Sí, recomendable

Crítica a “El cuento número trece”, de Diane Setterfield

·Título: The Thirteenth Tale (El cuento número trece)
·Autora: Diante Stterfield
·Traductora: Matuca Fernández de Villavicencio
·Género: narrativa
·Fecha de publicación: 2006
·Edición: Círculo de lectores
·Editorial: Random House Mondadori
·Número de páginas: 479

—Pero su carrera… Las historias…

—Cuando no somos nada, inventamos. Llenamos un vacío.

Diane Sttefield nació en agosto de 1964 en Berkshire, Inglaterra. Como es común en los escritores (los pequeños y los grandes), es aficionada a la lectura desde niña. Estudió literatura francesa en la Universidad de Bristol. Ejerció como profesora hasta finales de los 90, abandonando el mundo académico para dedicarse a escribir. Su primera novela, El cuento número trece que ocupa esta crítica, fue un rotundo éxito. Su literatura muestra claras influencias de las hermanas Charlotte y Emily Brontë.

Vida Winter es una aclamada novelista, de cuya vida existen muy pocos detalles. Existen diferentes especulaciones sobre quién es y, sobre todo, sobre quién ha sido. Pero la mayor parte de esta información procede de la mente caprichosamente creativa de la propia Winter. Ya acariciando el ocaso de su vida y aquejada por una enfermedad, le escribe a la joven Margaret Lea una carta: desea que ella sea la escritora de su auténtica biografía. Para Margaret, una amante de los libros clásicos, supone una oportunidad tan maravillosa como sorprendente, y no puede evitar preguntarse: ¿por qué precisamente ella?

Un nacimiento no es, en realidad, una introducción. Nuestra vida, cuando empieza, no es realmente nuestra, si no la continuación de la historia de otro.

Este libro fue un regalo (gracias, Emma Mars), por lo que esta crítica la escribo por el puro placer de hacerla. Ya que la lectura de El cuento número trece me resultó totalmente embaucadora. Digamos que es una de estas historias que pueden hacerte recuperar el placer por leer a todas horas.

¿Y por qué me atrevo a decir esto? Porque es de estos libros que tomas entre las manos (es bastante grueso y he de decir que la edición física es preciosa) y a raíz de la primera línea ya te encuentras prendada de sus páginas. Supongo que no está de más decir que Stterfield cuida al detalle cada una de las palabras que, elegidas con cuidado, ocupan cada uno de los renglones. Pero no solo es esto, sino que también tenemos una historia o, mejor dicho, varias historias tan poderosas como turbias y complejas. 

Cerré la puerta y dejé la llave de la tienda en el lugar acostumbrado, detrás de los Principios avanzados de geometría, de Bailey. Pobre Bailey. Nadie se ha interesado por su libro gordo y gris en treinta años. A veces me pregunto qué piensa de su papel de custodio de las llaves de la librería. Dudo mucho que sea el destino que tenía pensado para la obra maestra que tardó veinte años en escribir

Por un lado contamos con la citada Margaret Lea. Margaret disfruta de una rutina que muchos envidiaríamos, pues trabajaba con su padre en una librería muy especial. Allí, cada día, desfilan entre sus manos los mejores ejemplares de libros clásicos y contemporáneos. Pero ella prefiere los libros antiguos, creados por los escritores muertos, porque siente que así puede resucitarlos. Por esa razón no había leído ninguna de las aclamadas novelas de la escritora Winter, así que al recibir su petición se siente abrumada. Lo primero que hará será hacerse con toda su bibliografía, incluso con el valioso y único ejemplar que su padre guarda como oro en paño, El cuento número trece. En el que, precisamente, el último relato, el trece, está en blanco.

El-cuento-numero-trece

Atestado de deliciosas descripciones, pensamientos e ideas, el lector que ame leer disfrutará de lo lindo. Porque mientras Margaret empieza a descubrir lo opaca y misteriosa que es la figura de la escritora, también comienza a notar el embrujo de su literatura y a entender el secreto de su éxito. Algo así como lo que yo misma sentía al leer a Setterfield.

Para cumplir su trabajo, Margaret será invitada a hospedarse en la mansión de la escritora que, ya de por sí, es un lugar mágico y escalofriante. No se esconden las claras influencias de Brönte y Eyre, sino que se presume de ellas. Son constantes la referencias a esas plumas clásicas de la boca de la propia Winter. Un precioso homenaje que nos hace disfrutar, todavía más, si cabe. Y sí, tiene que caber. Porque la obra no ha hecho más que comenzar. Después de una larga introducción, al fin, se nos sitúa en el punto necesario para comenzar el nudo de la historia (la escritora Winter hace especial hincapié a Margaret en que su biografía tiene que contarse con el orden preciso de introducción, nudo y desenlace).

Empezaré por la introducción. Aunque, naturalmente, la introducción nunca está donde uno cree. Le damos tanta importancia a nuestra propia vida que tendemos a creer que su historia comienza con nuestro nacimiento. Primero no había nada, entonces nací yo… Pero no es así. Las vidas humanas no son pedazos de cuerda que podamos separar del nudo que forman con otros pedazos de cuerda para enderezarnos. Las familias son tejidos. Resulta imposible tocar una parte sin hacer vibrar el resto. Resulta imposible comprender una parte sin poseer una visión del conjunto.

Entonces, al presente y a las propias indagaciones que hará la nueva biógrafa (y única) de la anciana escritora, hay que unir la apasionante trama que forma parte del extraño y truculento pasado de Winter. Su pasado está lleno de oscuridad, de sucesos terribles, de magia, de maldad, de su hermana gemela, de ausencias, de una lucha, de no saber, de seguir. Los hilos que han conformado a esa escritora son muchos, todos apasionantes, todos escalofriantes. Una razón más para no dejar de leer.

Y todo esto con un estilo más que impecable, diestra en las largas narraciones y brillante en los abundantes diálogos. La ambientación es exquisita, el ritmo el adecuado, el misterio no se detiene ni por un momento, pero lo más asombroso de todo es la hermosura de una literatura de verdad: parece un homenaje a los libros y a las historias de los libros.

Valoración: Sí, recomendable

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Tal vez sea mejor no tener ninguna historia en absoluto, en lugar de tener una que no deja de cambiar.

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