventud de la muchacha está plagada de inconsciencia, por lo que una leve confrontación con su compañero de viaje hará que disfrute de su primera noche en la ciudad sin su compañía.

Como en El Lobo Estepario, Iviqi vivirá una noche de lo más surrealista. A lo largo de las horas de esa madrugada, conoceremos con calma a los personajes que serán claves en el trascurso de esta aventura: Sergvus, el espadachín; las Amazonas, con las que nuestra mercenaria establecerá un vínculo muy importante; y Aezhel, un extraño monje que es una de las piezas claves de este rompecabezas.

—Gran noche, ¿eh? —preguntó ella.
A todas luces, según el parecer de Jax, Iviqi estaba dando a entender que él se había excedido con la bebida y que había tenido que regresar a gatas o algo así.
—Y tú volviendo a estas horas, ¿qué? —replicó.
—Si yo te contara…

Porque sí, es un poco rompecabezas. O será que mi desentrenada mente de lectora en este género no está demasiada habituada a tropezarse con tantos conceptos nuevos a cada página. Pero que no cunda el pánico, a pesar del cierto caos inicial (tal vez fruto de que nuestra Iviqi está un tanto ebria) todo se esclarecerá poco a poco.

Lo más positivo es la desbordante imaginación y el exhaustivo trabajo llevado a cabo por Javier Miró. Casi sería necesaria una enciclopedia para poder entender la cantidad de referencias a ese Mundo que él ha creado y del que solo podemos conocer una pequeña parte. Desde luego, La Armadura de la luz se trata de una novela grande en muchos sentidos. Si os lanzáis a leerla, sabréis ver a qué me refiero.

Y se marchó a paso vivo. Iviqi se quedó en silencio, enfrascada en las informaciones que había acumulado desde la noche anterior y que en ese momento bullían en su interior sin aparente control. No se lo podía creer. Hacía justo un día que no tenía más que una espada nueva, unos pocos cobres y la ilusión de participar en un torneo. Unas horas después, tenía a varios tipos extraordinarios detrás de ella, deseando contratar sus servicios.

También quiero destacar, con mucha alegría, la importancia y protagonismo que gozan los personajes femeninos. Y no solo la maravillosa Iviqi (en serio, es un personaje que me ha fascinado), también disfrutaremos de las valerosas Amazonas o, incluso, del tibio papel que juega Adaveia, prometida del citado marqués. Otro punto fuerte es el juego con el humor y el romance. Está claro que no son ingredientes sobresalientes, pero aparecen en una justa medida para hacer de este un plato completo, delicioso y, me atrevería a decir, para casi todos los gustos.

No sé qué le deparará al futuro de este Universo, pero yo tan solo ansío poder conocer más, mucho más de lo que está por venir. Ojalá tengamos la oportunidad de volver a leer más sobre estos inolvidables personajes. Por los grandes Deriands, que así sea.

Valoración: Sí, recomendable

Puedes adquirir La armadura de la luz aquí

1 thought on “Crítica a “La Armadura de la Luz” de Javier Miró”

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