Bien, bien

Crítica a “Gente de paso”, de A. P. Bolívar

·Título: Gente de paso
·Autor: A.P. Bolívar
·Género: novela híbrida
·Fecha de publicación: 2016
·Edición: digital
·Editorial: Alas Editorial

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Portada de Gente de paso

A.P. Bolívar nació en Madrid en 1971. Cursó estudios de Información y Documentación en la Universidad Carlos II y, en la actualidad, vive en Madrid, donde trabaja como bibliotecario. Gente de paso es su primera obra.

Se llamaba Delhy Villaflor, era argentina y estaba totalmente convencida, al igual que Platón y Pitágoras, de que la contemplación de lo bello proporciona un gran beneficio espiritual.

Gente de paso es una obra curiosa, difícil de encuadrar y de clasificar, pero no tanto de entender si se le presta una adecuada atención. La obra narra el recorrido de un periodista que realiza una investigación de dos personajes que se encuentran relacionados con la alfabetización y la lectura en tiempos de guerra. A la vez, el protagonista se buscará a sí mismo a través de lugares que descubrirá o redescubrirá, de personas comunes con las que compartirá sus días y de profundas sensaciones nacidas de la cotidianidad. Para esto, tanto el autor como el protagonista —que a ratos nos parecen ser uno solo en cierto homenaje indirecto o involuntario a la metaficción— se valdrán en su investigación de biografías, anécdotas, paisajes y fotografías que ayudan a entremezclar la ficción de Gente de paso con la realidad en la que se enmarca.

El estilo directo y raudo de Bolívar en su novela nos recuerda al artículo periodístico o al ensayo, pero su pluma también da visos de novela histórica o filosófica. Algunos detalles o situaciones puntuales de su contexto, incluso, nos recuerdan al realismo mágico. El recorrido de descubrimiento existencial del protagonista se mezcla así con una parte de la historia española reciente que quedó enterrada en el olvido y nos presenta una obra que bien podría considerarse novela híbrida o inclasificable. En realidad, esto carece de importancia ya que el lector no se planteará qué está leyendo, sino que se dejará mecer por cómo está narrada la historia.

Así, un narrador protagonista en primera persona nos va introduciendo al personaje sin nombre —quizás para ayudar al lector a identificarse o situarse o, como dije anteriormente, para identificar al escritor con su creación de forma total—, un periodista que está gravemente enfermo, pero que prefiere vivir y viajar a pasar sus días descansando para intentar recuperarse.

Pero esto, la escritura (o la escultura, tú lo sabes), no es más que un juego; un pasatiempo con el que entretener la espera mientras transcurren las horas y el sol se oculta tras la ventana.

El periodista se marchará de su hogar en un viaje en el que investigará a Aurora Ríos y a Wenceslao Mendizábal, dos personajes clave en los tiempos de la Guerra Civil española. Así, los testimonios y conocedores de la historia de Aurora y Wenceslao se convertirán en gente de paso para el protagonista, y le irán relatando los sucesos y datos que definieron la cultura y la educación en los tiempos del conflicto. Dicha instrucción cultural se llevó a cabo gracias a personajes de renombre y de alzado altruismo como lo fueron Wenceslao y Aurora.

Si bien los personajes que aparecen en Gente de paso son entidades cotidianas, sencillas y efímeras —esto incluye a lector y a escritor, que se encuentran en comunión en dicha situación—, la excepción de la obra y de su título la encontramos en Sophie, el gran amor del periodista. Sophie es una mujer que, al conocerla, provocó en el protagonista un sentimiento férreo e inamovible: el del amor no correspondido. Y en ella observamos una obsesión que mantiene viva a Sophie (pese a no aparecer demasiado) durante toda la obra.

Somos gente de paso. No muy distinta de las efímeras, si nos comparamos con los astros o con el universo.

En conclusión, Gente de paso es una obra remarcable en la que encontramos distintos estilos literarios y temáticas enfocadas hacia un mismo punto: el de la relativa importancia de la existencia humana. Las obras con contexto filosófico que dejan de lado la acción suelen ser mis predilectas, y Gente de paso no se queda atrás porque está plagada de detalles que me han marcado como lector. Del estilo del autor cabe destacar el ritmo rápido y los capítulos cortos y la aparente claridad de sus líneas (aparente porque en ellas esconde hondas reflexiones).

Valoración: Bien, bien
Podéis adquirir Gente de paso aquí.

2 thoughts on “Crítica a “Gente de paso”, de A. P. Bolívar”

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