• Título: The Dark Tower VII (La Torre Oscura VII)
  • Autor: Stephen King
  • Traductor: Verónica Canales Medina
  • Ilustrador: Michael Welan
  • Género: fantasía oscura
  • Edición: Primera edición, noviembre 2012
  • Editorial: Debolsillo
  • Páginas: 985

El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él.

Largos días y gratas noches, pistoleros. Pocos son lo que son capaces de llegar al final del camino de baldosas amarillas, pocos son los que pueden ascender hasta la última habitación de la Torre Oscura y pocos son los que se atreven a franquear el último umbral, a pesar de que este te llama con fuerza, te arrastra y no te da opciones.

Hemos llegado al final del camino, un camino que no ha sido fácil, sino todo lo contrario. Un camino lleno de dolor, de traición, de muerte, de desolación; un camino lleno de amor y de sonrisas, que podemos pensar que es más fuerte que todo. Pero eso es engañarnos: el deseo de ver la Torre el en sentimiento más poderoso dentro del corazón del Pistolero. Del último Pistolero.

El último volumen de la saga es, sin ninguna duda, el más intenso. Todas las emociones que un ser humano puede sentir, las siente leyendo el libro. Al ser el último libro nos encontramos con las respuestas a todas las preguntas que se nos habían ido planteando, aunque a veces desearíamos no saber las respuestas. Probablemente King hubiese podido alargar la saga hasta el infinito, habernos ido dando más preguntas sin respuesta, más esperanzas. Pero todo tiene que acabar.

Los finales son descorazonadores.

Final es otra forma de decir adiós.

El principio se hace un poco pesado y frustrante, no os voy a engañar, pero que eso no os desmotive, porque después compensa con creces esos primeros momentos. Nos encontramos con que el ka-tet sigue dividido, por lo que la primera misión es juntarlo. Susannah-Mia está en un lugar parecido a una enfermería esperando que nazca Mordred, su hijo; Jake, Acho y el padre Callahan entran al Dixie Pig, lugar bajo el cual están las dos mujeres, y allí se ven obligados a enfrentarse a los vampiros y, por último, Roland y Eddie deben reunirse con ellos desde el Mundo Piedra Angular, en el que tiempo solo va hacia adelante.

Tras varias aventuras, por fin consiguen reunirse, pero ojalá no lo hubieran hecho. El ka-tet ha perdido un miembro, un miembro que sabía, desde el principio, que era temporal, pero la sombra de ka-shume, de la muerte, se cierne sobre ellos. Alguien más morirá y, entonces, ya no serán ka-tet nunca más.

No quería hablar de las muertes del libro, que son muchas, tres para ser concretos, pero en verdad es necesario hablar de ellas, porque son las que le dan sentido al final. Tres muertes y una puerta que se cruza, una puerta sin retorno. Y una torre maldita.

La delicadeza no es la especialidad de King, no esperéis muertes hermosas, sino que son horribles, son muertes con sentido, por otro lado, no se carga a sus personajes, a sus amores, por cargárselos. No es como Martin, a quien parece que le divierte matar. No. Son muertes dignas a pesar de todo, muertes que nos duelen a nosotros, porque los personajes que este hombre crean son tan reales que podrían haber sido tu familia.

Podía ser el rey de reyes, o el destructor de mundos, pero se había embarcado en la vida como tantos otros antes que él, berreando con indignación.

Esto es lo primero que sabemos de Mordred Deschain, el de dos padres: el Blanco, de la Estirpe de Eld; y el Rojo, el rey Loco, el Rey Carmesí, quien le dio su verdadera forma.

Mordred nace de Mia, que se ha separado de Susannah, y se alimenta de ella, después, comienza el caos. La pistolera le dispara y logra herirle, el niño huye, pero Mordred tiene jambre y quiere matar a su Papi Blanco.

Mordred persigue a nuestro ka-tet por todos lados, y aunque es un ser horrible al que hay que matar antes de que los mate a ellos, no pueden evitar sentir lástima por él. Hasta ese punto llega la genialidad de Stephen King, de hacer que queramos al monstruo, de hacer que sintamos pena por él y que mantengamos la esperanza en un cambio incluso al final, cuando comente el asesinato más vil y cruel de todos, el del último miembro del ka-tet.

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En esta última entrega conocemos más de Walter, el Hombre de Negro o Flagg, con quien se inicia toda esta historia, recordemos aquí el comienzo de La hierba del diablo: “El hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él.”

Podíamos habernos olvidado de él, parece no haber tenido casi importancia y, sin embargo, él es quien desencadena, desde el principio, la loca búsqueda del Pistolero. Y no lo hace por venganza o por odio, lo hace por amor, porque en el fondo de su negro corazón había un sitio para el amor, para el amor que Roland le arrebató.

Podría seguir hablando de todos y cada uno de los personajes que aparecen, que son muchos, pero entonces os terminaría de destripar la historia, por lo que solo os puedo decir que lo leáis, que lloréis con las muertes prematuras de los amigos del ka-tet, que os regocijéis en el camino de la pistola y que lloréis por Roland, porque al final, él es el único que pierde.

Muchas veces he oído que Stephen King no sabe hacer finales, cosa con la que yo no estoy de acuerdo, y quien dice eso es porque no  ha leído La Torre Oscura. Es el mejor final escrito por King y uno de los mejores finales que he leído nunca, porque te da la opción de saber la verdad o de dejarlo tal y como está. Es una historia con dos finales, en el primero, Roland llega a la Torre y entra, en el segundo nos cuenta lo que vio en la Torre, pero eso dejo que lo descubráis vosotros solos. Solo espero que se os quede la misma cara de bobos que se me quedó a mí y que lloréis como lloré yo.

Me estoy extendiendo demasiado en esta reseña, lo sé; y también sé que apenas he dicho nada, pero no he podido evitarlo, he tenido seis entregas para hablar del estilo de King, de la evolución de sus personajes, de su mundo y de su historia, pero no para hablar de las emociones que provoca un libro, de lo que se siente al leerlo. Y las emociones, en este caso, están potenciadas al máximo.

Digo gracias, sai, por haber llegado hasta el final del camino de la mano del Último Pistolero.

Si era incapaz de tener lágrimas después de todo aquello, después de lo que había ganado y  había vuelto a perder, ¿qué sentido tenía?

Valoración: imprescindible.

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2 comentarios sobre ““La Torre Oscura VII”, de Stephen King

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