Imprescindible

Crítica a “Tatami”, de Alberto Olmos

Título: Tatami
Autor: Alberto Olmos
Género: Narrativa de ficción
Fecha de composición: 2008
Edición: 1ª (Julio 2008)
Editorial: Lengua de trapo
Nº de páginas: 123

Sobre Alberto Olmos poco es lo que se puede decir, ya que apenas encontramos datos más allá de los que se repiten de manera casi invariable en las solapas de sus obras y en las distintas webs que hablan sobre él, lo que ayuda a crear un juego de luces y sombras ideal para la autoficción de la que hace gala en algunas de sus obras.

Los datos de los que estamos realmente seguros acerca de su persona es que es un escritor, crítico y periodista nacido en Segovia en 1975 y que su primera novela, A bordo del naufragio, publicada en 1988, fue considerada por la revista El Cultural como una de las diez mejores opera prima de ese año.

Además de su profesión como escritor y crítico, fue profesor de español en Japón, iniciándose en el mundo de los blogs. En uno de estos blogs recogió su experiencia en el país del Sol Naciente y después lo reunió en un libro llamado Trenes hacia Tokio (2006), que resultó ganador de la X Edición del premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid.

Tatami fue publicada en 2008 y nos relata una extraña conversación que mantienen dos personajes un tanto inusuales durante un vuelo Madrid-Tokio. Luis, uno de los personajes, le cuenta a Olga, que viaja a Tokio por primera vez para dar clases de español, su particular visión del país y su experiencia durante su primera visita años atrás; pero Luis no le habla apenas de su experiencia como profesor, como cabría esperar, ni siquiera le da consejos para enfrentarse a una cultura tan diferente de la española. No. Luis le cuenta su historia, la historia de un voyeur.

Aterricé en Tatami hace ahora dos años, cuando estaba disfrutando de las vacaciones que precederían a mi último año de carrera. Yo había decidido estudiar la influencia de Japón en nuestras letras y antes de empezar el curso quería tener claro cuáles iban a ser las obras que oba a analizar. Tatami tuvo que ser una de ellas, ya que es una obra que a pesar de ser muy breve nos muestra dos visiones del mundo opuestas, por lo que su lectura no se convirtió solo en un entretenimiento, sino en una profunda fuente de reflexión sobre temas como la educación o la sexualidad.

Acerca de los aspectos formales de la novela podemos decir que posee un narrador protagonista, ya que todo está explicado desde la perspectiva de Olga, aunque lo que más abunda es el diálogo entre los dos personajes, intercalando alguna reflexión de Olga que no suele ir más allá de su deseo de cambiar de asiento o de librarse de su excepcional compañero de viaje.

Toda la novela mantiene un ritmo rápido en el que, por lo general, Luis habla de su experiencia en Japón mientras Olga lucha contra su propio deseo de saber más acerca de la extraña afición de su compañero de asiento hasta que se da cuenta de que su curiosidad no le permite alejarse de él, metiéndose de lleno en la narración de Luis. Debido a esto es una obra que se lee con rapidez, ya que no nos encontramos con largas descripciones ni con pesadas reflexiones personales, sino que todo se nos presenta en modo de debate, lo que le da una gran frescura al texto y hace que los temas se presenten siempre de manera natural, lo que no quiere decir que el lenguaje no haya sido escogido de manera cuidada. Este es un detalle interesante, ya que en muchas ocasiones, en las novelas actuales, las conversaciones mantienen un tono tan elevado que le hace perder naturalidad o, por el contrario, un coloquialismo casi vulgar. Pero no en Tatami. Lo que ayuda a que el ritmo de la novela también sea rápido. A continuación os dejo una de las conversaciones de la obra, para que comprobéis por vosotros mismos esto que acabo de decir:

—¿No hiciste otra cosa durante un año?
—No. No hice otra cosa durante 1992.
—Yo en 1992 tenía diez años, pero una vida social mucho más activa, ¡por Dios!
—No me gusta la gente.
En la pantalla superior han empezado a pasar una película de Dustin Hoffman. Es mi actor favorito.
—¿Te gusta Dustin Hoffman?
—¿Quién es?
—Ese.
—No.

Como podéis ver, la conversación es rápida y sigue un curso normal, cualquiera podría tener esta conversación con su compañero de vuelo.

Los dos temas que se tratan en el libro, y que ya hemos mencionado antes, son el sexo y la educación, pero con una dualidad de visiones. Por un lado tenemos a Luis, hombre de cierta edad que vivió en Japón durante varios años, ejerciendo como profesor de español y que representaría la mentalidad orientalizada; por otro lado tenemos a Olga, una recién licenciada que sale por primera vez de su España natal y que no sabe de Japón más que lo que ha leído en las guías para turistas.

9788483810415
Portada Ed. Lengua de Trapo

Dentro de los dos temas que hemos señalado, el sexo se nos presenta como el principal, ya que tenemos la historia de Luis, quien le relata a Olga con pelos y señales su experiencia como mirón. Durante todo el viaje el hombre le relata a la chica cómo cada día observaba a su vecina, una adolescente, desde la ventana de su cuarto y como después de su experiencia en Japón desarrolló una suerte de enfermedad que le lleva a buscar como hogar casas en las que pueda observar a sus vecinos.

Por supuesto esto a Olga, que posee una mirada occidentalizada, le escandaliza y le hace desear cambiar de asiento, pero al final el morbo y el deseo le lleva a querer saber más, a conocer los secretos de Luis. Durante la novela Luis nos va relatando pequeñas pinceladas de su experiencia como voyeur, pero la verdadera historia, lo que de verdad Olga –y el lector que los ha acompañado de manera invisible durante parte del trayecto- ansía saber.

Respecto al tema de la educación no tiene tanta relevancia como el tema sexual, quizá para muchos sea algo que incluso pase desapercibido, pero a mí me parece muy interesante, ya que de nuevo poseemos una doble visión del tema. Para Olga, quien ha trabajado como profesora particular durante sus años como estudiante, un profesor no es más que un ser que está al servicio de sus superiores, una especie de “sirviente” que debe dar gracias a sus amos por el salario, en ocasiones escandalosamente mínimo, que recibe. Esta es la concepción que Olga posee del trabajo de profesor que ella misma va a ejercer, ahora de manera mucho más profesional, por lo que se escandaliza cuando Luis le hace ver que cuando se convertía en maestro adquiría el rol de un ser superior que podía mandar a sus alumnas – ya que su clase estaba formada únicamente por mujeres – que saliesen a la pizarra o que le respondiesen a preguntas que no pasaban de las clásicas preguntas para mejorar el vocabulario, pero que le daba cierto conocimiento de la vida privada – tan importante para los japoneses – de las alumnas.

TATAMI portada
Portada Ed. Hotel de las Letras

Olga, que solo conoce Japón por las guías que ojea durante el vuelo, no sabe que el estatus de los profesores en el país nipón dista mucho de la concepción que poseemos en Occidente.

Quizá porque el tema de la educación está en boca de todos últimamente debido a las reformas constantes, quizá porque me toca muy cerca, la verdad es que al leer la obra no pude dejar de fijarme en este aspecto, que me hizo reflexionar casi más que el tema sexual.

Olga y Luis. Luis y Olga. Ambos forman parte de una dualidad y se complementan a la perfección. A lo largo de la obra parece que no da tiempo a caracterizarlos demasiado pero, sin embargo, no son personajes planos. De Olga sabemos, aparte de que es filóloga y que va a Japón a dar clases, que es una chica estudiosa y trabajadora, que tiene cierto complejo con sus pechos – y si lo menciono no es porque algo trivial, sino que es gracias a sus pechos que se inicia la conversación con Luis – y que no entiende la perspectiva de su vecino. De Luis sabemos que fue a Japón a dar clases tiempo atrás, que es un mirón profesional y que es un español que bien podría ser japonés debido a su forma de entender el mundo y las relaciones sociales.

Es una novela realmente interesante que permite hacer varias relecturas. Personalmente, el personaje de Olga me parece insoportable y pedante, pero está perfectamente estructurado; el autor ha decidido que el personaje se llamase Olga pero, probablemente, cada uno podría ponerle el nombre de esa persona que siempre está con ciertos aires de grandeza, tanto moral como intelectual, y que, sin embargo, no sabe nada de la vida, como pasa con Olga.

A pesar de ser un personaje que por su actitud puede no caer bien, como construcción literaria no tiene ninguna pega, solo podemos alabar la maestría de Alberto Olmos a la hora de dotar de vida a Olga, de hacer que en tan pocas páginas sin apenas descripción un personaje cobre vida de una manera tan intensa.

Creo que es una obra 100% recomendable para todas aquellas personas a quienes les gusten los libros que no solo entretengan sino que te hagan pensar y que no dispongan de mucho tiempo de lectura, ya que en apenas una tarde puedes leerla por completo.

Por último, si queréis saber más acerca de la novela, o de Alberto Olmos, os recomiendo esta entrada del blog del autor, Hikikomori.

Valoración: Imprescindible

Puedes adquirir Tatami aquí

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