Bien, bien

Crítica a “11,4 sueños luz”, de Nicholas Avedon

Título: 11,4 sueños luz
Autor: Nicholas Avedon
Género: Ciencia Ficción
Fecha de su composición: Septiembre 2016
Edición: Digital
Editorial: Autopublicado
Número de páginas: 325

Podías comprar incluso lo que se sentía al morir

Nicholas Avedon nace en Madrid en 1975. Un potencial astronauta que se vio obligado a renunciar a los planetas para enfocar su carrera profesional a los ordenadores. Trabajador ejemplar durante el día, escritor de historias en sus propios universos y ávido lector por las noches. Como él mismo especifica en su página web (que no os podéis perder, porque tiene un gran material) sus grandes influencias literarias han sido Robert Silverberg, F. Polh, Pillip K. Dick, Süskind, Irving, Bukowski y William Gibson.

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Nicholas Avedon

Fue hace menos de un año, a finales de 2016, cuando publicó su primera novela, 11,4 sueños luz, que ocupa esta crítica. Aunque las letras no le son ajenas, pues profesionalmente ha publicado decenas de artículos, columnas de opinión y toneladas de contenido técnico. A principios de 2017 publicó Historias ficticias, una antología de relatos de ciencia ficción y fantasía.

Como anticipo de lo que os vais a encontrar en su primera novela, podéis echar un vistazo a la página web oficial de Ariel de Santos en la que, desde el año 2210, os presenta su trabajo como creador de sueños vívidos. No se puede negar que es una de las mejores maneras de promocionarse que he encontrado en un autor indie (y no tan indie). ¿Habéis visto la web? ¿Sí? Entonces seguro que os han entrado unas ganas tremendas de saber de qué estamos hablando.

—¿Es tan horrible como lo que he oído? —preguntó Joanne.
—¿Qué has oído?
—Que te chupan el alma y la graban para que alguien la consuma. — No sabía si lo decía en serio.
—Sí, es algo parecido, pero un poco más civilizado.
—Oh, ya veo. Sexo y violencia —dijo con sorna.
—Cerca. Espero poder hacer algo digno —respondí.
—Seguro que pagan bien.
—Sí. Pero no lo hago por eso.

Estamos en la megápolis París del siglo XXIV. El futuro, una vez más, no se vislumbra demasiado halagüeño para la humanidad: la ciudad se ha convertido en un pozo gris, sin gozar del sol, sumida en la corrupción. O, mejor dicho, a la gran parte de la población condenada a vivir en el llamado piso cero. En cambio, la élite vive y trabaja en una especie de torres gigantescas que son ajenas a la miseria que se exhibe a sus faldas. Tan solo se vislumbra una esperanza para este planeta tierra sofocado y miserable: el proyecto Veluss.

La cuarta expedición, Veluss M2210, tenía como destino el cuarto planeta del sistema Procyon, a 11,4 años luz.

Hace tiempo que vi reseñas y comentarios muy positivos de 11,4 sueños luz, pero fue gracias al excelente portal Reseñan Sancho donde encontré la oportunidad de ponerme en contacto con el autor para ofrecerle una crítica. Os cuento.

La responsabilidad de narrador recae en el absoluto protagonista de la trama con muchos frentes abiertos. Ariel de Santos es un aclamado creador de Sueños Vívidos: el arte de moldear las emociones íntimas del alma a través del neurolink. Realmente, es un concepto muy difícil de explicar pero, en resumidas cuentas, nuestro artista trae a un mundo gris y condenado ramalazos de belleza, color y vida.

Estructurado en capítulos de extensión media, con títulos poco explicativos de una o dos palabras, la lectura es ligera, amena y trepidante. De hecho, la trama arranca con un resumen específico de Ariel sobre el Trank, la nueva droga inteligente que ha cambiado el mundo. Casi podríamos decir que es una pista de que el lector se volverá un adicto al mundo distópico de Avedon. Esta droga ayuda al artista a huir de su realidad y de sus problemas, que no son pocos. Pero, pronto, se le encontrará otra manera de huir.

Sabía que seguiría tomando trank hasta que me muriera, como lo sabíamos todos los que allí estábamos. Lo importante era conseguir de nuevo la rehabilitación, para poder comprar de manera legal.

El trank fue la droga que cambió el mundo.

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Joanne, su amante y musa, se presenta al ya citado proyecto Veluss en el que Ariel se verá arrastrado. Dicho plan consiste en la ambiciosa meta de enviar a treinta mil hombres y mujeres a las estrellas, para que creen un mundo nuevo, un mundo mejor. Para ello, los candidatos deberán superar una serie de pruebas para obtener su billete de ida a la esperanza. Pero la historia tiene mucho más que contar que tal cosa: este árbol está lleno de ramas.

Y es que Ariel tiene mucho de lo que escapar, pero también mucho que agradecerse a sí mismo. A pesar de sus orígenes norteafricanos, ha sido capaz de labrarse un reconocimiento social gracias a su don como creador de los sueños vívidos. Por esta parte, encontramos la perspectiva del creador (he hablado mucho en este espacio de obras que tratan sobre escritores. Esto es algo similar, pero manejando un concepto audiovisual y difícil de comprender para nuestra realidad), su inspiración, el amor por su trabajo y, también, la importancia de encontrar la faceta comercial. En cierto modo, cada artista es esclavo de su pasión.

Ese era mi oficio: capturar las emociones, modelarlas y transformarlas en un producto que otros pudieran vender.

No solo nos moveremos en este ambiente que recuerda al más puro ciberpunk, sino que incluso hay espacio para la fantasía épica. Esto será gracias al mundo de Brin: una especie de World of Warcraft del futuro, donde el jugador será un avatar real dentro del universo. Una auténtica maravilla imaginativa que, mientras lo leía, tan solo podía desear formar parte de ello (o lo deseaba mi faceta rolera, un tanto abandonada). Además, no es un juego que el autor introduce de manera gratuita, pues tendrá cierta relevancia en la trama.

A la obra en su conjunto le he encontrado un problema principal. Existe una rotura de la perspectiva del lector que viene dada por el cambio de objetivo del protagonista. En el arranque de la historia, Ariel está ante una nueva oportunidad para hacer crecer su carrera, las neurréplicas, una nueva tecnología que hará posible revivir los recuerdos y experiencias de otros, sean cuales sean. En un momento dado, este objetivo pierde importancia para centrarse en las pruebas del Proyecto Veluss. En este sentido, la consistencia me ha parecido dispersa y mejorable.

Lo recordaba perfectamente: 2188, el año en el que EGIE voló la torre Eiffel de París.

También he de decir, sin querer terminar esta crítica señalando algo negativo porque el libro no se lo merece ni muchísimo menos, que sorprende que se trate de una novela autopublicada, tanto por su complejidad, el desarrollo de una trama que entretiene y satisface, un texto limpio y pulido, la maquetación del ebook es más que notable y, además, la portada es atractiva cuanto menos.

Ojalá todas las obras con sello indie fueran así.

Valoración: Bien, bien

Adquiere 11,4 sueños luz aquí

4 thoughts on “Crítica a “11,4 sueños luz”, de Nicholas Avedon”

  1. Mil gracias por la reseña, muy cuidada y detallista. Es un placer que reseñen a uno de esta manera, hasta me hubiera parecido bien que me pusieras a caer de un burro si es con tanto mimo. ¡Que buena selección de trozos de diálogo! y totalmente de acuerdo en el cambio de foco del protagonista. No sabes las vueltas que di con eso, hasta suavizarlo. Es complicado poner objetivos vitales a alguien que lo ha logrado todo y cada vez está mas al límite del abismo. No podía plantearlo al principio así que tuve que torcerle el cuello un poco a Ariel.

    Espero que cuando leas “Lágrimas negras en Brin” veas tambien los giños como los has visto aqui 😉

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    1. De verdad, Nicholas, gracias a ti. Así está labor de reseñas merece mucho la pena. Cogí la novela con ganas y sé que tenía un compromiso de reseñarla lo mejor posible (bien o mal). Al final me ha gustado, así que ambos salimos ganando 🙂 Un abrazo.

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