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“El origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: X. Submundos verosímiles

Con la forja de Gram se descubrió el hierro frío; con la creación de Pegaso se ennoblecieron los caballos; en los Árboles del Sol y de la Luna se manifiestan en todo su esplendor las raíces y el tronco, las flores y la fruta.

El ensayo de Tolkien titulado Sobre el cuento de hadas (On fairy-stories) fue la ampliación de un discurso que dio en la Universidad de Saint Andrews y que revisó y editó posteriormente. En dicho ensayo, Tolkien definió, con perspectiva, tanto su visión eficaz para expresar ideas como su pensamiento creativo mientras componía El Señor de los Anillos. Al principio del texto, el profesor nos recuerda que en la mayoría de cuentos de hadas no aparecen hadas. Con esta aparente contradicción empieza Tolkien su ensayo, para más tarde ejemplificar su teoría con cuentos populares como Caperucita Roja (1697) o El gato con botas (1697), ambos adaptados al medio literario gracias a Charles Perrault.

Tolkien nos explica más tarde que los relatos conocidos como cuentos de hadas no llevan como protagonistas a las mencionadas hadas, sino que, más bien, suceden en el país de las hadas. De las anteriores afirmaciones, podemos deducir que Tolkien consideraba que su obra maestra era un gran cuento de hadas de extensión nunca vista:

Casi todos los buenos “cuentos de hadas” narran las aventuras de [mujeres y] hombres en el Reino Peligroso o en sus brumosas inmediaciones.

Según Tolkien y sus explicaciones, podemos entender que la famosa obra de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas (1865) no es un cuento de hadas, porque para que una obra se considere como tal debe contar con elementos fantásticos que no se escondan en el típico truco argumental del todo ha sido un sueño. En tal caso y según el criterio del profesor en su ensayo, Alicia en el País de las Maravillas se encontraría en otro género perteneciente a la fantasía o dentro de algún subgénero al que podríamos apodar literatura onírica. Lo realmente relevante, por lo tanto, es dotar al cuento de hadas de una verosimilitud total dentro de su universo y hacer que su historia se presente como verdadera tanto para sus personajes como para los lectores.

El ensayo de Tolkien sigue avanzando mientras divaga sobre los orígenes del cuento de hadas y sus relaciones y vínculos con la historia, la mitología y la religión, llegando así a la conclusión de que la historia y el mito pueden parecerse en ocasiones debido a la composición sustancial común de ambas: la intención de explicar una historia.

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Objeto 1. Portada de la edición revisada y comentada de On fairy-stories (HarperCollins, 2014)

Tolkien nos explica a continuación que la antigua, extendida y errónea idea de que los cuentos de hadas están pensados para los niños debe ser matizada y desaparecer así del pensamiento colectivo. Según el profesor, dicha premisa ha dañado a la literatura fantástica, perdiéndose en algunas obras la costumbre de realizar creaciones adultas, con contenido complejo y trabajado, con un trasfondo más cuidado y sin tener en cuenta la mentalidad infantil, que suele creerse todo lo que le dicen las páginas escritas.

Dicha tendencia mental fue etiquetada en su día de suspensión voluntaria de la incredulidad por Coleridge, un filósofo, crítico y poeta inglés —y uno de los primeros que impulsó el Romanticismo en su país—. Tolkien, no obstante, rechazó dicha teoría, creando la suya propia a partir de dos ideas claves. La primera consistía en dejar a un lado el tener que adaptar nuestra mente al leer fantasía. No es necesario, según Tolkien, realizar un esfuerzo para disfrutar de una obra de fantasía. Según el profesor, cualquier obra de ficción debe tener la verosimilitud necesaria para que el lector no deba prepararse previamente. Es, de hecho, en la segunda idea de Tolkien sobre la teoría, donde refuerza la primera, asegurando que el escritor debía trabajar en aumentar la calidad de su obra fantástica y lograr, así, que su universo inventado resulte bien cohesionado, completo, realista y coherente hasta el más ínfimo de sus detalles. Solo así se lograría, según la contrateoría del profesor, conseguir un cuento de hadas auténtico. Él mismo explica:

Lo que ocurre, en realidad, es que el narrador se revela como un subcreador de un cuento de hadas bien elaborado. Crea un mundo secundario en el que la mente del lector puede entrar sin dificultad. Y, una vez dentro, lo que él cuenta es “verdad”: respeta las leyes de dicho mundo.

El ensayo del profesor avanza y nos explica la teoría de la subcreación, ensalzando dicho término y hasta considerándolo parte de toda expresión artística. Según el profesor, todos los artistas, sin importar el ámbito al que pertenezcan, se dedican a inventar mundos secundarios. Así, los universos que se presentan en sus obras deben mostrarse coherentes y obedecer sus propias leyes naturales. A veces, dichas leyes distan muchísimo de las del mundo real a pesar de basarse la obra fantástica en él, siendo ésta una acentuación y apreciación ampliada de nuestro día a día.

Si bien la fantasía procede del mundo primario, un buen artesano ama su material y posee un conocimiento y una percepción de la arcilla, la piedra y la madera que sólo el arte de la creación le puede proporcionar.

El profesor también habla en su ensayo del placer, del encantamiento que puede proyectar una buena obra de fantasía hacia los lectores. Si el escritor logra dicha atracción, puede sentirse realmente satisfecho de lo que ha creado.

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Objeto 2. Portada de Alice’s Adventures in Wonderland

Gracias al ensayo de Tolkien conocemos su filosofía literaria y las coincidencias que en ella encontramos en El Señor de los Anillos. Toda esta información nos ayuda, además, a conocer mejor la obra del profesor inglés.

En conclusión, el pensamiento literario de Tolkien cree que el género fantástico es una de las formas más adecuadas del arte para presentar un mundo secundario bien cohesionado, sólido y sin incoherencias y la creación de un mundo secundario que cuente con dichas características debería ser el objetivo de toda obra fantástica.

Todo escritor que crea un mundo secundario […] espera que la característica especial de este mundo secundario (si bien no todos sus detalles) proceda de la realidad o fluya hacia ella.

Si queréis leer más sobre El Señor de los Anillos no os perdáis mis entradas anteriores en A Librería:

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: I. Introducción

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: II. John Ronald Reuel Tolkien

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: III. El proceso creativo

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: IV. El profesor tras ESDLA

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: V. La Tierra Media y El Hobbit

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: VI. El principio de la leyenda

“El Origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: VII. El nudo se entrelaza

“El Origen de El Señor de Los Anillos”, de Lin Carter: VIII. Épicas conclusiones

“El origen de El Señor de los Anillos”, de Lin Carter: IX. De hadas y orcos

 

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