Excelente

Crítica a “Los Pazos de Ulloa”, de Emilia Pardo Bazán

Título: Los Pazos de Ulloa
Autora: Emilia Pardo Bazán
Género: novela realista
Edición: digital, documento de dominio público
Fecha de su primera publicación: 1886
Número de páginas: 139

Recta había sido la intención, y amargo el fruto.

Los Pazos de Ulloa (1886) es la obra más conocida de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), con la que se consagró como una gran escritora. Podéis leer más sobre la autora en mi entrada dedicada a ella. En realidad forma una bilogía, siendo su segunda parte La madre naturaleza (1887), en la que continúa la historia unos diez años después. La obra se divide en dos volúmenes divididos a su vez en capítulos.

La narración comienza con la llegada de Julián, el nuevo capellán, a los Pazos de Ulloa. Se le describe como un joven apocado y de carácter linfático. Julián es uno de los protagonistas principales, al que el narrador en tercera persona sigue durante buena parte de la novela y, aún cuando no tiene un papel protagonista, está presente en la acción. Se encuentra al marqués don Pedro, un hombre joven más dado a la caza y la diversión que a la administración y cuidado de sus bienes. Sabel, la cocinera es hija del mayordomo, Primitivo, y ambos tienen un papel nada desdeñable. Primitivo es el verdadero administrador de la casa.

En cuatro leguas a la redonda no se movía una paja sin intervención y aquiescencia de Primitivo.

Algo típico del naturalismo y que Pardo Bazán emplea con gran maestría en esta obra son los contrastes. Tenemos las fuerzas naturales enfrentadas a la religiosidad y la afectación de Julián, el apocamiento frente a la valentía, la femineidad comparada con la masculinidad, el pecado frente a la fe, el campo en contraste con la ciudad y un largo etc. No por ello los personajes son tópicos, sino que tienen muchos matices, a pesar de ser la encarnación de estas discrepancias.

Es muy destacable el ensalzamiento tanto de la belleza como de la fealdad. Nos encontramos con bellas descripciones de aspectos hermosos, frente a otros que se nos antojan horrendos. Esta forma de expresar lo desagradable es típica del naturalismo. Por ejemplo, al inicio se describe como Julián se escandaliza porque el marqués y su mayordomo han dado vino a Perucho, el hijo de Sabel, hasta que el pequeño, de muy corta edad, está completamente ebrio y tienen que llevarle a la cama. Poco después, este hecho parece aún más reprochable cuando se entera de que son su padre y su abuelo quiénes han emborrachado al niño.

Gran parte del argumento gira en torno a los intentos de Julián de poner orden en los pazos, ordenar los documentos y, sobre todo, la vida del marqués, quién mantiene una relación pecaminosa para la moral de la época con la cocinera, ya que no están casados. Aquí se refleja la decadencia de la nobleza gallega, la fe ciega y artificial de Julián frente a la vida desordenada y dominada por fuerzas naturales del aristócrata don Pedro y también la discriminación del sirviente y el labriego, puesto que el sacerdote desea que el noble contraiga matrimonio con una mujer de su clase. El argumento, pese a ser un tanto predecible, es entretenido y mantiene el interés en la lectura. Es sencillo sentir empatía por unos personajes muy humanos, tanto que no hay héroes ni villanos propiamente dichos, sino personas con sus defectos y virtudes, sus bondades y su malicia. Incluso Julián, el sacerdote y el personaje más recto y encasillado, tiene sus peculiaridades.

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He visto cierta crítica a la Iglesia, expresada en la falta de sangre de Julián, hombre justo y piadoso, pero carente de carácter. También en situaciones donde salta a la vista la falta de valores cristianos en otros sacerdotes, que viven los placeres terrenales del vino, el dinero y la diversión como si no fuesen hombres de fe. La corrupción de la organización religiosa es tan notoria como la decadencia de la aristocracia, si bien estos aspectos son poco evidentes y se expresan de forma un tanto velada, aunque no encubierta del todo, lo cual es lógico si tenemos en cuenta la época en que se escribió.

¡Qué demonio!, el que más y el que menos es hombre como todos.

El caciquismo y los problemas políticos de la época también se reflejan en la narración, que aborda otros aspectos sociales. Se describe el duro trabajo del labriego, del jornalero y del casero, de personas casi analfabetas, pero que con gran astucia consiguen aprovecharse de su señor. La permanencia de viejas ideas como la diferencia de clases, el machismo, la discriminación, etc. en la sociedad española del momento es mostrada del mismo modo que la necesidad de realizar cambios sociales. Se critica también la permanencia de ciertas ideas y patrones sociales, la costumbre y la falta de iniciativa de los líderes de esta sociedad.

No hay fuerza comparable a la inercia.

En cuanto a aspectos más puramente literarios, Pardo Bazán muestra un dominio asombroso de la técnica, una prosa exquisita y cuidada y tendencia a describir frente a mostrar, lo que hace que lo mostrado destaque más. Los diálogos son más bien escasos, pero la acción avanza debido a la narración, mientras que las conversaciones entre los personajes nos permiten comprender matices importantes que de otro modo tal vez habríamos pasado por alto.

El lenguaje empleado me ha resultado muy curioso. La autora mezcla el castellano culto de la iglesia y las clases altas de la sociedad con el dialecto que habla el pueblo, inventando palabras y castellanizando expresiones en gallego; pero sin emplear el idioma propio de la tierra. Por ello, hay pasajes del libro que un lector que no conozca bien el gallego tal vez no comprenda y puede ser necesario adquirir una versión comentada de la obra. Además hay palabras y expresiones propias de la época que hoy en día son muy poco habituales o no se utilizan en absoluto, si bien he de decir que no he tenido apenas dificultades para comprender el texto y solo consulté el diccionario en un par de ocasiones.

̶ Reiniña, mona, ruliña, calla, calla, que te he de dar cosa bunitas, bunitas, bunitiñas.

Los Pazos de Ulloa es una obra importante para comprender parte de nuestro pasado y el camino que nos ha llevado al presente, tanto en lo que se refiere a la historia, la sociedad o la política como a la propia literatura. Los distintos temas que trata; como el papel de la Iglesia y su poder, la crianza de los hijos, el derecho de igualdad entre personas con diferentes características, la decadencia de la clase dirigente y las irregularidades en asuntos políticos, siguen estando a la orden del día en la actualidad. Su lectura me ha hecho pensar una vez más que el ser humano en sí no ha cambiado tanto con el devenir de los años, si bien, algo hemos evolucionado como sociedad. Además, el libro es de lectura agradable y entretenida, aunque no se trata de una novela sencilla. Es un clásico por derecho propio.

Valoración: Excelente

Podéis adquirir esta novela de dominio público aquí

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