Bien, bien

Crítica a “Un café a las seis”, de Pilar Muñoz

·Título: Un café a las seis
·Autora: Pilar Muñoz Álamo
·Género: novela corta
·Fecha de publicación: 2017
·Edición: 1ª – Digital
·Editorial: autopublicado
·Número de páginas: 183

Qué ilusas éramos a esa edad al pensar que los amigos nos durarían toda la vida, sin ser conscientes de que lo que se les pide con diecisiete puede estar a años luz de las exigencias en la madurez. Ahora, antes de confiar, rascamos para llegar a lo más profundo de quien nos brinda su amistad.

Pilar Muñoz Álamo nace en Pozoblanco (Córdoba) en 1967. Con ocho años de edad, cambió su pueblo natal por la ciudad de Córdoba, donde reside desde entonces. Es licenciada en Psicología por la UNED y funcionaria de la Administración General del Estado.

Y por supuesto, es escritora. Una autora que no me resulta ajena para nada, además. De hecho, en mi anterior espacio tuve el gusto de reseñar su antología de relatos Ellas también viven (2011) y su novela Los colores de una vida gris (2014). También ha publicado la obra romántico-erótica ¿A qué le tú llamas amor? (Ed. Palabras de Agua). Ahora toca añadir a la lista Un café a las seis, novela corta con la que participa en el Concurso Indie de Amazon de este año.

No sé dónde esconderme, ¿alguien tiene una capa de invisibilidad?

Raquel es arrastrada por su amiga Lurdes a una fiesta de reencuentro de antiguos alumnos a los que hace veinticinco años que no ven. Está sembrada de dudas ante la asistencia a tal evento: ha dejado la casa patas arriba y ninguno de sus dos hijos se encargará de las tareas domésticas. Su marido, Juanma, ha salido a trabajar y no volverá en todo el día. Para colmo, teme despertar viejas heridas al reencontrarse con ciertos abismos de su pasado que nunca llegó a cerrar.

Esta es la premisa con la que arranca Un café a las seis, que podríamos catalogar como novela corta o relato largo. Por cierto, me ha recordado a un de los relatos de la antología Y abrazarte de Clara A. García (incluso comparten los ciertos toques de reflexión cómica que se puede producir en este tipo de situaciones). Lo cierto es que su lectura es rápida, aunque no del todo ligera, dado que la pluma de Pilar disfruta bastante de desmembrar impresiones y sentimientos. Pero lo que mejor se le da esta autora cordobesa es manejar la intensidad de lo que narra en su justa medida: es una auténtica maestra en el arte de remover sentimientos.

Te sigo viendo en mis sueños. Y quienes habitan los sueños se vuelven dioses.

Diré que la trama se centra en la clásica fórmula del recuentro después de muchísimos años, pero adaptado a los tiempos del Facebook, por decirlo de algún modo. Porque cuando Raquel acude a la celebración y comienza a encontrarse con las metamorfosis que han sufrido sus compañeros, cuando empieza a ver la manera en la que cada uno a aspirado a buscar su propio bienestar y felicidad, se da cuenta que la única persona que le importa la ignora vilmente.

Hablamos de Gonzalo, su amor adolescente. Aquel que se acabó sin que ella quisiera que se acabara. Por una serie de reveses del destino que impidieron que volvieran a verse (situación que, diré, es un tanto forzada en el transcurso de la trama). Al verlo allí, acompañado de Cristina, se plantea por qué después de tanto tiempo, todavía sigue removiendo toda su alma como el primer día. Y ni su estado civil, ni siquiera sus hijos, parecen importarle demasiado.

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Es pues, el reflejo de la idealización más absoluta del amor. La autora no tiene tapujos en atiborrar a la pobre Raquel de nostalgia desmedida y, a Gonzalo, le dibuja la desesperación de no anhelado en la mirada. Desde luego, estamos ante un drama intimista y romántico con todas las letras. Y, por qué no decirlo, a pesar de las flaquezas que he notado en el avance de las páginas, lo he disfrutado y devorado en apenas un día y medio. La estructura se enriquece con una rotura temporal que nos hará comprender la inverosímil situación. Pues Pilar nos hará viajar al pasado, a esos años atrás, cuando Raquel y Gonzalo eran dos jóvenes que querían querer y que ansiaban hacerlo para siempre. Allí, en las sombras de los recuerdos, nos contará por qué se perdieron y por qué no consiguieron olvidarse.

El reloj digital del salpicadero marca las seis, aún no ha amanecido, pero pienso en un café que me permita despejarme. Y reflexionar.

El título, por cierto, y la portada son un pelín engañosos. Dado que cuando se refiere a Un café a las seis, se refiere, ni más ni menos, a un café a las seis de la madrugada, que nada tiene que ver con una sesión distendida de alegría y fluida conversación. Más bien, es un café solitario, fuera de casa. Un café que Raquel sabe que supondrá el punto de inflexión en su vida.

Un novela que arriesga poco pero que deleita del mismo modo, que nos permite volver a disfrutar de Pilar Muñoz y de su estilo tan personal. Una escritora que, desde luego, ama su historia y sus personajes, los moldea con cariño y nos los entrega como un regalo. Literatura intimista en estado puro.

Valoración: Bien, bien

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