Sí, recomendable

Crítica a “Comed, comed, que ya estoy invitada”, de Mª Teresa León

En portada. De izquierda a derecha: Federico García Lorca, María Teresa León y Rafael Alberti.

Título: Comed, comed, que ya estoy invitada. Dentro del recopilatorio de cuentos y fábulas Una estrella Roja
Autor: María Teresa León
Género: Narrativa
Fecha de su composición: 1979
Editorial: Selecciones Austral Espasa-Calpe
Número de páginas: 5/ 192.

María Teresa León nace en Logroño en el octubre de 1903 para poner en la palestra el papel de la mujer en una sociedad franquista, machista y sometida en la que adoptará a través de su literatura valiente y en todos sus géneros, pero sobre todo en la narrativa, un rol feminista y de progreso hacia las libertades. Su vocación expresiva reñía con los derechos sociales desde muy pequeña, pues la expulsaron del colegio de monjas donde estudiaba por leer libros prohibidos y por querer estudiar bachillerato. La influencia de su tía María fue primordial en su formación ya que esta fue la primera mujer en obtener un Doctorado en filosofía y letras en España. Aun así nuestra femme de lettres, sigue su andadura de lucha en Burgos (escribe artículos de defensa de los derechos sociales y de las mujeres con el pseudónimo Isabel Inguirami, heroína d’Annunzio) y más tarde en Argentina (colaborando en cuentos de carácter comunista). Su sueño comunista lo adquiere a raíz de un viaje a la Unión Soviética becado por la Junta de ampliación de estudios para elaborar una investigación teatral. Dicho viaje se convertirá en una de sus mayores influencias.

La autora riojana se convierte entonces en un miembro reconocido del grupo de las “Sinsombrero” y, además, en secretaria de Alianza de escritores antifascistas, en promotora del Congreso de intelectuales de defensa de la cultura, en subdirectora del Consejo Central de teatro y de diferentes empresas teatrales, en codirectora de la obra lorquiana Títeres de Cachiporra y en participante en las guerrillas de teatro del ejército del centro y en la Junta de defensa del Tesoro artístico Nacional.

Mª Teresa León se dedicó a muchas otras actividades del tipo mencionado y, de hecho, nos recuerda a Celaya por su labor de defensa y difusión de la cultura con el movimiento iniciado por el romance gongorino o a Lorca, otra de las fuentes de la riojana, que con su barraca de teatrillos rodantes en el Siglo de Plata también defendió la cultura pero, sobre todo, como mujer revolucionaria, nos evoca irremediablemente a una de sus referentes, Sor Juana Inés de la Cruz en aquel poema Hombres necios por su lucha desde las letras para expresarse en un mundo de hombres.

Por todo ello se exilió 40 años a Francia, Argentina y luego a Italia. Al volver tras la dictadura muere en Madrid el 13 de diciembre de 1988, coincidiendo con la jornada de huelga general en Españaque significó su último acto de rebeldía.

Podemos considerar su obra de influencia unamuniana en cuanto a la descripción de la intrahistoria de España y, sin duda, machadiana adoptando su compromiso moral y republicano, siempre fiel, coherente y bueno, pero no podemos olvidar el lenguaje poético y la sensibilidad de Alberti, quién la acompañó durante gran parte de su vida. En su estilo observamos así un lenguaje cercano, con honda sensibilidad y, sobre todo, la defensa del papel de la mujer, que siempre aparece como sometida, paciente y mayoritariamente víctima de una tragedia final (que deja siempre lugar a la esperanza y al cambio) fruto del “mal amor” (como lo denomina Nebrera) y con la necesidad de reivindicardel mismo modo que la autora sufrió en su propia vidasu condición de mujer. Pero la desolación en su obra cuando trata el tema del destierro y la nostalgia nos trae a la memoria al gran Cernuda. El autor sufrió mucho dolor al tener que irse de España y ello se refleja en León; en ocasiones su narración es un canto desgarrador. Otra herencia que recibe la autora es la huella de Larra, Pardo Bazán, Clarín o Galdós: por un lado, el tono costumbrista que también se aprecia en sus cuentos si descartamos el modelo de personajes tipo que es substituido por la mujer como elemento innovador y reivindicativo igual que Galdós o Clarín explotaron la independencia de la mujer, y de especial importancia es la influencia del Maestro Don Miguel de Cervantes cuando hace referencia al derecho de amar de las mujeres en el capítulo XIV de El Quijote trabajando con mujeres ambiciosas, diferentes, aunque la pastora Marcela no reivindica la misma libertad, pero es libertad al fin y al cabo. Por otro lado, la autora logroñesa destaca por su evolucionado realismo-naturalismo lírico.

Todo eso León lo lee desde la cuna y se refleja en su obra. La exquisitez de su obra está dotada de un estilo propio que refleja la fuerza y la individualidad femenina. Según Antonia Rodrigo1, podría definirse como una prosa “terca, fluida, luminosa, apasionada” pero con una mirada sensible, sencilla, introspectiva que nos transmite cierto sentimiento de hermandad. Alterna la descripción, sobre todo de espacios rurales, dentro de un marco costumbrista o realista naturalista y, así, denunciadora, con la proyección crítica respecto a la mujer. Ella, con un estilo moderno en su estructura y al mismo tiempo familiar por su sensibilidad expresiva y cuidada, siempre la muestra como víctima de las circunstancias sociales más que políticas, como la Marcela quijotesca y como diría Gregorio Torres Nebrera2: “sometida a unos códigos de comportamiento que le niegan su libre decisión en lo amoroso”. A veces, incluso parece que la autora las enmascara entre el paisaje, invisibles pero a su vez, como la naturaleza, con un espíritu salvaje.

De entre sus publicaciones más importantes destacamos Memoria de la melancolía, una autobiografía escrita durante su exilio en Buenos Aires en 1970. Y en cuanto a su producción dramática cuenta con cinco obras de relevancia de las que, en la mayoría, no está clara su fecha de producción: Huelga en el puerto, Misericordia, La tragedia optimista, La libertad en el tejado y edición de La historia de mi corazón.

9788423920532-es-300

Objeto 1. Portada de Una estrella roja (Espasa-Calpe)

Nuestra autora convirtió inconscientemente su nombre en, como dice Isabel Marcillas, “el representante de la multiplicidad de mujeres con las que se sentía hermanada; diferentes Teresas que se unían en una, dando vida a una voz femenina”3, defendiendo los derechos de las mujeres y de la clase obrera que había conocido en las políticas de la República. Por desgracia, no fue reconocida su labor hasta después de su muerte.

María Teresa León nos muestra en esta breve y rápida lectura con esta fábula una metáfora entre la protagonista, humana y miembro de una familia quebrada por los bandos de la guerra (los azules y los rojos, los ciervos del bosque y los perros de caza) que acabará por traicionarla y un ciervo, que nos recuerda al de Bécquer y que se convierte en el manjar de su propia “familia”:

¿A quién le importa un insecto? ¿A quién las manchitas de nuestra piel, si en ellos las balas se centran solas? Estábamos en el mismo mundo, dormíamos con la misma boca abierta, amábamos con temblor igual y, sin embargo, ellos eran ellos y nosotros, nosotros.4

Esto es, un paisaje rural y salvaje, pero sobre todo ficticio. Ello se funde en casi cada cuento con la descripción de un ambiente fiero, rural, anclado, primitivo, no tanto por un paisaje alejado de la ciudad, sino en cuanto a su aislamiento y falta de cultura y conocimiento, hecho que permite estar en armonía con los personajes por su condición de “no civilizados” en cuanto a la educación de zonas rurales durante el franquismo y lo que ello les lleva a ser unos impedidos en cuanto a revolucionarios.

Ambiente rural que, como afirmó el crítico Gregorio Torres Nebrera5 se ve vencido por el “radicalismo ideológico frente a aquellas incipientes denuncias de la vida rural”. Pero pese a esa escasa educación que León casi quiere retratar como aborregados y analfabetos, las gentes estaban movilizadas en la defensa de las libertades. Por ello, en los cuentos hay una constante vinculación con la ideología igualitaria de la autora. La aparición de la defensa de los derechos y las libertades con un incipiente orgullo de clase obrera.

El cuento nos presenta a través de una estructura tradicional y de la primera persona a una joven protagonista, un ciervo en su defecto, que vagabundea por el bosque y la describe como víctima derrotada, sufridora del silencio amargo, como esas mujeres sometidas por sus maridos que pretendía despertar. El ciervo da voz al título de la fábula para anteponernos a esa víctima. Ese ciervo que corre representa el exilio español y esos perros de caza representan a los fascistas sobre los republicanos, los vencedores sobre los vencidos, la represión sobre la libertad. Pero lo más interesante y curioso es el trato que León le da al ser humano como “madre” del ciervo, dotándonos así de un súper poder racional y de decisión que altera toda la fábula. La madre, el ser humano, son esos cazadores que salen al bosque con sus perros, para cazar presas que luego se comerán, para arrebatarle a la naturaleza lo que le ha dado como a un igual y no como a un rango superior por ser humano. Esta reflexión de poder respecto al ser humano nos lleva al tópico del hombre es un lobo para el hombre, cazando un ciervo para gozar, o participando en una guerra civil por una ideología y, consecuentemente nos confirma el conflicto de emociones de la protagonista entre la razón y la pasión. El paralelismo de ese conflicto de bandos entre azules y rojos, entre madre e hija, nos remonta al hecho de que también en la guerra civil muchas familias se traicionaron los unos a los otros por una ideología. Los hermanos Machado son un ejemplo, pero también en la sociedad civil unos delataban a otros y el odio aumentaba y dividía a las gentes y a las familias hasta el punto en que no lloraban sus fusilamientos. Eso lo observamos también de algún modo en la fábula, refiriéndose al bando contrario cuando dice “ratas”: “vi entrar a mi madre. ¡Nunca estuvimos más lejos! (…) en el límite silencioso recordó: ¿no ha vuelto mi hija?¡Siempre rondando por el bosque con las ratas!”6

Sorprende también en esta fábula los versos que cantan y aparecen al inicio y al final, y esos que hacen referencia al título de la fábula, cuando la protagonista, ya muerta, se presenta en el banquete de sus cazadores y se rebela ante ellos igual que los exiliados y los intelectuales en especial siguieron sus idearios fuera del país, resistiendo.

Finalmente, el ciervo se deja degollar después de haber luchado por su vida: “Los brazos de los árboles no consiguieron protegerme (…) los guardianes del orden ataron dos a dos mis patas finas, y un solo latido me dijo que no hay mayor desconsuelo que perder, gota a gota, la sangre sobre la tierra que nunca jamás volveremos a pisar.”7. Ello representa el triunfo del fascismo y todo lo que con esa dictadura se perdió.

Llegué a León a través del documental Las Sinsombrero, sugerido por mi amiga María. A partir de entonces me llamó la atención la autora por escribir cuentos ya que por aquel entonces intentaba encontrar mi tema de investigación para el estudio de final de grado. Tenía claro que quería juntar dos grandes intereses para mi investigación: el feminismo en la época franquista y los cuentos. Así pues, María Teresa León era la clave. Todo lo que caía en mis manos de ella me parecía acertadísimo para mi trabajo y esta obra la leí por primera vez en una selección de cuentos para mi estudio de final de grado siendo una de la escogidas.

María Teresa León representa en mi opinión esa aparente calma, esa espera que define a todas las mujeres de las que habla, esa amargura por haber sido derrotadas por la sociedad machista y, en la que se esconde una desesperación humana por sentirse y ser válidas, es una paciencia que sirve de fusil, de resistencia, frente a una lucha constante por desencasillar a la mujer del hogar y hacer reales sus derechos. Sus protagonistas, el ciervo y otras jóvenes representadas en sus cuentos, evolucionan del sometimiento a la valentía y la rebeldía, se hacen valer, alzan la voz y se manifiestan con voluntad de cambio por sus derechos y, así, por los de España. Este es el valor ético de la obra, la representación de las que lucharon y luchan, de las que no se habló ni se hablan pero simbolizan un paso adelante en materia de igualdad. León, con su sensibilidad, te atrapa, te hace partícipe de esos paisajes primitivos, de esa luchas y vivencias y es inevitable no enamorarse de su valentía y de su acierto a la hora de llevarlo a la palabra.

Valoración: Sí, recomendable

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1 MARCILLAS PIQUER, pág 2.

2TORRES NEBRERA, Gregorio: La obra literaria de María Teresa León (cuentos y teatro), Anuario de estudios filológicos pág. 364

3 MARCILLAS PIQUER, Isabel: María Teresa León: la intrahistoria con alma de mujer, pág 4.

4Fábulas del tiempo amargo y otros relatos”, CÁTEDRA, pág 310

5La obra literaria de María Teresa León (cuentos y teatro), Anuario de estudios filológicos pág. 374

6Fábulas del tiempo amargo y otros relatos”, CÁTEDRA, pág 312

7Fábulas del tiempo amargo y otros relatos”, CÁTEDRA, pág 311

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