Excelente

Crítica a “Niebla”, de Miguel de Unamuno

<<¿Por qué el diminutivo es señal de cariño? –iba diciéndose Augusto camino de su casa–. ¿Es acaso que el amor achica la cosa amada? ¡Enamorado yo! ¡Yo enamorado! […]>>

Título: Niebla
Autor: Miguel de Unamuno
Género: Metaficción narrativa
Editorial: Austral
Edición: Octubre del 2016
Fecha de su composición: 1907 (publicada en 1914)
Número de páginas: 274 (incluye documentación complementaria)

9788467033861

Objeto 1. Portada de la edición comentada de Niebla (Austral)

Don Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 29 de septiembre de 1864 – Salamanca, 31 de diciembre de 1936) fue un filósofo, poeta y escritor español y uno de los representantes más destacados de la Generación del 98. Durante su carrera literaria, el autor euskera cultivó gran variedad de géneros literarios como la novela (o nivola, si se prefiere), el teatro, la poesía o el ensayo y es conocido también por sus teorías lingüísticas, en las que consideró oportuno, por ejemplo, cambiar la ge por la jota en algunas palabras o eliminar las haches mudas. Se le definió, en ocasiones, como el escritor más preocupado por la fonética y el lenguaje de toda su generación.

Unamuno fue también considerado el escritor más culto de su generación y entendía al ser humano como un “ente de carne y hueso” y, por extensión, definía la vida como un fin en sí mismo. Sus ideas, rodeadas de una creciente congoja personal, empezaron a mostrarse en obras reflexivas como En torno al casticismo (1895), Mi religión y otros ensayos (1910), Soliloquios y conversaciones (1911) o Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913).

Por otro lado, su lírica se define en títulos como Poesía (1907), Rosario de sonetos líricos (1912), El Cristo de Velázquez (1920), Rimas de dentro (1923) y Romancero del destierro (1927), esta última obra basada en su experiencia personal en la isla de Fuerteventura, adonde fue deportado por oponerse a la dictadura de Primo de Rivera.

¡Qué dulzura debe de ser olvidarse de la vida y de la muerte entre sus brazos! […] ¡Sí, yo soy el otro; yo soy otro!

También cabe mencionar las composiciones teatrales que Unamuno escribió, como por ejemplo Fedra (1924), Sombras de sueño (1931), El otro (1932) o Medea (1933). Finalmente, destacamos la narrativa unamuniana, que evolucionó desde sus primeras novelas Paz en la guerra (1897) y Amor y pedagogía (1902) hasta la célebre –y que hoy ocupa esta entrada– Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920) o La tía Tula (1921). El autor vasco cubrió sus obras con un cierto aire de polémica teñida de reflexión e invitó a sus lectores a plantearse cuestiones existenciales, sociales, morales, psicológicas o filosóficas, entre otras.

Niebla está considerada una de las novelas modernas que mejor ejemplifican el subgénero conocido como metaficción, dando paso constante a un contexto sugerente y envuelto en insinuaciones en las que el lector se sumergirá hasta entender el complejo y avispado universo narrativo que oculta la historia de Unamuno. Su título, de hecho, no es una casualidad y expresa la sugerente característica de relativizar lo que es, en teoría, visible y palpable y de, a su vez, dar forma a lo que se encuentra oculto.

[Atención, SPOILER: Se revela la trama de Niebla]

Es así como, durante la novela –o, mejor dicho, la nivola– seguimos a Augusto Pérez, el inusual y frustrado protagonista de la historia de metaficción unamuniana, en sus cotidianos pero extraños quehaceres diarios hasta que su vida va cambiando progresivamente, topándose con Eugenia, la pianista, por la calle y fijándose profundamente en el brillo de sus ojos. A partir de entonces, el protagonista se irá planteando cuestiones existenciales, sociales, morales… ya en forma de monólogo hacia su perro recién rescatado de la intemperie –y al cual apoda Orfeo– o en forma de diálogo compartido con el resto de personajes que completan su universo.

Le tenía absorto la intrepidez de aquella mujer. <>.

Antes de empezar la nivola, encontramos un prólogo escrito por Víctor Goti, un personaje ficticio invención de don Miguel en el que se nos avisa sobre la muerte de don Augusto, el protagonista de la obra. Los hechos que le llevaran a ello se convierten durante la obra en cuestiones secundarias que acabarán todas desvaneciéndose al descubrir Augusto que él mismo es un personaje ficticio, o como Unamuno le llama en la misma nivola, un “ente de ficción” cuyo sino depende de la pluma del escritor euskera.

Si bien durante la obra se nos van dando pistas sobre la condición de Augusto dentro de su propio universo, sintiéndose él por ejemplo parte de un sueño o cuestionándose una y otra vez su propia existencia, lo importante es como Unamuno prepara el contexto para que el lector choque de bruces con su propia realidad y se cuestione, a su vez, el sentido del ser humano y de su vida en la Tierra. La palabra niebla se repite una y otra vez en la nivola, dando a entender la intención de Unamuno de desdibujar la realidad para materializar lo impalpable. De hecho, la palabra homónima al título aparece hasta en el momento de la muerte del protagonista:

Y se disipó en la niebla negra.

Del final de la historia cabe destacar la Oración fúnebre por modo de epílogo centrada en Orfeo, el perro de Augusto y que plantea cuestiones morales tales como el sentido de los perros en compañía de los hombres o la desnaturalización de la sociedad actual, y que finaliza con la muerte del propio Orfeo debido a la pena de haber perdido a su amo. Este epílogo es, a su vez, una oda a la fidelidad y al amor caninos, más puro y auténtico, en ocasiones, que el que las personas pueden otorgarse entre sí.

Domingo y Liduvina recojieron luego al pobre perro muerto a los pies de su amo, depurado como éste y como él envuelto en la nube tenebrosa. Y el pobre Domingo […] lloró al ver aquel maravilloso ejemplo de lealtad y fidelidad.

[Fin del SPOILER]

Augusto_Pérez_(Niebla)

Objeto 2. Augusto Pérez, Unamuno y Orfeo (de izquierda a derecha)

Pero lo importante de Niebla no es lo qué le sucede a sus personajes, sino cómo les sucede y cómo una serie de desafortunadas desdichas acaban por pasar de mala suerte o exceso de inocencia a un descubrimiento revelador que se convierte, más tarde, en una obligada cuestión existencial que se extrapola al lector, al escritor, al creador.

Niebla llegó a mí tras haberla conocido hacía muchos años, demasiados quizá, en los que no tuve ocasión de satisfacer mi curiosidad por la obra de Unamuno. Al encontrarme recientemente de nuevo con el tema de la metaficción y tratarlo en una entrada anterior en A Librería sobre El porqué de las cosas, de Monzó, me interesé de un modo más profundo por la nivola de don Miguel y la devoré en cuestión de días, para acabar entendiendo al fin porqué es la obra que siempre se da como ejemplo sólido del subgénero de la metaficción.

El narrador omnisciente que presenta Unamuno en Niebla no hace más que reafirmar la intención de presentar al escritor como creador, como maestro del destino de los personajes que él mismo ha creado. El autor euskera se presenta a sí mismo como un dios entre líneas. Así, la nivola o novela de acción interior, deja atrás los convencionalismos de la novela más tradicional, que cuenta los acontecimientos o aventuras de la vida de uno o varios personajes para dar paso a un estilo más moderno, más reflexivo e introspectivo en el que, de forma sutil, observamos los cambios que se van produciendo en el estado de ánimo de un personaje, pasando la acción así a un segundo plano.

–¿Ves? Ya te vas curando; ya empiezas a devorarte. Lo prueba esa pregunta. ¡Ser o no ser…!, que dijo Hamlet, uno de los que inventaron a Shakespeare.

La nivola de Unamuno no presenta un argumento demasiado definido; se encuentra envuelta en una fina ironía que me ha arrancado una sonrisa de vez en cuando; se basa en lo costumbrista, en la vida cotidiana más íntima y tiene muchísimo diálogo que el autor no interrumpe, pero sobre el cual deja claro que lo que dicen los personajes es algo que él mismo piensa y escribe. Todo el conjunto narrativo de Unamuno, de hecho, contrasta con la novela clásica y el estilo que le precedió, que fue el Realismo. El autor vasco no buscaba retratar la realidad tal y cómo era, sino más bien pretendía expresar el interior más profundo de sus personajes para sembrar de cuestiones metafísicas o filosóficas la mente de sus lectores.

De sus personajes secundarios cabe destacar la importancia que Unamuno dio a Eugenia, a quien presentó como un personaje femenino independiente y fuerte y a su tío Fermín, el “anarquista místico”, que presenta a su vez una serie de reflexiones profundas y variadas sobre la vida que pueden interpretarse de múltiples formas, pero en las que él parece no creer realmente, porque no actúa como habla. Esta característica podría ligarse a la reflexión que Unamuno pone en la mente de Orfeo, el perrito de Augusto, tras morir su dueño, y que habla del lenguaje como vehículo hipócrita.

La lengua le sirve para mentir, inventar lo que no hay y confundirse. Y todo es en él pretextos para hablar con los demás o consigo mismo. ¡Y hasta nos ha contagiado a los perros!

En conclusión, Niebla es una de las grandes obras de Miguel de Unamuno y supuso una creación que se adelantó a su tiempo y que, a pesar de no empezar a ser reconocida hasta casi cincuenta años después de su publicación, supo exponer el dilema que define al ser humano como un ser inseguro y lleno de dudas existenciales, dudas que empezaron a surgir en la sociedad moderna de comienzos del siglo XX y que preocuparon a parte de sus ciudadanos, que reflexionó sobre su destino y su sentido en el universo. No obstante, como todos los pensamientos que nos son desconocidos, estas realidades fueron extendiéndose poco a poco y es por ello que Unamuno, que decidió recorrer ignotos caminos en la ficción moderna, no fue reconocido como merecía hasta los años ochenta, cuando sus adelantadas reflexiones ya se habían afianzado, habían cogido fuerza y se habían instalado en la mente de la mayoría de personas interesadas por la literatura o por la filosofía.

La novela de Unamuno es una gran creación que, siendo ligera de leer, oculta graves matices filosóficos que no te dejarán indiferente. Si te interesa la novela de introspección, si quieres conocer como el género literario fue definiéndose en la época moderna o si, simplemente, quieres disfrutar de una buena lectura que te haga reflexionar, debes leerla.

Valoración: Excelente

Puedes adquirir Niebla, de Unamuno, aquí. La edición que os recomiendo está editada por Germán Gullón y cuenta con una guía de lectura de Heilette van Ree. Ambos autores aportan una documentación complementaria muy valiosa y enriquecedora.

3 thoughts on “Crítica a “Niebla”, de Miguel de Unamuno”

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