Imprescindible

Crítica a “La Torre Oscura IV: Mago y Cristal”, de Stephen King.

  • Título: La Torre Oscura IV. Mago y cristal (The Dark Tower IV. Wizard and Glass)
  • Autor: Stephen King
  • Traductor: María Antonia Menini
  • Ilustrador: Dave McKean
  • Género: fantasía oscura
  • Fecha de publicación: 1997
  • Edición: primera edición (noviembre 2011)
  • Editorial: Debolsillo
  • Número de páginas: 927

Esto es a vida o muerte. La hora de las estupideces quedó atrás.

Después de 26 años sin apenas escribir una línea acerca de la Torre, Stephen King por fin tuvo que enfrentarse a ella, tuvo que volver a caminar por su propio camino de baldosas amarillas y tuvo que dar forma, una vez más, a la mente del complejo Roland. Pero por aquel entonces, el autor ya no era el mismo. Muy lejos quedaban ya esos momentos de penuria; ahora King era un escritor aclamado y denostado a partes iguales por la crítica.

En el epílogo de Mago y Cristal nos habla de las dificultades que tuvo para escribir esta historia, ya que a diferencia de las demás novelas es prácticamente un flashback de la infancia de Roland, pero además insiste en que una vez que la culminó, lo demás vino solo: ya nos perfila las que él creía que serían las tres últimas novelas acerca de la historia de este ka-tet   (no olvidemos que años después escribiría una novelita más que, siguiendo el orden de la historia, sigue a esta y que lleva por nombre El viento en la cerradura).

El argumento de la novela se empieza a complicar a partir de la segunda parte. Las primeras cien hojas, más o menos, son las que nos llevan al final del viaje a través de Blaine el Mono en un juego macabro que nos recuerda, sin ninguna duda, a Bilbo Bolsón luchando por su vida contra Gollum. Si bien es cierto que la influencia de Tolkien está ahí, también es cierto que la calidad de las adivinanzas (a pesar de que un par de ellas son las mismas) es bastante menor, ya que casi todas están basadas en juegos de palabras que, al ser traducidos, han perdido toda su gracia, sin embargo, con la segunda parte empieza la esencia verdadera de Mago y Cristal.

Durante las casi 800 páginas restantes, Rolad le cuenta a su ka-tet una historia que le aconteció cuando solo contaba con catorce primaveras, les cuenta la historia de cómo se tuvo que someter a una dura prueba de hombría, que superó con creces, y de cómo su padre lo mandó lejos para evitar un mal mayor que, sin embargo, lo siguió hasta el fin del mundo.

Si antes habíamos dicho que Roland era un ser que parecía ser incapaz de amar, que solo quería encontrar su maldita Torre dándole lo demás igual, ahora vemos a un Roland de catorce años preocupado por sus amigos y enamorado. Sí, porque Roland, quien después ostentaría el título de El Último Pistolero, fue capaz de amar, pero entonces una bola maldita le arrebató esa capacidad (bola que, por cierto, recuerda ligeramente al palantir de Saruman), junto con muchas otras cosas.

Tal como le dijo el escorpión a la doncella mientras esta yacía moribunda: <<Tú sabías que yo era un veneno cuando me tomaste>>

En esta ocasión el mundo que nos encontramos dista mucho de las ciudades abandonadas que Rolad, Jake, Susannah, Eddie y Acho han estado recorriendo, ahora nos encontramos en Mejis, un pueblo lleno de granjeros, pescadores y criadores de caballos que viven con alegría, aunque ocultan un gran secreto, secreto que Roland, que viaja en compañía de Alain y Cuthbert , logra descubrir y que les queda demasiado grande, pero como suele ocurrir, ellos, con catorce años y toda la vida por delante, creen que podrán solucionarlo solos.

Después de estar una noche escuchando la historia (¿de verdad solo ha sido una noche? Puede que sí, o puede que no, pero recordad que el mundo se ha movido), se ponen de nuevo en marcha por una vieja autopista llena de coches abandonados que los conduce a una torre de cristal, aunque antes de llegar a ella encontrarán unos zapatos rojos (vaya, aparte de leer El Señor de los Anillos parece que alguien estuvo viendo El Mago de Oz) que les permitirán entrar en un castillo en donde se enfrentarán al gran Oz, que no es otro que Marteen, el causante de todos los problemas de Roland.

Luchan, pierden – o quizá ganan, no nos queda muy claro – y cuando despiertan la torre está muy lejos y sus mochilas están llenas de comida que no saben cómo ha llegado hasta allí. Roland entonces les muestra la bola de cristal sabiendo que aquella es la última prueba que deberá superar su ka-tet, una vez les muestre el final de la historia, o se separarán o caminarán juntos hasta el final.

Otro eslabón de la cadena que se remontaba a la oscuridad en la que Arthur Eld se había puesto al frente de sus pistoleros blandiendo la gran espada Excalibur por encima de su cabeza, con la frente ceñida por la corona de Todo-Mundo.

En cuanto a los personajes, a Roland lo conocemos bastante bien, pero como ya he dicho antes, el chico que llega a la ciudad de Mejis es totalmente otro: es un chico alegre que sonríe, que hace bromas y que sabe cuál es su lugar. Es cierto que tiene ya aires nostálgicos, pero todo cambia con la llegada de Susan, una joven que le roba el corazón y cuya pérdida se lo rompe para siempre.

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Susa es una joven destinada a ser la gilly del viejo alcalde de la ciudad. Vive con su tía, la vieja Cordelia, a quien no aguanta, y aunque se esfuerza por mantener todas las promesas que hizo, se ve obligada a romperlas cuando conoce a Roland, porque el ka es como el viento, y nadie puede luchar contra él.

Físicamente Susan es un sueño, hermosa, dulce y entregada, se desvive por Roland pero, a la vez, es la causante de toda su desgracia, ya que sin ella quererlo, él la convierte en el centro de su mundo y se olvida de todo lo demás, lo que llega a poner en serios problemas a sus amigos.

De estos amigos mucho hay que decir, Alain y Cuthbert, el primer ka-tet de Roland ( y que como nos quedará claro después tienen muchas similitudes con Sussanah y Eddie), son los mejores amigos de Roland, lo acompañan y juntos forman un triángulo perfecto, ya que todas sus habilidades están equilibradas. Hay momentos en los que esta unión parece que va a romperse, pero siempre logran recuperarse y mantenerse a flote. En esta entrega poco es lo que se nos cuenta de ellos: solo que Alain posee el toque y que Cuthbert es un bromista, que ambos son magníficos pistoleros (a pesar de que todavía no han obtenido sus pistolas) y que harán lo que sea por Roland, al que aceptan como cabecilla de su pequeño grupo sin que nadie se lo imponga.

Además nos encontramos con muchos más personajes, como la Tía Cordelia; Los Cazadores del Ataud, tres hombres que en apariencia solo van a proteger al alcalde Thorin y que en verdad son esbirros del Hombre Bueno y, por supuesto, no podemos olvidarnos de Rhëa, la bruja que posee en primer lugar la bola mágica y que es quien mueve toda la historia.

[…] Los ojos de unos muchachos que acaban de pasar por primera vez por la prueba del fuego y no aciertan a comprender que no se hayan quemado.

Esta cuarta entrega es, de lejos, la más intensa. Quitando las primeras páginas, que sí que se hacen algo pesadas a mi parecer, la historia que narra es apasionante y, sin ninguna duda, totalmente necesaria. Muchas veces he oído que sobra, que no tiene sentido hacer un flashback tan largo, pero lo tiene, vaya que si lo tiene. Si Roland no se había ganado tu simpatía, este el momento en el que lo hace, porque empiezas a comprenderlo, empiezas a ver el por qué esa maldita Torre es tan importante e incluso sentirás que es importante para ti.  Si en algún momento Roland te pareció un ser frío y sin corazón, entenderás por qué es así, pero también entenderás que esa coraza que él se ha impuesto se puede romper.

Sin ninguna duda, Mago y Cristal rompe con las teorías que dicen que las primeras partes de las sagas son siempre las mejores y que hacia la mitad decae, porque si bien es cierto que la historia principal apenas avanza, nos ayuda a profundizar en la mente de uno de los personajes – de los demás se nos ha contado lo más importante de su historia con bastantes detalles, no nos olvidemos de ello – con una historia llena de fuerza que, como la bola de cristal a Rhëa y a todo el que la toque, te atrapará.

Valoración: Imprescindible

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1 thought on “Crítica a “La Torre Oscura IV: Mago y Cristal”, de Stephen King.”

  1. ¡Magnífica reseña!
    Personalmente, “Mago y cristal” es mi libro favorito de la saga porque, como dices tú, nos ayuda a conocer a Roland y el porqué actúa del modo en el que lo hace. Su historia me pareció fascinante y su historia de amor con Susan me conquistó como pocos romances lo han hecho. Efectivamente, es imprescindible.
    ¡Un saludo! ^^

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