Sí, recomendable

Crítica a “No quedan hombres justos en Sodoma”, de Javier Font

·Título: No quedan hombres justos en Sodoma
·Autor: Javier Font
·Género: novela corta; narrativa
·Fecha de publicación: 2015
·Edición: digital
·Editorial: autopublicado
·Número de páginas: 95

Abel cierra los ojos y ve nevar, se tapa los oídos y oye gritar, se palpa su costado y aún lo nota sangrar, nos dieron en los hocicos Manuel, tú como siempre anduviste espabilado, te libraste de una buena.

De vez en cuando me gusta leer por placer. Esto es un eufemismo porque en realidad, casi siempre lo hago. Pero me refiero a que soy un poco rebelde, me salto la lista de obras pendiente de reseñar y cuelo alguna que otra dejándome llevar por mi olfato de lectora. Este es el caso de No quedan hombres justos en Sodoma que conocí gracias a la crítica de mis queridos compañeros de Libros Prohibidos. Y aunque es verdad que a veces Javier Miró y yo no coincidimos demasiado en gustos, otras sus recomendaciones me van como anillo al dedo (como me ocurrió con O derradeiro libro de Emma Olsen). En definitiva, que esa iba a ser una lectura de la que no tenía pensando hacer reseña pero, al terminar de leerla, me parecía injusto que A Librería no contara con una novela como esta.

El autor de esta pequeña joya es Javier Font, que firma el espacio literario Mundo Miscible. La obra que ocupa esta crítica es su opera prima, pero ya ha publicado dos títulos más: Alma 2718 (Ed. Grietas, 2016) y Crónicas del vacío (Autopublicada, 2016).

“No quedan hombres justos en Sodoma. Stop. Esperamos impacientes su ira. Stop. Rogamos procedan con su destrucción. Fin”.

 

Cuando Abel regresa de la guerra, Sodoma la recibe de la forma más trágica posible: su hermano ha muerto y, además, ha dejado una cuantiosa deuda a la que él debe responder. Pero Abel está loco, Abel tiene el alma del revés.

Del revés está la realidad de esa novela corta e intensa, de lectura ágil aunque complicada de definir. Y es que en el país/pueblo/ciudad que nos representa aquí Javier Font nada nos indica que nos encontremos en nuestra tierra conocida o en otro lugar. ¿Un plano intermedio? ¿Otra realidad? ¿Solo estamos nadando en la locura? No demos nada por hecho, porque perderemos de vista el suelo en repetidas ocasiones. Y es que, con habilidad y sin que apenas el lector pueda darse cuenta, lo que es real y lo que no lo es se unen, se encadenan, para dar salida a esta dramática historia con un fuerte componente intimista.

No se pueden negar las referencias bíblicas. Recordemos:

“Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades… “(Génesis 19:24).

Sodoma y Gomorra fueron dos ciudades que fueron destruidas por el Dios Todopoderoso debido a que no quedaba ningún hombre justo allí. Sus habitantes estaban corrompidos por la maldad y no eran salvables (las teorías religiosas dicen que el pecado de los sodomitas era la homosexualidad). Solo Lot y su familia eran considerados justos y fueron salvados por Jehová. A excepción de la esposa que, recordemos, miró atrás y se quedó convertida en una estatua de sal.

Hablando de metáforas religiosas no podemos olvidarnos de lo metafórico del nombre del protagonista. Abel es el segundo hijo de Adán y Eva, considerado como un prototipo de hombre justo que fue asesinado por su hermano Caín.

Javier Font hace diferentes alusiones a esta historia bíblica a lo largo de su novela, comenzando por el título:

—¿Y qué vas a hacer tú?

—¿No lo sabes?, Lot ha huido del pueblo, no quedan hombres justos en Sodoma, ya sólo podemos esperar destrucción.

514N29YfCoL._SX331_BO1,204,203,200_.jpg

 

De todas maneras, y a pesar de la cantidad de críticas que llevo a mis espaldas, me resulta muy complicado deciros las razones concretas que convierten esta novela en algo destacable, digamos brillante, en un deleite. Tal vez es la agilidad narrativa del autor, su capacidad de llevar al lector a dónde le place, la facultad de conseguir crear una ambientación idónea con unas pocas pinceladas. O, tal vez, sea esos personajes de los que se vale sin apenas darle rasgos, sin grandes aspavientos. Ese elegante en esa discreción, en esa división por capítulos breves que mantienen la atención viva hasta el final.

Al despertar, Abel encuentra su rostro aplastado contra el lateral derecho del confesionario; durante el sueño, su baba ha dibujado un cuadro expresionista sobre la madera.

Y todo esto acompañado de diálogos que son gran parte del corazón de esta pedazo de obra narrativa. Me atrevería a decir que un clásico como pocos, dentro y fuera de la literatura independiente, con ramalazos poderosos de ingenio y sabiduría. Literatura de la que se saborea, de la que hay que recomendar sí o sí. Y sí también. Porque sencillamente es buena y, además, original.

No debería hablar mucho más, no sabría hacerlo con justicia. Solo añadiré que tenéis que darle una oportunidad. Yo por mi parte, tenía el deber intrínseco de ayudar a volar, aunque fuera un poco, al hombre pato.

Valoración: Sí, recomendable.

Adquiere No quedan hombres justos en Sodoma aquí

—¿Causa de la muerte?

—Joder mi teniente, si le falta media cabeza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s