Sí, recomendable

Crítica a “La tía Tula”, de Miguel de Unamuno

Estas palabras le brotaron de los labios fríos y mientras se le paraba el corazón. Siguió a ellas un silencio de hielo; durante él la sangre, antes represada y ahora suelta, le encendió la cara a la hermana. Y entonces, en el silencio agorero, podía oírsele el galope trepidante del corazón.

Título: La tía Tula
Autor: Miguel de Unamuno
Género: Drama
Editorial: Salvat
Edición: 1969 (Biblioteca básica)
Fecha de su composición: 1907 (se publicó en 1921)
Número de páginas: 133

Don Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 29 de septiembre de 1864 – Salamanca, 31 de diciembre de 1936) fue un filósofo, poeta y escritor español y uno de los representantes más destacados de la Generación del 98. Durante su carrera literaria, el autor euskera cultivó gran variedad de géneros literarios como la novela (o nivola, si se prefiere), el teatro, la poesía o el ensayo y es conocido también por sus teorías lingüísticas, en las que consideró oportuno, por ejemplo, cambiar la ge por la jota en algunas palabras o eliminar las haches mudas. Se le definió, en ocasiones, como el escritor más preocupado por la fonética y el lenguaje de toda su generación.

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Objeto 1. Fotografía de Miguel de Unamuno

Unamuno fue también considerado el escritor más culto de su generación y entendía al ser humano como un “ente de carne y hueso” y, por extensión, definía la vida como un fin en sí mismo. Sus ideas, rodeadas de una creciente congoja personal, empezaron a mostrarse en obras ensayísticas como En torno al casticismo (1895), Mi religión y otros ensayos (1910), Soliloquios y conversaciones (1911) o Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913).

Por otro lado, su lírica se define en títulos como Poesía (1907), Rosario de sonetos líricos (1912), El Cristo de Velázquez (1920), Rimas de dentro (1923) y Romancero del destierro (1927), esta última obra basada en su experiencia personal en la isla de Fuerteventura, adonde fue deportado por oponerse a la dictadura de Primo de Rivera.

También cabe mencionar las composiciones teatrales que Unamuno escribió, como por ejemplo Fedra (1924), Sombras de sueño (1931), El otro (1932) o Medea (1933). Finalmente, destacamos la narrativa unamuniana, que evolucionó desde sus primeras novelas Paz en la guerra (1897) y Amor y pedagogía (1902) hasta Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920) o La tía Tula (1921), que hoy ocupa esta entrada. El autor vasco cubrió sus obras con un cierto aire de polémica teñida de reflexión e invitó a sus lectores a plantearse cuestiones existenciales, sociales, morales, psicológicas o filosóficas, entre otras.

Y bien miradas y de cerca aún despertaba más Gertrudis el ansia de goce. Mientras su hermana Rosa abría espléndidamente a todo viento y a toda luz la flor de su encarnadura, ella era como un cofre cerrado y sellado en que se adivina un tesoro de ternuras y delicias secretas.

Vamos a ser directos desde el principio: La tía Tula esconde una historia de amor erótica. De un erotismo sutil, entrelineado, sí, y que se traduce en la narración de los sucesos acontecidos en torno a la represión sexual de una de sus protagonistas. Cuando Unamuno terminó de revisarla en 1920 tenía ya cincuenta y seis años y sus experiencias y reflexiones le habían marcado sobremanera. Una temprana salida de la madurez empezaba entonces a marcarse en el autor y, a pesar de ello, hoy en día, La tía Tula parece no haber envejecido nada.

Su eternidad literaria quizá se deba, de hecho, a la sutil expresión de erotismo que mencionábamos antes y que se expande a todo el contexto de la obra, arrancándola así de un lugar y tiempo determinados. Quizás el ambiente pueda situarse en una Salamanca —o cualquier otra ciudad española— dormida o más bien perezosa por despertar, estancada en el tiempo y en las circunstancias de principios del siglo XX mientras esconde las pasiones humanas que, atemporales, nos definen.

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Objeto 2. Edición comentada de La tía Tula (Salvat)

Ya hablamos anteriormente de la nivola de Unamuno y de su novela Niebla en A Librería (podéis leer dicha crítica aquí) y La tía Tula, en forma, no guarda grandes diferencias con ella: su trasfondo de reflexión existencial y personal y sus múltiples diálogos la hacen una creación similar a su predecesora. Gracias a su estilo, Unamuno ha contribuido a engrandecer tanto el pensamiento filosófico como el literario desde su época hasta nuestros días.

Si bien se ha recogido la historia de la Tía dentro del género dramático, podría considerarse que su tema central es el del hogar, el de la exaltación de la casa y de los componentes de ésta. Primero, la casa del tío de Gertrudis (Tula) y su hermana Rosa, don Primitivo (creo que su nombre lo dice todo). Más tarde, el hogar de Rosa y su marido Ramiro, cuyos hijos son cuidados por la Tía Tula. Toda la familia gira, en realidad, en torno a la Tía Gertrudis, que va manteniendo el fuego del hogar limpio, puro y vivo a costa de reprimir sus instintos más humanos.

Pero que no nos engañe el título de la obra: La tía Tula es una obra que gira en torno a dos grandes y poderosas mujeres, a dos hermanas que lucharán contra el amor y contra la muerte. Rosa —que sigue apareciendo en la novela tras morir, por boca de su hermana, principalmente— es, de hecho, la personificación de la vida y del amor y Tula lo es del freno y de la muerte, con sus característicos y “grandes ojos negros de luto”. En múltiples ocasiones, de hecho, encontramos señales feministas a parte del mencionado protagonismo que se le da a ambas hermanas: los hombres quedan despreciados por su comportamiento y son tratados de “brutos” durante la obra e incluso se cuestiona la religión cristiana a través de su machismo contextual.

¡El cristianismo, al fin, y al pesar de la Magdalena, es religión de hombres —se decía Gertrudis—; masculinos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo!…” Pero, ¿y la Madre? La religión de la Madre está en: “He aquí la criada del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

El amor está escondido en la novela de Unamuno, pero eso no le impidió crear, con La tía Tula, una gran novela de amor. De amor fraternal, del amor de Ramiro por Rosa y más tarde por Gertrudis, del amor obligado de Rosa por su marido y del amor escondido, reprimido de Tula por Ramiro. Todo este entresijo de secretos del alma humana va hilándose perfectamente gracias al aparentemente sencillo y directo estilo de Unamuno, que nos imbuye de pasión mientras nos vamos sumergiendo en sus líneas.

Es por la vía del amor que en La tía Tula se reflexiona también sobre la realidad y la religión. Y no es hasta el final que las constantes oraciones que llenan los diálogos cobran sentido y se clarifican sus hechos: “Líbranos, Señor, de todos los males, pasados, presentes y futuros”. Líbranos, podría decirse, de que el pasado nos parezca falso, de que nuestros recuerdos no sean en realidad auténticos.

En La tía Tula se manifiesta la vida que hemos vivido y es por ello que una historia de amor se transforma en una historia, obligatoriamente, de muerte.

Quidquid latet apparebit [Todo lo que está oculto se manifestará]

Dies irae (Tomás de Celano, s. XIII)

La tía Tula, en conclusión, entremezcla elementos tales como el amor fraternal, el erotismo sutil o la reflexión religiosa, entre otros. Es una expresión paralela de vida y muerte, de futuro y pasado, de como, mientras no podemos volver atrás en el tiempo, sí podemos contrastar nuestros recuerdos o el sentido real de algunos de ellos para encontrarle a la vida un sentido conjunto al de la evidente consumación a la que todos estamos condenados.

La vida es irreversible y así lo expresa Unamuno en su Tía Tula a través de diferentes flechas de amor que apuntan a diferentes consecuencias, a distintos lugares de los que jamás podrán regresar. La inevitabilidad del alma humana queda reflejada en esta notable obra narrativa del autor euskera y nos hace cuestionarnos la calidad de las obras superficiales que hoy en día se etiquetan de amorosas o eróticas pero que no llegan a expresar ni un diez por ciento la realidad del alma humana como lo hicieron las sutilezas de Unamuno en La tía Tula.

Como curiosidad final, La tía Tula contó con una adaptación cinematográfica en el año 1964 dirigida por Miguel Picazo y protagonizada por Aurora Bautista y Carlos Estrada.

Valoración: Sí, recomendable

Podéis adquirir La tía Tula aquí.

 

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