Sí, recomendable

Crítica a “Agramonte”, de Yolanda Camacho

·Título: Agramonte
·Autora: Yolanda Camacho
·Género: terror
·Fecha de publicación: septiembre de 2017
·Edición: 1ª edición (física)
·Editorial: Cerbero
·Número de páginas: 131

20933939_466390113737563_1154149224243973219_oPortada de Agramonte, ilustrada por Carolina Bensler

Yolanda Camacho (Valencia, 1983) compagina su trabajo en una imprenta digital con sus otras pasiones: escribir cosas extrañas (sobre todo de terror), tomar fotos con su Polaroid, ver pelis de miedo y molestar a su gato Warlock. Yolanda ganó el primer premio del Concurso de Relato Corto de la Web del Terror en 2012 y fue publicada más tarde en la compilación Dejen morir antes de entrar. Además, ha colaborado en las antologías Instinto animal: 15 historias de lobos y cambiaformas y POP! 10+1 Relatos musicales, de la editorial Café con Leche, así como en las publicaciones Aenigma Veneris y Libido Máxima, de Albis Off. Está escribiendo la trilogía juvenil Todos los vampiros tienen colmillos y ha autopublicado varias obras como Malos sueños: 8 cuentos inquietantes, Villa Halloween o Té con naranja: un cuento de fantasmas e infusiones.

Agramonte (colección Tíndalos, nº 4) es una de las dos nuevas apuestas de la Editorial Cerbero por el terror de este mes de septiembre. La otra es La chica descalza en la colina de los arándanos (colección Tíndalos, nº 3), de Nieves Mories. Esta vez, con ambas novelas cortas, nos encontramos con historias de horror de corte más clásico y que entran en contraste con las anteriores pertenecientes a la colección de terror de Cerbero, Ciudad tumba (Albert Kadmon, Tíndalos nº 1) y Última noche en el páramo (So Blonde, Tíndalos nº 2), enfocadas ambas desde el animus iocandi.

Elena trabaja para una empresa de mantenimiento y debe ir a visitar a la señora Adelaida Agramonte porque esta se niega a utilizar métodos modernos —como la banca en línea o la domiciliación bancaria— para pagar sus facturas pendientes. Al llegar a un terrorífico hogar de pasillos helados, de oscuridad creciente y de aire escalofriante, Elena descubrirá el oscuro secreto de la señora Agramonte mientras intenta escapar de la casa de la extraña anciana, que en principio parece dócil e inofensiva y que, además, vive postrada en una silla de ruedas.

Estaba frenética por salir de allí. No le cabía duda de que a la mujer le parecería extraña su actitud, pero ya no le importaba.

Pude hacerme con Agramonte en Gigamesh Barcelona, la librería que visité hace unos días para asistir a la presentación de Alucinadas III y de la nueva triada de Cerbero. Decidí reseñarla antes que el resto de sus compañeras de septiembre porque me siento identificado con su autora en varios aspectos relacionados con el mundo de la literatura y con escenas, detalles o datos de Agramonte en concreto (algunos de ellos son spoilers, así que no diré casi nada). Con la autora comparto algunos libros predilectos como Lolita, de Nabokov o Nada, de Laforet y, además, me pareció muy interesante la premisa de su obra. Debo añadir que no me ha decepcionado en absoluto.

Una narradora omnisciente en tercera persona va introduciendo al lector en la terrorífica casa de la señora Agramonte haciendo uso de una cronología lineal que, prácticamente, solo se ve interrumpida cuando la protagonista duerme (por uno u otro motivo). Yolanda va intercalando en Agramonte diálogos de más o menos extensión con un uso muy medido de la narración tradicional y, gracias a un ritmo medio muy acertado, la autora logra que su historia se nos pase en un suspiro de congoja e incomodidad mientras acompañamos a Elena por su periplo en la casa Agramonte.

Elena empezó a sentir que le costaba respirar. Estaba perdiendo los nervios.

El título de la obra, Agramonte, hace referencia a la terrorífica señora Adelaida, al lugar en el que sucede la acción y a la causa de que Elena se quede encerrada en ese sombrío lugar: cobrar las facturas pendientes de Agramonte Administración S.L.

A partir de la idea principal de la obra vamos conociendo algunas partes del terrorífico hogar de la señora Agramonte (la acción principal se diluye de manera muy acertada entre dos habitaciones, un pasillo y un lavabo) y la ambientación y los problemas en los que se ve sumida la protagonista (el mejor ejemplo es el de que su móvil se queda sin batería) nos ayudan a situar la historia en un contexto actual y a simpatizar con Elena.

A partir de todo lo anterior, nos encontramos con un clima emocional en el que se van intercalando las dudas, el miedo y la impotencia de la protagonista, que lucha como puede contra sus captores —aquí hablo en plural porque cuento al hijo de la señora Adelaida, del que os haré un pequeño inciso más adelante— hasta que, más tarde, se rinde ante la evidencia. Elena imagina lo que le sucederá una y otra vez en su mente desordenada y aterrada y pone en tensión al lector, que llega a temer por la vida de la protagonista en más de una ocasión.

señora agramonteAsí es, más o menos, como deben lucir los pasillos del hogar Agramonte (por Gemma Martínez)

Básicamente, son dos los personajes que toman el protagonismo en Agramonte, Elena y la propia señora Adelaida. Elena es una mujer de unos treinta y algo pero de aspecto muy joven que solo quiere hacer su trabajo, y es mandada por su jefa a cobrar las facturas un viernes por la tarde. En el inicio de la novela, Elena se queja varias veces por el día que la señora Agramonte ha escogido para la visita y porque su jefa ha aceptado la cita sin pensar en ella. Elena es una mujer común, humana, con un carácter y una vida que bien podrían pertenecer a cualquier lectora o lector.

Por otro lado, en la calle opuesta nos encontramos con Adelaida Agramonte, una mujer muy mayor, de una edad indeterminada, que parece vivir sola en una casa enorme y antigua. La anciana es, en el inicio de la novela, dócil, simpática, comprensiva… Pero, pese a ello, sus intenciones y su carácter parecen ocultar algo oscuro y misterioso tras esa máscara de simpatía. El misterio que la rodea frente al carácter claro de la protagonista y la extraña y solitaria vida que la anciana parece llevar la contraponen a la propia Elena y a la misma lectora o lector.

Para acabar con los personajes, mencionaré que el hijo de Adelaida Agramonte es anunciado por la señora como el culpable de lo que le sucede, como el auténtico terror de la casa, y advierte a Elena de su llegada una vez esta ha descubierto el secreto del hogar de los Agramonte.

Y, entonces, otra horrible certeza se abrió camino en su mente: iba a violarla.

Yolanda Camacho va intercalando en Agramonte descripciones ligeras con algunos pequeños detalles muy bien traídos y llenos de un simbolismo que tiene como objetivo tejer las redes de la tensión que la novela va acumulando. Así, la historia va girando en torno al agobio de Elena, y se nos transmiten ciertas sensaciones de miedo, de angustia, que van creciendo o decreciendo según la escena en la que se enmarquen.

En conclusión, en la novela breve de Yolanda Camacho nos encontramos con una figura bastante escalofriante (la señora Adelaida Agramonte), que entra en contraposición (por varios motivos) con Elena, la protagonista. Saber construir ese contraste, dotar a la obra de cierto toque de terror psicológico y el ritmo que Yolanda mantiene durante toda la obra (que pasa en un suspiro) son los puntos fuertes de esta novelette de terror.

Valoración: Sí, recomendable.
Podéis adquirir Agramonte aquí.
Y aquí podéis leer un resumen de mi impresión sobre los doce primeros bolsilibros publicados por Cerbero.

2 thoughts on “Crítica a “Agramonte”, de Yolanda Camacho”

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