Sí, recomendable

Crítica a “Sopa de elegidos”, de Pablo García Maeso

·Título: Sopa de elegidos
·Autor: Pablo García Maeso
·Género: novela fantástica
·Fecha de publicación: 2016
·Edición: digital
·Editorial: Sportula
·Número de páginas: 502

Yo aspiraba a ser alquimista. No era vocación profesional, no era —dicho con voz cursi y los dedos entrelazados— mi sueño.

La novela que os traigo hoy llegó a mí como segunda nominada en la categoría de Opera Prima en los Premios Guillermo de Barskerville de 2017 de Libros Prohibidos. Está firmada por Pablo García Maeso (Madrid, 1982). Desde pequeño ha sido víctima de este afán que sentimos muchos de contar historias. Ha compaginado esta pasión literaria con estudios de Derecho y Jurisprudencia en la UCM y formación en Doblaje y Locución e Interpretación. En la web se le conoció con el seudónimo de Wally Week, bajo el cual mantuvo el blog Pyjamarama!. También ha colaborado en Viruete.com y en el podcast Tiempos Bizarros. Desde 2012 forma parte del podcast de humor Vuelo 180.

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Pablo García Maeso, autor de Sopa de elegidos

Ha co-escrito varios cortometrajes, entre ellos El Usuario, Click, Shaken y Polvo de Estrellas, y algunos episodios de la serie de televisión Qué Vida Más Triste, de La Sexta.

Sopa de elegidos ha sido editada por Sportula, una pequeña editorial especializada en literatura de género. Desde aquí me gustaría aplaudir su trabajo y su calidad, como también indicarles que tienen las puertas abiertas a esta casa, donde estaremos encantados de leerles.

Quedaría muy profundo que la mezcla de intriga y emoción me hubiera impedido probar bocado, pero lo cierto es que tenía más hambre que el Perro del Afilador, ese que lamía las chispas para comer caliente.

Aquí tocaría escribir la sinopsis de la obra. Dado que se trata de una novela de unas quinientas páginas esta parte puede ser realmente larga, pero voy a intentar ser breve: El país donde se ambienta la historia, Hemisferio, ha sido derrotado por una guerra contra los orcos y la situación deja bastante que desear. En una tesitura muy difícil, a Fusa Gorretti no le queda más remedio que trabajar de voluntaria al servicio del Ilustre Cuerpo de Corregidores Sanitarios (división muy odiada por el pueblo, por cierto) con la aspiración de obtener una beca que le permita llegar a ser alquimista.

Una noche, Fusa ve cómo un desconocido asesina a su jefe, Lord Meadows, ante sus narices tras atacarla. En su último aliento de vida, Meadows le avisa de que el mundo está en peligro. Aturdida y acosada por la ley, emprende un viaje a través de Hemisferio, siguiendo un rastro de pistas falsas que encuentra en su libro favorito. Su compañero de viaje será Knork el Impredecible, un semiorco experto en meter la pata.

En época de posguerra, a las cejas arqueadas le siguen las espadas fuera de las vainas.

Más o menos creo que así le puedo hacer justicia. Pero no. Lo cierto es que es una novela difícil de explicar y de catalogar. Porque a voz de pronto puedo decir, con todos mis respetos, que es un despropósito. Nos encontramos ante una clara novela de fantasía, pero al mismo tiempo parece una obra de denuncia social. El drama y la desdicha están impregnados en muchas de sus páginas, pero parece que el tono de humor no se abandona nunca. El hilo argumental tiene como base la fórmula del viaje del héroe, pero es un hilo que se difumina con facilidad.

Lo cierto es que Fusa y Knork no ganarán para disgustos, al mismo tiempo que se fragua entre ellos una extraña y tierna relación de amor/odio. A ellos los acompañarán los más variopintos personajes, visitarán lugares esperpénticos, terribles y hermosos y conocerán diferentes facetas de la sociedad de Hemisferio. Habrá humanos, pícaros, enanos, elfos, orcos… pero no demasiados. Se deja entrever la magia, pero muy poco a poco. Sorprendentemente, además, a pesar de ambientarse en un mundo épico, me recuerda en muchos aspectos a la novela urbana.

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La narración es la propia de un autor con tablas para escribir y que, además, ama lo que hace. Escrita en la primera persona de Fusa, tenemos a un narrador insistente, descriptivo, subjetivo, que otorga opiniones a todo y que, a menudo, ahoga al lector. No es una característica del todo negativa, pero sí que resulta un tanto agotadora. Y es que la escritura de Pablo García se caracteriza por mantener un ritmo lento, ser muy pormenorizada y generosa en detalles. Muchos detalles que enriquecen pero que, al mismo tiempo, aletargan.

Tal afán relator puede sonar entrañable y hasta divertido, pero en realidad no podía ser más triste. Me recordaba la vida que había perdido, una vida dura pero muy feliz, llena de grandes momentos, llena de sueños y planes. A menudo se me rompía la voz y tenía que hacer una pausa hasta que se me deshiciera el nudo de la garganta, y entonces Knork apartaba la vista y se alejaba un rato para darme intimidad.

No me entendáis mal: para mí no es algo necesariamente malo, porque a mí las novelas largas, que puedes disfrutar a lo largo de varios días y sumergirte de lleno en un nuevo mundo, me encantan. Además, por los factores que he citado antes, no es necesario ser muy diestro en literatura fantástica para saborearla, porque por momentos se olvida qué género estamos leyendo. Pero, mal que me pese, hay exceso en muchas partes. Y, aunque la fiesta no para nunca (es decir, a Fusa y a Knork no paran de sucederles cosas, y cosas, y cosas) y los escenarios son volátiles y muy variopintos, la lectura se atasca en algunas partes. Estamos hablando de que los capítulos tienen un tiempo de lectura medio de 30-40 minutos, tal vez demasiado.

Hablaba antes de los toques de humor, muy importantes a lo largo de toda la trama. Es un tono que está muy presente y que se entremezcla de maravilla con el drama y la agonía. Porque hay partes verdaderamente oscuras y duras de leer que, por mi parte, también me han entusiasmado. Sigue pareciéndome una genialidad la manera de añadir tantos tonos diferentes en un mismo libro y que quede una pasa tan compacta que, además, está deliciosa.

Las piernas me pedían salir corriendo. Los ojos me pedían echarse a llorar. La mente me pedía llamarlos de todo menos guapos. Las manos me pedían agarrarse al pelo de cierta arpía desnuda y cortarle la risa a bofetadas. Mi prudencia, no obstante, rechazó todas las solicitudes y me limité a agachar la cabeza y ahogar un sollozo.

He de decir que Fusa Gorretti (sin desmerecer a Knork, por supuesto) es una heroína de la que me he enamorado. Es natural, intrépida y cobarde, inteligente y boba, sencilla y compleja. El autor se empeña en crear personajes muy reales, con muchos matices y profundidad (casi todos están muy bien estructurados), pero Fusa se lleva la palma. Es de esos nombres literarios que difícilmente se olvidan.

Por cierto, ¿alguno de vosotros puede resolver este acertijo?

¿Por qué el bufón no hace imitaciones?

Valoración: Sí, recomendable

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—Fusa Gorretti, en perpetuo sufrimiento.

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