Sí, recomendable

Crítica a “La Torre Oscura I: La hierba del diablo”, de Stephen King

Título: The Dark Tower 1: The Gunslinger (La Torre Oscura 1: La hierba del diablo)
Autor: Stephen King
Traductor: Jorge Luis Mustieles
Género: fantasía oscura
Fecha de composición: 1982
Edición: 1ª (1990)
Editorial: Ediciones B para el Círculo de Lectores

Estoy afligido. He olvidado el rostro de mi padre, cuyas pistolas espero llevar algún día.

Stephen King es poca la presentación que necesita. Nacido en 1947 en Maine, estudió inglés y trabajó en lo que pudo para poder sobrevivir antes de convertirse en el famoso escritor que es hoy día.

Su primera novela, Carrie, fue publicada en 1974, tras la cual llegaron algunas de sus grandes obras, entre las que cabe destacar, sin ningún tipo de duda, El resplandor (1977), llevada al cine por Kubrik en 1980, y que no gustó demasiado al autor (en mi humilde opinión, y si se me permite expresarla aquí y ahora, El resplandor me parece una de las mejores películas basadas en un libro de Stephen, y eso que ha sido llevada varias veces a la gran pantalla).

stephenking
King en la actualidad

En el 2003 ganó el premio a la trayectoria de National Book Awards, lo que no gustó a la comunidad literaria y que hirió especialmente al crítico literario más controvertido de nuestro tiempo: Harold Bloom, ya que no considera que un autor de fantasía y terror como lo es el Señor King pudiese optar a ese tipo de premios (si de nuevo se permite mi opinión, el canon de Bloom está ya demasiado obsoleto y pocos son los críticos que le siguen a pies juntillas, y más en la actualidad, en la que los autores de fantasía están reivindicando su papel dentro de las letras con gran fuerza y éxito).

Sobre los autores que han influido en su obra podemos destacar tres: Edgar Allan Poe, Lovecraft y, por supuesto, Tolkien. La influencia de este último es clave para entender la novela que estamos reseñando aquí, ya que comparte con ella parte de la epicidad de la que hace gala El señor de los anillos.

Muchas son las cosas que se pueden decir de Stephen King, un autor que lleva casi cuarenta años al pie del cañón, con una agitada vida privada y con una media de dos novelas por año. Pero no estamos aquí para hablar de su vida, sino de su obra, por eso es interesante hacer un repaso a algunas de sus obras más influyentes e importantes, ya que el señor King es la inspiración – tanto directa como indirecta – de miles de jóvenes escritores.

Como ya hemos mencionado, su primera novela fue Carrie, tras la cual encontramos El resplandor. El siguiente libro que me parece de especial relevancia es It (1986), ya que ahora mismo está a punto de reaparecer en la gran pantalla; La tienda (1991) o El pasillo de la muerte (1996), llevado al cine con el título en español de La milla verde, además de diversas antologías de relato y algunos ensayos sobre literatura, de los cuales me parece especialmente recomendable Danza Macabra (1981) en el que hace un recorrido por la historia del terror no solo dentro de la literatura sino en el cine y la radio.

Como hemos dicho antes, podríamos llenar hoja y hojas acerca de la vida y obra de este escritor, pero nos vemos obligados a dejarlo aquí por ahora, ya que si os lo contamos todo ahora… ¿qué haremos con los siete libros restantes?

Yo solo soy un hombre.

La hierba del diablo es la primera parte de la saga más ambiciosa del escritor. En este primer volumen se nos introduce de manera fragmentaria la historia de Roland, el Último Pistolero, un hombre que vaga por el mundo en pos de un ser que puede darle las respuestas a todas las preguntas que se hace y que atormentan su alma.

La historia comienza con una frenética persecución a través de un yermo desierto, con cinco apartados y un epílogo en el que el propio Stephen King dice que no sabe si algún día será capaz de culminar esta saga tan descabellada (por suerte para sus fans, en 2012 logró acabarla, y con bastante buen pie, para qué engañarnos).

Este libro aterrizó en mis manos hace ya bastantes años, cuando lo encontré en una estantería junto a la extensa colección de libros del autor que mi padre tenía en el salón. Por algún motivo que no alcanzo a comprender, solo teníamos el primer y el tercer libro, por lo que enseguida me compré el segundo y me puse manos a la obra, devorando los volúmenes uno tras y otro y sufriendo cuando me tocó esperar porque no había más publicados. Si tratase de definir lo que sentía en ese momento podría ser algo parecido a lo que siento ahora con Rothfuss, o lo que sienten los fans de la obra de G.R.R Martin, y eso que apenas tuve que esperar un par de años para poder leer la quinta entrega y luego un año para las dos últimas (aquí tengo que añadir que hay una octava entrega publicada en 2012, pero esa no la esperé con tanta ansia porque no sabía que iba a ser escrita, podemos decir que fue un regalo que King brindó a sus lectores).

Todo nuevo conocimiento conduce siempre a misterios aún más pavorosos.

Centrándonos ya en la novela, posee una estructura peculiar: nos encontramos con que está dividida en cinco capítulos más un epílogo. Los cinco capítulos nacieron de manera dispersa, como explica King en el epílogo, en diversos momentos de la vida del autor, como un descanso entre obras de mayor envergadura; aunque todos tienen en común un poema titulado Childe Roland de Robert Browing, que conoció durante sus estudios universitarios y que siempre estuvo presente en su memoria.

Las narraciones parecen inconexas en ciertos puntos, el paso del tiempo no está del todo claro, hecho interesante, ya que el propio protagonista, Roland, no sabe apreciarlo debido a que su camino lo lleva a través de un desierto que parece no tener fin. En estas narraciones vamos conociendo poco a poco cosas del pasado del pistolero, aunque muchas otras se quedan en el aire y no llegan a explicarse, hecho que no hace que el lector se frustre, sino que siga leyendo con ansias de conocer más, pensando que si cambia de página se le darán todas las respuestas. Pero estas nunca aparecen, al menos por ahora. Y está bien que no aparezcan, porque así se nos sitúa en cierta medida a la altura del personaje principal, lo que nos puede ayudar a empatizar con él y a sentirnos como él se siente.

En cuanto a personajes en esta novela nos encontramos con tres que son realmente importantes: Roland, Jake y el Hombre de Negro.

Roland es un hombre atormentado que lleva el peso del mundo sobre sus hombros. Su pasado lo azuza como si fuera un perro hambriento y su única obsesión en la vida es alcanzar al Hombre de Negro para matarlo, ya que cree que así accederá a la Torre Oscura pero…¿Qué es la Torre Oscura? Por lo poco que deducimos en este volumen, parece ser un poderoso nexo de unión entre…¿mundos? ¿realidades? ¿universos? En ella parece estar todo y, a la vez, nada. Pero todavía tardaremos un poco en descubrir lo que se esconde detrás de esta búsqueda que en estos momentos se nos plantea como algo descabellado y una locura, una misión condenada al fracaso desde el mismo momento en el que fue concebida.

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Además de ser el último pistolero, el último hombre conocedor de los secretos de una vieja ciudad que murió tiempo atrás, Roland es un desterrado que se ha impuesto una búsqueda que, probablemente, termine de manera trágica. Es un hombre extraño y enigmático, rápido con las manos y frío de corazón. En un momento de la narración llega a un pueblo en el que conoce a una joven, Allie, con la que comparte cama durante varios días y por la que parece sentir cierto afecto pero a la que dispara sin dudar cuando se ve encerrado en una trampa de la que apenas logra escapar con vida. Por quien sí siente un verdadero afecto y por quien sufre realmente es por Jake, el joven muchacho que le salva de morir en el desierto. Pero la verdadera historia del pistolero y el niño deberéis descubrirla entre las páginas del libro…

De Jake es mucho lo que sabemos: tiene unos nueve años y no sabe cómo ha llegado a ese desierto, aunque Roland consigue penetrar en sus recuerdos y descubrir su pasado, quedando sorprendido por lo que allí ve. Parece un niño frágil pero en verdad es un hueso duro de roer. Desde el principio intuye cuál es su papel en la historia e incluso llega a revelarse contra su destino, pero al final lo asume, haciendo que el lector se encariñe con él y que sufra con los acontecimientos que le depara la vida. Aunque su aparición en el libro es tardía, su importancia es extrema si no en este volumen, en los posteriores, ya que es una de las claves para entender a Roland y su comportamiento.
El último personaje que aparece es El Hombre de Negro. Salvo en el último relato, vamos tras su estela, siguiendo sus hogueras y acabando con las trampas que le va tendiendo a Roland sin que tengamos muy claro quién es o cuál es su misión exactamente dentro de la historia. Es un ser enigmático, no sabemos con qué nos vamos a encontrar y cuando por fin le ponemos rostro, no es para nada lo que el lector se espera. Es un hombre de gran poder que, no obstante, se nos muestra como enviado de un ser superior interesado en Roland y su misión.

Allie, la joven a la que Roland sacrifica sin dudar, define al pistolero de la siguiente manera:

“Aquel hombre era como algo salido de un cuento de hadas o de un mito: el último de su casta en un mundo que estaba describiendo la última página de su libro.”

Esta definición no solo nos sirve para hablar de Roland, sino del mundo en el que vive, un mundo que está cambiando y que está condenado a morir si no se hace algo. Nos suena, ¿verdad? El mundo en el que el hombre vive es un mundo decadente, devastado que, sin embargo, todavía alberga esperanzas. Se nos presenta como una suerte de futuro postapocaliptico aunque no se nos explica cómo hemos llegado a él. Por lo que Roland dice en algunas de sus conversaciones con Jake, podemos deducir que este mundo no es el nuestro pero, por otro lado, nos encontramos con muchas similitudes con la vida que nosotros conocemos, lo que nos hace dudar de nuestros sentidos.

Es una novela en cierto sentido caótica, inconexa y confusa que, sin embargo, tiene algo que te atrapa y te mantiene pegado a sus páginas en busca de más y más. Es cierto que aunque la esencia de Stephen King está ahí, puede chocarnos un poco el estilo, ya que la atmósfera de esta novela dista mucho de sus fantasías terroríficas. Sí que nos encontramos con ese aura de decadencia que suele rodear a Castle Rock, pero las fuerzas que crean ese aura no son fuerzas malignas sin más, son fuerzas malignas que se enfrentan a las fuerzas del bien. Y quizá aquí está la diferencia entre esta saga y el resto de novelas de este autor: la pelea que presenta La Torre Oscura es una lucha incierta, como se verá en entregas posteriores de la saga.

No me quiero extender más, ya que aunque son muchas las cosas que puedo decir casi todas van hiladas con hechos que suceden en el resto de novelas, por lo que quiero finalizar esta entrada diciendo que esta saga nos permite conocer a un Stephen King totalmente diferente al de Carrie o El resplandor, pero sin perder ese toque que le hace ser un maestro moderno.

Hasta que, finalmente, del viejo mundo solo quedaron tres, como tres pavorosas cartas de una terrible baraja del tarot: el pistolero, el hombre de negro y la Torre Oscura.

Valoración: Sí, recomendable.

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2 comentarios en “Crítica a “La Torre Oscura I: La hierba del diablo”, de Stephen King”

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