Imprescindible

Crítica a “El cuento de la criada”, de Margaret Atwood

·Título: The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada)
·Autora: Margaret Atwood
·Traductora: Elsa Mateo
·Género: distopía
·Fecha de publicación: 1985
·Edición: digital
·Editorial: Salamandra
·Número de páginas: 416

Está sonando la campana que marca el tiempo. Aquí el tiempo se mide con campanas, como ocurría antes en los conventos de monjas. Y, también como en un convento, hay pocos espejos.

Margaret Atwood nace en 1939 en Ottawa (Canadá). Es la segunda hija de tres hermanos y pasó gran parte de su infancia entre el norte de Quebec, Ottawa y Toronto. Desde muy pequeña, fue una ávida lectora, hasta que comenzó a escribir poesía con 16 años, para luego dedicarse a escribir relatos y novelas. Se graduó como licenciada en filología inglesa en 1961. En 1968 se casó con Jim Polk, de quién se divorció en 1973. Su segundo marido fue Graeme Gibson. En 1976 tuvieron una hija. Está considerada una de las principales figuras de la literatura en la actualidad.

Ha publicado muchísimas obras entre novelas, colecciones poéticas, ensayo y crítica profesional. Obtuvo diferentes reconocimientos y premios literarios (Arthur C. Clark, Los Ángeles, Prize, BookerGovernor General, Príncipe de Asturias de las Letras) a lo largo de su carrera, que todavía sigue estando muy viva y siendo aclamada en todo el mundo. La novela El cuento de la criada, que ocupa esta crítica, es una de sus composiciones más conocidas.

Pero recuerda que el perdón también es un signo de poder. Implorarlo es un signo de poder, y negarlo o concederlo es un signo de poder, tal vez el más grande. Quizá nada de esto se puede verificar. Quizá no se trata realmente de quién puede poseer a quién, de quién puede hacer qué a quién, incluso la muerte, sin ser castigado. Quizá no se trata de quién puede sentarse y quién tiene que arrodillarse o estar de pie o acostarse con las piernas abiertas. Quizá se trata de quién puede hacer qué a quién y ser perdonado por ello. No me digáis que significa lo mismo.

Escudándose tras unos supuestos ataques terroristas, unos políticos extremistas instauran una dictadura en Estados Unidos que pasa a denominarse república de Gilead. El régimen totalitario estará basado en la desesperación por el país de aumentar la natalidad (existen problemas muy agudos para que las mujeres se queden embarazadas), lo que les lleva a suprimir todas las libertades y derechos sociales, principalmente enfocados a la figura de la mujer. En esta tremebunda situación aquellas mujeres cuyos ovarios son válidos serán destinadas a ser criadas en la casa de los Altos Cargos con objeto de llevar en el vientre el hijo que las Esposas no pueden engendrar.

Muy a mi pesar, conocí antes la existencia de la adaptación llevada a cabo por la HBO que la novela, así que he de decir que he disfrutado de su lectura a medias, dado que el factor sorpresa ya estaba más que superado. Después de ver la primera temporada de The Handmaid’s Tale no dudé en lanzarme a leer la obra distópica de Margaret Atwood.

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Edición Traducida Ed. Salamandra

 

Es una historia muy compleja, tanto si os hablo del argumento como de la manera que la autora ha elegido de hacernos llegar esta peliaguda realidad alternativa. Además, ha sido un auténtico boom, así que en diferentes espacios podéis encontrar numerosas referencias, reseñas y curiosidades sobre este libro (a pesar de que se publicó hace más de 30 años). No es para menos, creo que podría pasarme horas y horas escribiéndoos sobre él y no terminar de contaros ni la mitad de su contenido.

Ésta es la clase de detalles que les gusta: arte popular, arcaico, hecho por las mujeres en su tiempo libre con cosas que ya no sirven. Un retorno a los valores tradicionales. No consumir, no desear. Si no consumo, ¿Por qué, a pesar de ello, deseo?

El tipo de narración elegida es una primera persona que podría calificar de muy interior. Toda la historia se nos contará desde los ojos de Offred, el nombre que se le ha dado por el Régimen Dictatorial (una palabra compuesta de Of-Fred, De-Fred, que es el nombre del Comandante al que sirve), ya que los nombres anteriores están prohibidos. Se nos constará minuciosamente el presente de la mujer, pero los flash-back y las divagaciones serán constantes, por lo que nos encontramos con una estructura tan rica como quebrada. Digamos que Atwood ha querido transmitir la tortura psicológica que ha sufrido Offred en los ya tres años que lleva sometida a esa vida, tan diferente a su libertad anterior: cuando trabajaba, cuando tenía a su hija, cuando vivía con su marido.

Así que mientras se nos describe la minuciosa, estricta e inamovible rutina de la protagonista (su aseo diario, su obligación de ir a hacer la compra con otra criada, la estructura jerárquica del hogar, la ceremonia, etc), se irán alternando los pensamientos desesperados de una mujer que ansía su libertad y la teme al mismo tiempo. Pensará de vez en cuando en su marido Luke, del que ya no sabe nada. Lo hará menos en su hija, que ha preferido anular de sus recuerdos para que no duelan tanto. Acudirá bastante a esas divagaciones su mejor amiga Moira que, también, ha caído víctima de ese terrible sistema. Pero lo que más peso tendrá en estos monólogos interiores (que, por cierto, se reflejan muy acertadamente en la serie) es la figura de Tía Lydia.

Mejor nunca significa mejor para todos, comenta. Para algunos siempre es peor.

Tía Lydia es una especie de entrenadora del terror, la figura que ha guiado a las niñas (así denominará a las criadas) para que puedan enfrentarse a la nueva vida que les ha sido asignada. Han sido sometidas a un auténtico proceso de condicionamiento psicológico agudo, basado tanto en las palabras como en las torturas físicas. Es, para mí, uno de los detalles más asombrosos y destacables de la obra.

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Fotograma de la serie inspirada en la novela. Adaptación de HBO.

Lo que más aterra de El cuento de la criada es que el régimen de Giglead es, sencillamente, posible. De hecho, existen muchas especulaciones al respecto sobre la intención del actual presidente de EE.UU por instaurar un Gobierno similar. Esto ha motivado la proliferación de protestas feministas basadas en la estética e ideología que se denuncia de manera tan cruda.

Tal vez lo que hace que podamos sentir tan cercana y tan real una república similar a esta es que el proceso es descrito de manera pormenorizada por Atwood: basta con que prohíban a las mujeres trabajar, con que bloqueen todas sus cuentas bancarias, con que comienzan a disparar contra la multitud en las manifestaciones. En realidad, es tan sencillo como eso. Y, lo sabemos, pueden hacerlo si así lo quisieran. Por eso he sentido tanto frío al leer las páginas de la historia de Offred: porque no me daba la impresión de leer una distopía, sino una premonición.

La humanidad es muy adaptable decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación.

Otro punto que ayuda a la recreación de esta supuesta realidad es la estética. La narración se ayuda de algunas ilustraciones para ayudar al lector a idear la imagen que la autora pretende transmitir. Acompañada, además, de una descripción exhaustiva (que no atiborrante). Tiene gran importancia la simbología y los colores (el rojo es el color de las Criadas, el azul el de las Esposas, etc).

Y aunque en un primer momento las páginas suceden de manera más distante, dado que Offred no parece sentir, no parece moverse dentro de su estricto rol de devota perfecta, con el avance de la trama iremos viendo esa soltura. Donde en ansia de ser y sentir oculta y solapa el miedo a ser ejecutada o torturada. Veremos que, dentro del horror, los valores como la amistad y el amor seguirán siendo la salvación de la sociedad.

Cabe destacar que será el trasfondo religioso lo que justifique todo este régimen basado en el más absoluto puritanismo. Los pasajes bíblicos serán, casi, como la nueva Constitución. De hecho, el inicio de la novela comienza con estos versículos del Antiguo Testamento:

Y viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y dijo a Jacob: “Dame hijos o me moriré”. Y Jacob se enojó con Raquel y le dijo: “¿Soy yo, en lugar de Dios, quien te niega el fruto de tu vientre?”. Y ella dijo: “He aquí mi sierva Bilhá, únete a ella y parirá sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella.”
Génesis, 30:1-3

 

Una auténtica obra maestra de imprescindible lectura, tanto por su técnica narrativa como por su contenido, por su denuncia social tan dura y tan actual. Por ser una novela tan necesaria hoy en día y, me temo, lo seguirá siendo durante mucho tiempo.

Valoración: Imprescindible

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Pero ¿quién puede recordar el dolor una vez que este ha desaparecido? Todo lo que queda de él es una sombra, ni siquiera en la mente o en la carne. El dolor deja una marca demasiado profunda para que se vea, una marca que queda fuera del alcance de la vista y de la mente.

4 thoughts on “Crítica a “El cuento de la criada”, de Margaret Atwood”

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