Bien, bien

Crítica a “La chica descalza en la colina de los arándanos”, de Nieves Mories

·Título: La chica descalza en la colina de los arándanos
·Autora: Nieves Mories
·Género: novela breve de terror
·Fecha de publicación: septiembre de 2017
·Edición: 1ª edición (física)
·Editorial: Cerbero
·Número de páginas: 129

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Portada de La chica descalza en la colina de los arándanos, ilustrada por Carolina Bensler

Nieves Mories (Ávila, 1978), publica su primera novela, a la que llama Nepenthe (Literanda Narrativa) en 2013. Nepenthe es un relato de terror asfixiante y original en el que la autora alcanzó, tras años de perfeccionamiento, una remarcable voz propia. Mories publica relatos, poemas y reflexiones en su blog y ha publicado en medios como la revista SuperSonic, la web La Culpa es del Script y V.O.S. Revista, donde ha escrito sobre series y cine de género. En distintas ocasiones, su género ha sido definido como psicoprosa.

La chica descalza en la colina de los arándanos da comienzo cuando le acaban de aplastar el cráneo a la protagonista con un martillo de bola. La muchacha, junto con su amiga Marian, se había desviado una noche de Navidad en la que ambas habían bebido demasiado hacia la casa de la colina de los arándanos… Pero allí no hay arándanos, tan solo hay crueldad, muerte, un búho chirriando oxidado en lo alto de la torre y el misterioso y apagado Nick.

A partir de entonces, seguimos el recorrido de la protagonista como fantasma, como entidad espectral mientras intenta descubrir el porqué de seguir formando parte del mundo de los vivos sin seguir viva.

Así pasé el primer, y aburridísimo, día de mi no muerte.

En primera instancia nos encontramos, por lo tanto, con una novela breve de terror que emplea un interesante y atrevido recurso: su protagonista acaba de morir y se ha convertido en un espectro condenado a vagar por el mundo de los vivos, si es que pueden llamarse así, porque algunos de los ciudadanos de Blueberry Hill están más muertos en vida que la protagonista en la muerte.

Pude hacerme con La chica descalza en la colina de los arándanos en Gigamesh Barcelona, la librería en la que la Editorial Cerbero presentó su triada de bolsilibros de septiembre. En comparación con Agramonte, de Yolanda Camacho, la novela breve que acompaña a la obra de Nieves Mories este mes, diré que La chica descalza en la colina de los arándanos está enmarcada en un ambiente más típico de la sociedad estadounidense, y por ello al lector le da cierta sensación de lejanía. Ambas novelas suceden prácticamente en un único espacio: la casa terrorífica y chirriante típica de las historias de terror más clásicas, pero, además, las dos guardan una enorme distancia en cuanto a estilo y ejecución narrativa, siendo el estilo de Mories más preciosista y el de Yolanda Camacho más introspectivo, más psicológico.

Los grillos cantaban. A nuestros pies, poco a poco, se encendían las luces de los salones, de las cocinas, de las calles, de las avenidas; y el cielo púrpura se llenaba de nubes de tormenta.

Una narradora protagonista en primera persona, pero sobre todo centrada en la figura de Nick y en su propia muerte, nos va transmitiendo sus extrañas sensaciones en el limbo en el que se encuentra. La protagonista fantasma tiene el objetivo de vengarse de Nick, su asesino, el que vive en la torre de Blueberry Hill, el loco solitario. Pero sus objetivos se irán tergiversando según vaya descubriéndose a sí misma, según vaya entendiendo su nueva forma y conociendo al homicida.

Mories hace en esta novela corta un uso correcto y típico de la estructura cronológica lineal, pese a que, de vez en cuando, la protagonista no puede evitar hablar de Marian, su amiga, la que le hacía la vida imposible, la que la relegaba a ser su sombra. Pese a estos recuerdos y comentarios recurrentes, no hay una sensación de analepsis que rompa la línea temporal.

Son muy interesantes los diálogos que la muerta mantiene con Nick e incluso consigo misma, ya sea narrando o en forma de diálogo tradicional. La chica descalza en la colina de los arándanos es, en realidad, un monólogo interior de la propia protagonista muerta, que se está descubriendo a sí misma, que ha tenido que llegar al extremo de morir para comprender quién era en vida. Así, la autora va haciendo uso de diálogos y de narración tradicional intercalada con detalles preciosistas y con repeticiones de recursos que calaran hondo en la lectora. Gracias a esto, además, se crea un ritmo narrativo pausado (sobre todo en la primera mitad de la novela) en el que nos deleitaremos con las sensaciones y vivencias de la chica fantasma.

El título de la novela, además de ser muy largo, está plagado de matices interesantes. Primero, como es obvio, se menciona la colina de los arándanos, el lugar en el que la protagonista pierde la vida y sucede gran parte de la acción (por no decir toda). Además, la colina ejerce de vigilante de un pueblo en el que el egoísmo, la inmoralidad, la desgana, la apatía y la corrupción lo llenan absolutamente todo. No hay lugar para la esperanza en Blueberry Hill. La otra parte del título, y quizá la mas importante, es la chica descalza, que bien podría referirse a la protagonista y a su inseguridad en vida, que la lleva a morir a la colina de los arándanos o al estado entre la vida y la muerte que ella más bien recibe como un despertar de sus pesadillas en el que ya no sueña más que huye, descalza, de lo desconocido.

Al descubrimiento de la chica fantasma de sí misma se le unen temas secundarios como la desgana vital, la desesperación, la incertidumbre, la relatividad de la familia o, incluso, la relatividad entre la vida y la muerte que la protagonista siente al morir. La chica fantasma se siente más viva una vez ha muerto, y tanto los habitantes del pueblo como Nick, el asesino, parecen tomarse la vida de un modo muy hundido, muy catastrófico. Están desesperados mientras la chica muerta toma su nueva condición con sarcasmo y cierto humor negro, con atrevimiento y valentía, porque ya no tiene nada que perder.

Blueberry Hill le dio la razón, envolviéndonos con su penumbra coagulada y maternal.

En conclusión, Nieves Mories hace uso de un estilo preciosista y detallista en esta novelette; en ocasiones nos parece estar leyendo algo así como lírica de terror. Además, la autora sabe mantener muy bien el ambiente tenso propio del género. No obstante, llega un punto en el que el texto se vuelve algo repetitivo y, además, da la sensación de que la autora se precipitó algo al terminar la obra. Pese a ello, buena historia de terror con un muy interesante recurso centrado en su protagonista.

Valoración: Bien, bien
Podéis adquirir La chica descalza en la colina de los arándanos aquí.

·Crítica a Bajo la piel de la ciudad, de Eleazar Herrera.
·Resumen de mis impresiones sobre los doce primeros bolsilibros publicados por Cerbero.

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