Excelente

Crítica a “Amor divino, amor profano” de Sandra Ferrer

Título: Amor divino, amor profano
Autor: Sandra Ferrer Valero
Género: Ficción histórica
Fecha de su composición: Marzo 2017
Edición: 1ª Digital
Editorial: Autopublicado
Número de páginas: 269

La Madre Clara se conocía en Asís por haber realizado algún milagro, desde aquellos que aseguraban que sanaba a los enfermos hasta su gran gesta al expulsar a los sarracenos de los muros de la ciudad alzando con su mano el Santísimo Sacramento ante los ojos del infiel.

Sandra Ferrer Valero nació en Barcelona (1976). Es licenciada en Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona y, después, inició sus estudios de Historia en la UNED. Profesionalmente, se dedica al mundo de la comunicación y el marketing digital pero su auténtica pasión es la historia, a la que dedica sus ratos libres.

Desde hace varios años, además, gestiona el blog especializado en la historia en femenino http://www.mujeresenlahistoria.com y colabora en la revista Clío Historia. Además, cuenta con una completísima Web de autora que os recomiendo seguir de cerca.

Ya puede presumir de varias novelas publicadas, lo que afianza su figura literaria como experta en el tema de la historia de mujeres: Mujeres silenciadas en la Edad Media (Ed. Punto de Vista, 2016), Breve historia de la mujer (Ed. NOWTILUS, 2017), Breve historia de Isabel la Católica (Ed. Nowtilus, 2017). Y por supuesto, la obra que ocupa esta crítica. Novela autopublicada que, de primeras, sorprende por su rigor y su innegable calidad narrativa.

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Sandra Ferrer Valero

Santa Clara de Asís luchó durante gran parte de su vida para la creación de la orden religiosa de las clarisas. Fue en 1236 cuando terminó de redactar su regla y la envió a Roma para su aprobación. Es justo esa fecha en la que termina este libro.

Todos buscaban el sentido de su vida, en el amor del mundo, o en el amor de Dios. Y esas dos pequeñas no iban a ser ajenas a los cambios que el siglo estaba dando.

Partiendo de datos reales, lo que supone un gran reto de documentación por parte de la autora, Sandra Ferrer nos acerca la historia de dos niñas: Clara de Asís y Bona di Guelfuccio. Ambas compartes una tierna y sincera amistad en su infancia, que se prolonga hasta la madurez. En este camino, las dos luchan por encontrar el sentido a su camino. Mientras Clara, que gracias a su posición acomodada tiene la posibilidad de encontrar un buen esposo y vivir en la riqueza, las posibilidades de Bona se complican y la joven teme acabar recluida en un convento. Lo que una repele, la otra lo desea: el amor divino y el amor profano.

Sandra Ferrer se puso en contacto con A Librería para solicitar una crítica. Tengo que decirlo: me alegra mucho que lo haya hecho. Pese que al principio tenía mis reticencias ante la novela, he encontrado en ella una de mis obras favoritas en lo que va de año… ¡Y autopublicada! Esto se merece todo mi entusiasmo a la hora de escribir esta crítica. Allá vamos.

Y mientras Clara rezaba, Bona repetía los versos escuchados en la plaza de boca de algún juglar.

El tipo de narrativa elegida bebe, principalmente, de la descripción y el monólogo interior. Además de detenerse en describir las peculiares circunstancias propias de la época, para Sandra Ferrer son muy importantes los sentimientos y personalidades de sus diferentes personajes, sobre todo de las dos protagonistas. Hay un desarrollo de realismo que el lector puede disfrutar y, creedme, es una delicia que no es nada habitual.

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La novela comienza en un momento futuro: Clara ya es una mujer religiosa muy envejecida. En su reclusión, recibe una carta del exterior de alguien muy preciado para ella. Este es el punto de inflexión en el que se produce un salto al pasado, para hacernos llegar todos los sucesos transcurridos hasta ese momento. Sin embargo, no será la única rotura temporal: la autora se valdrá de saltos temporales importantes para hacer avanzar la trama (dado que seguimos la vida desde que Clara y Bona son unas niñas hasta que se convierten en mujeres adultas). Pero no hay de qué preocuparse, no existe ninguna posibilidad de perder el hilo. El argumento es bastante sencillo de seguir (aunque no lo sea su desarrollo).

—Me lo pondré debajo de los vestidos que uso normalmente. Nadie lo notará.

—¿Y con qué fin?

—Para recordarme que todos hemos de ser pobres como lo fue Jesucristo. Quiero compartir su pobreza. Sé que es difícil de entender pero es lo que siento en el fondo de mi corazón.

El título bien podría hacer referencia al lienzo de Tiziano (aunque ha sido pintado en bastante tiempo más tarde de la época en la que se desarrolla la historia). Amor sacro y amor profano representa a tres figuras: dos mujeres y un niño alrededor de una fuente de piedra. De fondo, un paisaje iluminado por una puesta de sol. Estas dos mujeres nos pueden hacer pensar en Clara (la divinidad) y Bona (lo terrenal) y, el niño, en su posible descendencia cuando cumplan el papel que le está destinado a la mujer: criar a sus hijos, ser una buena esposa. Aunque, sin rizar más el rizo, no se trata más que dos destinos diferentes: el amor divino se refiere a la entrega a la vida religiosa, el amor por Dios y por sus designios. El amor profano, como es obvio, se refiere a la entrega en matrimonio a un hombre. Dos clases de salidas, casi las únicas, que existían para las mujeres de la Edad media.

Allí se dio cuenta de lo frágil que era su fe. Era un castillo de naipes que podía desmoronarse con un simple y absurdo bufido y no un edificio de piedra inexpugnable. Era una flor hermosa pero que se mustiaba al primer aguacero.

Además de en datos históricos reales en los que están inspirados los personajes y que resultan de gran interés, la autora ahonda en diferentes temas muy importantes y bien desarrollados. Por un lado, y tal vez es más subrayable, es la amistad entre las protagonistas. También se hace un análisis crítico del papel de la mujer y del machismo de la época, al que se sometían con absoluta resignación. Podemos apreciar las claras diferencias sociales entre la familia de Clara y la de Bona y, al mismo tiempo, el trato que recibían las sirvientas. Por supuesto, se realiza un análisis pormenorizado de los sentimientos que despertaba la vida religiosa que, muchas veces, era tomada como una vía de escape para que aquellas mujeres que no conseguían casarse no se murieran de hambre. Se mencionan las difíciles circunstancias sociales y las guerras, señalando hechos históricos verídicos. Y, además, se refleja cómo era la rutina hogareña y ociosa por aquel entones. Queda espacio, como no podía ser de otro modo, para los milagros. Sucesos de naturaleza divina que no se pueden explicar y en los que la Iglesia basó su credibilidad durante siglos.

Pero, a pesar de toda esta riqueza en sí, como lectora lo que más me ha gustado es la cuidada narrativa de Sandra Ferrer, la hermosura de su manera de contarnos lo qué sucede y lo que sienten. La dureza y la honestidad, unidas al reflejo del amor y a la fe, tan diferentes y tan similares en realidad. Es un libro poderoso, consistente, bien estructurado y muy bien desarrollado. Sin lugar a dudas, una de las mejores novelas que he leído y reseñado en lo que va de año. Mi más entusiasta enhorabuena a la autora.

Valoración: Excelente

Adquiere Amor divino, amor profano aquí

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