Excelente

Crítica a “Dog Café”, de Rosa Moncayo

·Título: Dog Café
·Autora: Rosa Moncayo Cazorla
·Género: novela
·Fecha de publicación: 2016
·Edición: digital
·Editorial: Expediciones polares
·Número de páginas: 176

Sueño que tengo heridas, pero nunca hay sangre

Y sí, hasta aquí llega mi función como jurado de la categoría de Opera Prima de los Premios Guillermo de Barkerville organizados por Libros Prohibidos. La verdad es que la experiencia ha sido tan satisfactoria como breve (y es que este año solo me ha tocado leer tres obras, que por otro lado me han permitido abarcar otras muchas obras fuera de los premios). Ahora solo me queda decir… ¡Que gane el mejor!

Cierro pues, oficialmente, mi faceta como jurado en estos premios con Dog Café, editada por Expediciones Polares.

Estoy enferma de perdón

ue1WmwEJ.jpg
Rosa Moncayo Cazorla, autora de Dog Café

La pluma que se esconde tras este título pertenece a una jovencísima mallorquina (1993) llamada Rosa Moncayo Cazorla. Aunque siempre se ha sentido muy unida a la escritura, su carrera profesional se orientó a Administración de Empresas (que estudió en la Universidad Carlos III de Madrid). Con 20 años, le concedieron una beca para estudiar en Corea del Sur. Actualmente reside en Madrid y trabaja como analista de datos en una multinacional.

Cuando tenía dieciséis años, mi madre me dijo algo que en su momento entendí como un halago pero que, a fin de cuentas, no era más que una advertencia, otra de tantas.

—Eres una máquina de pensar y te pasará factura.

Me gustó.

Várez es la protagonista de esta novela, que bien puede ser un reflejo de Rosa Moncayo, ya que las similitudes saltan a la vista. Aunque he de decir que no es el personaje en sí lo que hay que destacar, sino sus pensamientos, los hechos que hay a sus espaldas y los sentimientos arraigados que machacan su presente. Presente que, a su vez, es una masa difusa, como una niebla difícil de atravesar.

Es una mujer de veintitantos años que trabaja en Madrid en una multinacional. Es una persona inteligente y determinada, casi podríamos decir que una triunfadora, porque a su joven edad ya goza de una independencia desahogada. Su familia vive lejos y no tiene amigos (más allá de Águeda, su compañera de piso, con la que tampoco comparte muchos momentos), y tan solo cuenta en su vida amorosa con Elías, un hombre más mayor que ella. Sin embargo, su marcha implica para Várez el desprendimiento de su felicidad y la caída progresiva a un abismo al que ella misma se deja ir.

Me aislaba de tal manera que cuando esa persona en cuestión desaparecía, sentía
un vacío tan placentero que lograba odiarme a mí misma.

Supe desde el arranque de la primera frase que se convertiría en una de esas novelas difíciles de olvidar. Al fin y al cabo, no puedo negar que soy una incansable lectora del género llamado intimista (al que también me gusta referirme como aquel que habla de la profundidad de la existencia humana). Además, la forma no podía ser más acertada: el uso de una primera persona protagonista, que asume el absoluto rol de narradora de sus pensamientos ahogantes, es la idónea para transmitir este tipo de historias.

La estructura también ayuda a su lectura, a pesar de la crudeza de lo narrado. Está divida en capítulos más o menos breves, que oscilan entre la niña Várez, la joven Várez que vivió en Corea del Sur (como la propia autora), la Várez que trabaja incansable en un Madrid solitario y la Várez que ama a Elías.

La narración está gobernada por los pensamientos y el monólogo interior. Apenas existen escuetos diálogos en las casi doscientas páginas de la novela y lo cierto es que no se echan en falta. No son necesarios para hacernos llegar la personalidad de la protagonista y de los diferentes personajes que formaron parte de su vida. A pesar de esto, el ritmo es fluido y ameno. En una mañana me devoré la novela sin apenas darme cuenta.

La tercera noche comencé a echar de menos a Elías. Solíamos leer juntos. En la cama, el mismo libro, tumbados paralelamente, rozando los pijamas, a veces desnudos y apoyando los pies contra la pared. Nos turnábamos para sostener el libro al aire, a la vista de ambos; intentábamos leer rápido para no hacer esperar al otro,
algo parecido a una competición suspendida en el tiempo.

Cuando era yo quien sostenía el libro, Elías posaba su mano sobre mi monte de Venus, dibujando círculos en mi vello púbico.

Como suele ocurrir en este tipo de obras, no existe un argumento propiamente dicho; pero esto no quiere decir que no existan temas a destacar: el amor, la soledad, la niñez, la depresión, los trastornos mentales, el aborto, el suicidio, etc. Pero es sutil, partiendo incluso por el título de la misma, Dog Café, que hace referencia a su visita a ese lugar durante su estancia en Seúl, lugar recurrente, casi como un refugio al que volver. Una etapa pasada tibia que le permite recordar lo que fue para ella la calma y, tal vez, la felicidad.

Cada uno de los párrafos derrochan pasión, pero no una pasión desmedida ni lacrimógena. Es duro, es negro, es curo, como si no existiera salida, pero no resulta apabullante esa desesperación, esa crisis existencial que sufre Várez. Es escrita por Rosa Moncayo con unión directa pero con una distancia helada. De esta forma el dolor nos llega amortiguado, como una herida que sangra pero no duele.

He encontrado auténtica brillantez en su uso de lenguaje, en sus frases largas y cortas. Algunas enrevesadas como un poema. Dota al texto de una habilidad exquisita para saber cuándo detenerse. Juega con la literatura, o más bien la crea y le da forma como un gustoso alfarero. Me ha recordado a La insoportable levedad del ser o a La campana de cristal. También comparte cierto estilo con Banana Yoshimoto.

 

dogcafe.jpg

Hay algo sagrado en la muerte de un familiar, opinar sobre la decisión de un muerto
constituye una falta de respeto; la desaparición y el dolor invitan a callar.

Los diferentes personajes que aparecen en la novela (no muy numerosos) nos sirven para conocer algo más a Várez. Una muchacha solitaria, que en el colegio no consiguió hacer amigos aunque sí que los deseaba. Excéntrica, tal vez algo loca, depresiva o trastornada, creció con una pequeña herida mental que fue haciéndose más y más grande. Parte de culpa recae en sus padres, y en la extraña relación que mantiene con ellos. Los quiere, los echa de menos, pero existe una barrera que ella misma ha levantado. Y aunque la quiere atravesar, no puede.

Elías, su amante, representará el contacto con el amor y el motivo de su pérdida emocional. Leemos una catarsis terrible de la joven, en ocasiones desearía atravesar las páginas y abrazarla para que esos pensamientos cesasen. Otro punto clave en su vida será Kabi, su compañera coreana, que representará el único vínculo de amistad sincero que acudirá en varias ocasiones a sus pensamientos.

Entonces, reflexioné sobre qué capacidad para concebir tenía yo si despertaba cada noche temblando de frío como una cría asustada.

Considero que Dog Café es una novela de apariencia sencilla pero, en realidad, complejamente brillante. He disfrutado de su lectura muchísimo y no quería que se terminase. Como lectora he sentido una química especial con su narrativa; pero como mujer, como persona, casi he notado una comunión con lo transmitido en sus páginas. Los fragmentos ayudan a autoindentificarnos, a analizar nuestra existencia tan urbana como vacía y a plantearnos lo que hemos dejado atrás y qué pretendemos buscar en realidad.

Valoración: Excelente

Adquiere Dog Café aquí

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s