Sí, recomendable

Crítica a “La madre naturaleza”, de Emilia Pardo Bazán

Todo era vida, vida indiferente, rítmica y serena.

Título: La madre naturaleza
Autor: Emilia Pardo Bazán
Género: novela realista
Edición: digital, documento de dominio público
Fecha de su primera publicación: 1887
Número de páginas: 136

La condesa de Pardo Bazán (1851-1921) es una de las figuras más sobresalientes de nuestra literatura. Además de aristócrata y novelista, fue autora de cuento y teatro, ensayista, traductora, catedrática, etc. Sin duda, es más conocida por su labor a favor de los derechos de la mujer. Podéis leer más sobre la autora gallega aquí.

Su obra más famosa es la que conforma la primera parte de esta obra, Los Pazos de Ulloa (1886) cuya crítica podéis leer aquí . En La madre naturaleza, continúa con la línea realista, si bien parece más influida por el romanticismo y ya se esboza cierto idealismo en sus páginas. Explora uno de sus temas predilectos: las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres, centrándose en el matrimonio. Se nota la influencia de las ideas de la época y de la religión católica, puesto que el tema central del libro es el incesto. La autora achaca a las fuerzas naturales la existencia del pecado, frente a la virtud de la fe.

Moralidad. Sí. Pero el hombre es hombre en todas partes.

En el caso de Los pazos de Ulloa, el libro comenzaba con la llegada de un viajero, el clérigo Julián, a los Pazos. En La madre naturaleza nos encontramos unos diez o doce años después de esos hechos y somos testigos de los amores de Perucho (hijo del marqués don Pedro y de Sabel, la cocinera) y Manola (hija del marqués y de Marcelina, su legítima esposa) Ambos son casi unos niños e ignoran que son hermanos por parte de padre. En este caso también llega un viajero, Gabriel, el hermano de Marcelina, que cambiará la vida en los pazos.

No era la primera vez que se encontraban así, juntos y lejos de toda mirada humana, sin más compañía que la madre naturaleza, a cuyos pechos se habían criado.

Gabriel es un hombre culto, que tiene un mando en el ejército y, por tanto, goza del dinero y la posición que su trabajo y la herencia de su padre le otorgan. Será el protagonista de esta parte de la historia junto con Manola y Perucho. Su intención es hacerse cargo de su sobrina y casarse con ella, si es del agrado de la muchacha. La diferencia de edad entre tío y sobrina es notable, más de diez años. También la diferencia de valores y educación, pues Manuela fue criada en el campo casi como una campesina, desatendida por su padre, que prefiere a Perucho. Como vemos, el argumento es un tanto predecible y roza el romanticismo, frente a la primera parte donde tenía más peso la denuncia del caciquismo y los problemas sociales.

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̶  La has criado como un marimacho, sin recato ninguno, ¿sabes? Y muy mal, por no decir infernalmente.

En este segundo libro de la bilogía se le da más importancia a las figuras típicas de las aldeas gallegas de la época, como la sabia (pitonisa) el componedor o algebrista (una especie de “médico” rural sin estudios que cura a personas y animales), los jornaleros, caseros, etc. Algunos de estos oficios llegaron casi hasta la actualidad. Eran muy comunes hasta hace unos veinte años, se acudía a los componedores y a las sabias. También se dedican más párrafos a la descripción de tareas agrícolas y otras actividades de los labriegos, como los bailes y tertulias.

Una vez más, tenemos personajes como Julián, (si bien esta vez su papel es secundario, es el párroco de la aldea), don Pedro el marqués (que ha envejecido mal), Sabel, que sigue trabajando en los Pazos y está casada con Ángel (apodado “El Gallo”), el mayordomo. También el médico Juncal y su esposa aparecen de nuevo, esta vez con un papel más relevante. De nuevo tenemos una pintoresca aventura en el rural gallego, esta vez sin parte en la ciudad, excepto algunos flashback de la vida de Gabriel. Y, como era de esperar, el estilo de la autora y su prosa son exquisitos.

Estamos ante una segunda parte interesante, con más peso de las historias de amor y el sentido religioso de la vida que su predecesora. Podría llegar a leerse sin conocer Los Pazos de Ulloa (1886), aunque recomiendo la lectura de esa parte primero pues se comprende mejor la bilogía en su conjunto. Sin embargo, las dos obras pueden disfrutarse por separado puesto que tenemos explicaciones al ir leyendo de lo que ocurrió y que marca lo acontecido con posterioridad.

Ambas novelas son buenos exponentes de lo que fue el realismo en España y también de la obra de su autora. Tenemos un cuadro o, más bien, una fotografía de la Galicia de esa época. Se nos muestran los usos, las costumbres, los vicios y virtudes del país y sus habitantes sin obviar lo desagradable ni ensalzar lo positivo. Estas novelas me parecen el retrato de la forma de vivir de antaño.

En suma, lo que el gallego se empeña en saber, lo rastrea mejor que el zorro rastrea el ave descarriada.

Valoración: sí, recomendable.

Podéis adquirir esta novela aquí (acceso libre)

 

3 comentarios en “Crítica a “La madre naturaleza”, de Emilia Pardo Bazán”

    1. ¡Me alegra mucho! Esa es mi intención, animar a leer (o releer) los libros. Me suele pasar que al releer veo aspectos en los que no había reparado en una primera lectura, así que espero que disfrutes de la obra de doña Emilia. Muchas gracias por leer la entrada y por comentar. Saludos.

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