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“El origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: IX. De hadas y orcos

El reino de los cuentos de hadas es alto, ancho y profundo y está lleno de muchas cosas: en él se encuentran bestias y pájaros de toda suerte; mares de infinitas playas e innumerables estrellas; una belleza que es un encanto y un peligro omnipresente, una alegría y una tristeza tan afiladas como espadas. Un hombre puede considerar que ha tenido la suerte de adentrarse en este reino, pero su misma riqueza y su extraño carácter paralizan la lengua del viajero que quisiera describirlo. Y, estando allí, resulta peligroso hacer demasiadas preguntas, no sea que se cierren las puertas y se pierdan las llaves.

J. R. R. Tolkien, Sobre los cuentos de hadas (1947)

Que El Señor de los Anillos es una obra maestra tanto en forma como en temática es algo que pocos podrán discutir. La obra máxima de Tolkien ha sido considerada en múltiples ocasiones como uno de los mejores relatos de aventura épica y como uno de los que presentan un universo mejor construido y cohesionado. No obstante, Lin Carter nos lanza una cuestión en el octavo capítulo de su obra-análisis que entra en conflicto con todas las afirmaciones lanzadas anteriormente: ¿a qué género concreto pertenece El Señor de los Anillos?

Para entender la obra del profesor Tolkien y poder ensalzarla como se merece, debemos primero definir, identificar y clarificar su género concreto. En su día, muchos de los lectores de El Señor de los Anillos no eran grandes aficionados a la lectura, y así como ellos, muchos otros que se empaparon de las aventuras de Frodo y sus compañeros consideraron que la obra maestra de Tolkien era un elemento único y exclusivo en su género y que constituía, de hecho, un género en sí mismo, o que al menos lo hacía si lo entendíamos dentro del contexto propio de la literatura moderna.

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Objeto 1. Portada de On Fairy Stories (Sobre el cuento de hadas)

Pero como casi toda creación moderna o contemporánea, El Señor de los Anillos también tiene sus precedentes, sus orígenes y sus antecedentes literarios. Muchos críticos y estudiosos han comparado la gran creación de Tolkien con la obra maestra, titulada La reina de las hadas (The Faerie Queene, 1590-1596) del poeta inglés Spenser, que fue uno de los primeros artistas en revolucionar la lírica inglesa y en plantear nuevas formas poéticas al panorama literario del siglo XVI. Cabe mencionar que la obra de Spencer se encuentra actualmente incompleta porque se cree que se perdió parte del poema épico en un incendio, pero que aún así es uno de los poemas más extensos de la literatura inglesa.

La reina de las hadas es una gran composición lírica épica que, de forma alegórica, ensalza y analiza las que el autor consideraba las grandes virtudes de la nobleza y de los caballeros de la época con el objetivo de poner de moda dichos comportamientos. De forma más concreta, la epopeya ensalza a la Dinastía Tudor (que gobernó el reino de Inglaterra desde el año 1485 hasta el 1603) y a la reina Isabel I de Inglaterra.

Aquí radica, de hecho, la primera gran diferencia de La reina de las hadas con El Señor de los Anillos. El contexto que Tolkien planteó, a pesar de mostrar similitudes con los grandes maestros de la poesía épica, no trata de ocultar una realidad de forma metafórica, sino que la crea desde cero en la imaginación del lector con la única intención de explicarnos una gran historia. Las comparaciones que se han realizado de Tolkien con Spencer, no obstante, son algo lógico que puede entenderse debido a la riqueza léxica de ambas obras, al complejo y detallado mundo que muestran o a la trabajada temática que llevan de fondo. Pero, más allá de estas cuestiones superficiales, cuesta imaginar a la obra de Tolkien fuera de su propio contexto, cosa que es fácil hacer con La reina de las hadas. De hecho, fue el propio Spencer el que etiquetó a su obra de sátira de las personalidades políticas de su época en Gran Bretaña, pero la interpretación completa de su obra se encuentra, hoy en día, solo al alcance de los especialistas en sociedad isabelina.

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Objeto 2. Manuscrito de The Faerie Queenie

Podemos considerar, por lo tanto, que la gran obra de Tolkien es una novela de fantasía. Lo que ya hemos mencionado antes es su diferenciación con grandes clásicos como, por ejemplo, El Quijote (1605), que supone una sátira a los libros de caballerías de su época. Algunos de los fans de El Señor de los Anillos llegaron en su día a la conclusión de que la lucha entre los aliados de occidente y el oriental Mordor suponía una metáfora de la guerra fría entre el totalitarismo ruso y la Europa occidental. A su vez, dichos lectores llegaron a la conclusión de que el Anillo Único era un símbolo del peligroso armamento nuclear. No obstante, y como Lin Carter aprecia en su libro analítico, cualquier historia en la que las fuerzas de la luz y la oscuridad, del bien y del mal se enfrenten, puede llevarnos a deducir una metáfora similar. Y es, por lo tanto, una idea que no resulta válida a no ser que el propio Tolkien lo hubiese confirmado en su momento. Y no lo hizo.

Si Tolkien hubiese decidido esconder dicha simbología político-bélica en su trascendental novela, no cabe duda de que lo hizo genial. Como Lin Carter menciona, lo ocultó de forma magistral, incluso a la señora que perdió la cuenta tras haber leído toda la trilogía treinta veces. Es, por tanto, algo absurdo pensar que El Señor de los Anillos oculta una intención alegórica, pues supone un universo en sí mismo, una mitología única, una aventura que se refiere a ella misma y no guarda ni intenciones secundarias de carácter religioso, ni social, ni político. El mismo autor afirmó en un prólogo a El Señor de los Anillos de la editorial Ballatine lo siguiente:

Aborrezco con toda el alma la alegoría en todas sus manifestaciones y siempre la he aborrecido desde que me hice mayor y me volví lo bastante cauto como para detectar su presencia. Prefiero mil veces la historia, verdadera o imaginaria, con sus diversas posibilidades de aplicación al pensamiento y la experiencia de los lectores.

Llegamos, gracias a toda esta información, a la conclusión de que El Señor de los Anillos no pertenece al género alegórico porque a su autor no le agradaba el género; de hecho, lo aborrecía. Y que, por lo tanto, no supone ninguna representación metafórica de la sociedad en la que Tolkien vivió. En la siguiente entrada acabaremos de esclarecer este tema introduciendo la teoría de Tolkien sobre el cuento de hadas.

Si queréis leer más sobre El Señor de los Anillos no os perdáis mis entradas anteriores en A Librería:

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: I. Introducción

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: II. John Ronald Reuel Tolkien

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: III. El proceso creativo

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: IV. El profesor tras ESDLA

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: V. La Tierra Media y El Hobbit

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: VI. El principio de la leyenda

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: VII. El nudo se entrelaza

“El Origen de El Señor de Los Anillos”, de Lin Carter: VIII. Épicas conclusiones

 

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