·Título: Crónicas del fin I-IV
·Autoría: Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina
·Ilustraciones de portada: Libertad Delgado
·Género: fantasía oscura
·Fecha de publicación: 2017
·Edición: digital
·Obra autopublicada
·Número de páginas: 275

Para celebrar la salida de El ojo de la tormenta, el cuarto volumen y penúltima entrega de la saga Crónicas del Fin, quiero adaptar los comentarios sobre las obras anteriores que realicé en mi página para publicarlos aquí, en A Librería. Además, añado una breve mención sobre El ojo de la tormenta y me comprometo a actualizar esta misma entrada en marzo, cuando salga a la venta el desenlace de Crónicas del Fin.

Os recomiendo vigilar con los mínimos spoilers que contiene esta crítica. Si no habéis leído el volumen anterior al que corresponde el comentario, frenad la lectura de esta reseña (que se encuentra claramente dividida).

Gabriella Campbell nació en Londres, pero ha vivido toda su vida en España. Entre sus trabajos y colaboraciones de carácter literario destacan los artículos que ha escrito en blogs como Lecturalia o Lektu. Hace catorce años que trabaja ayudando a escritores con correcciones, edición e informes de lectura. Mientras estudiaba Teoría de la Literatura, empezó a seleccionar y editar textos en una página web que se llamaba Atramentum.

Después de eso, fue la cofundadora de una editorial llamada Parnaso. Su primera creación escrita que vio la luz fue el poemario Happy Pills. Más tarde, Gabriella escribió una obra de ciencia ficción y fantasía a cuatro manos con José Antonio Cotrina llamada El fin de los sueños. Además, juntos han escrito un middle grade de fantasía cómica titulado El día del dragón y en enero de 2017 estrenaron una serie de novelas breves de corte más adulto y ambientadas en un contexto apocalíptico a las que llamaron Crónicas del Fin (obras que ocupan esta reseña múltiple y de las que ya están disponibles las cuatro primeras entregas). Además, Gabriella ha escrito una pequeña guía de corrección para ayudar a autores autopublicados a completar su difícil misión. Si queréis saber más sobre ella, podéis visitar su página web.

José Antonio Cotrina nació en Vitoria y se licenció en Publicidad y Relaciones Públicas. En la actualidad, escribe narrativa fantástica y de ciencia ficción. En 1998 quedó finalista del premio Alberto Magno con Lilith, el Juicio de la Gorgona y la Sonrisa de Salgari. Al año siguiente, quedó de nuevo finalista del mismo premio con La pirámide y en el año 2000 ganó el segundo concurso de relatos del Melocotón Mecánico con Los conejos de la guerra. Ha logrado también el Premio UPC de ciencia ficción con su novela breve Salir de Fase. Podéis visitar su página web aquí.

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José Antonio Cotrina y Gabriella Campbell

UN PRÓLOGO ALENTADOR

—Estás en plena transformación necrótica.

En Crónicas del Fin I: El cielo roto seguimos las aventuras de Adra (o Adrastea) y de su fiel galgo, Winston. Esta novela breve sirve de prólogo a las otras cuatro entregas de la saga (tres de ellas ya están disponibles) y está ambientada en un contexto post-apocalíptico —o, mejor dicho, apocalíptico— en el que unos dioses malignos conocidos como leviatanes han llegado a nuestro planeta a través de una brecha que quebró la inmensidad del cielo. La población de la Tierra ha disminuido considerablemente y nuestro mundo es ahora un averno en el que la muerte —o algo peor— puede llegarte de múltiples formas.

Adra no confía en la gente. Y eso es algo comprensible, porque un fin del mundo invadido por monstruos de pesadilla que imbuyen a las personas con su corrupción día sí y día también no es un ambiente que transmita demasiada seguridad. En El cielo roto, la joven y su perro llegarán a un antiguo búnker tras realizar cierto descubrimiento mientras cazan. Entonces, con lo que allí se encontrará, Adra empezará a descubrir que el horror que ha experimentado durante su vida todavía puede ir a más. Así, el extraño dúo se adentra en el búnker, dispuesto a descubrir más sobre los horribles experimentos que allí se están llevando a cabo.

[…] todos tenían el mismo color amoratado en el rostro, el mismo rictus de asfixia. Un ensalmo de estrangulamiento, supuso Adra.

En El cielo roto nos encontramos con una narradora omnisciente en tercera persona que funciona muy bien con la historia que se presenta. Su cronología lineal es acertada, aunque cabe decir que en sus sesenta páginas de extensión, Adra no tiene tiempo de vivir mucho más. Lo que vive la protagonista es justamente lo que la novelette puede soportar. Y, por supuesto, este es un punto favorable: su tempo está perfectamente adaptado a la narración, que es mayoritaria, por encima del diálogo, algo ausente y simbólico del contexto y del carácter de su protagonista, que repudia al resto de humanos, monstruos y engendros híbridos que pueblan ahora la Tierra.

En lo que dura la acción, además, tenemos tiempo de conocer superficialmente a la joven Adra, una protagonista que se nos presenta muy interesante y sobre la que querremos saber más cuando acaba esta novela corta, que, como ya hemos dicho, sirve de prólogo al resto de las crónicas del fin. El carácter de Adrastea es ácido, duro y está curtido por la inevitabilidad con la que se encuentra en el fin del mundo. Pero su actitud también guarda un leve mensaje de esperanza; acaba con sus enemigos a sangre fría y un segundo después puede estar acariciando a su fiel galgo.

Así, encontramos dos puntos clave en El cielo roto: el desarrollo de su protagonista —que, pese a conocerla solo de pasada, nos atraerá lo suficiente como para desear leer de inmediato su segunda parte— y el contexto en el que la historia se enmarca. Adra lleva ya múltiples experiencias con la magia y los monstruos a sus espaldas, y nos ayudará a descubrir un mundo quebrado, destruido incluso, por la ausencia de humanidad con sus actos, con sus pensamientos, con sus recuerdos y su actitud.

El título de la obra es claramente descriptivo y contextual. Poco se puede decir tanto del título de la pentalogía como de cada novela breve que de momento la compone, porque todos sus títulos anticipan la historia que nos van a contar sin estropear nada. Correctos y bastante llamativos, nos llevan a imaginar con facilidad la fantasía oscura para adultos que lleva implícita la novela, que se nos presenta en un formato que, pese a ser rechazado por muchos, funciona a la perfección: el de novela corta con capítulos breves.

En conclusión, El cielo roto es una novela breve o un prólogo, qué más da. Lo importante no es su extensión, sino que entre sus páginas nos encontramos con una mezcla medida de ciencia ficción y fantasía. Además, estos dos géneros nos llegan con un ritmo narrativo bien equilibrado y con unas descripciones muy detalladas. Los dos autores que colaboran en este proyecto nos presentan un mundo apocalíptico en el que conviven monstruos de pesadilla, sangre a borbotones, maldiciones, mutaciones y un simpático galgo. Adra, su protagonista, es genial y la lectura de El cielo roto os dejará, muy posiblemente, con ganas de más. Así que ya sabéis… ¡a por la segunda parte!

Adquiere Crónicas del Fin I: El cielo roto aquí.

 

UN SEGUNDO EN LAS ALTURAS

El dios en las alturas es la segunda novela breve de cinco que compondrán la saga Crónicas del Fin. En ella, el lector deja algo de lado a Adra, la protagonista de El cielo roto, para centrarse algo más en Gale, un chico que no recuerda cuanto tiempo llevaba encerrado en un búnker en el que experimentaban con él y sus compañeros. Allí dentro, Gale y los otros infectados sufrían humillaciones y malos tratos que desafiaban, constantemente, su cordura. Ahora, una vez fuera, Gale deberá hacer frente a Ciara y a sus subordinados, que pertenecen a un extraño y misterioso grupo llamado Baluarte. Así, Gale, Adra y el resto de compañeros mutantes que los acompañan quedarán como presos de la compañía de Ciara, y deberán hacerles frente a la vez que permanecen atentos a muchas otras amenazas.

Un charco de sangre azul comenzó a crecer a sus pies, lamiendo el suelo.

Crónicas del Fin nos llega como una saga de fantasía oscura sucia, burda y llena de detalles sangrientos y crueles. En la segunda entrega de la saga, el protagonismo se centra más en el papel que Gale tendrá en la historia. Gale es un chico trastornado, tímido, atemorizado incluso, que ha sufrido todo tipo de vejaciones en su pasado. Podemos interpretar su carácter y su comportamiento como una contraposición de la misma Adra, la chica que se antojaba como protagonista principal de la saga en El cielo roto y que en esta entrega pierde algo de protagonismo. El hecho de presentar a dos entidades contrapuestas como personajes principales de una historia me parece un recurso muy acertado, y más para contar una historia que, por su trasfondo, necesita de personajes con matices extremos como lo son Adra y Gale.

 

Además, es curioso como en El cielo roto la acción sucede más lenta, hay más descripciones y una explicación del mundo más pausada, pero es la nerviosa y precoz Adra quien protagoniza esta primera entrega. Podríamos decir que su ritmo nos deja saborear la sed de sangre que sus cuatro manos autoras confiesan tener. Por otro lado, en El dios en las alturas, la narración descriptiva pierde enteros para dejar paso a una acción más frenética e imparable, logrando que su lectura pase rauda, veloz, casi imperceptible. Además, en esta segunda parte, es el bondadoso y templado Gale el que parece coger más peso narrativo. Interesante contraposición.

Otro punto a destacar de El dios en las alturas es la imaginación de la que Campbell y Cotrina hacen gala. En esta novela breve vuelven a enseñarnos monstruos de pesadilla que combinan elementos inimaginables, dioses lovecraftnianos que nos hacen estremecer tan solo con imaginarlos, humanos mutados en horrores pero que tienen buen corazón… Y demuestran tener un sinfín de recursos creativos. Por supuesto, en este volumen se acentúa el componente de crítica social que ya tenía la anterior entrega.

Alguien había tirado a su lado una nevera vetusta y rojiza, que anunciaba el nombre descolorido de un refresco que ya no existía.

En conclusión, me gustó El dios en las alturas, pero se me antojó demasiado corta; sus acciones suceden algo precipitadas. Si bien en el anterior notábamos cierta pausa por enseñar el mundo en el que se mueve Adra y a la propia protagonista, en esta entrega, la acción frenética y los distintos personajes en los que se va diseminando la trama empañan un poco esta característica que, en mi opinión, era algo a destacar en El cielo roto. Pese a eso, me dejó fascinado con su worldbuilding y con muchas ganas de leer Testamento.

Adquiere El dios en las alturas aquí.

 

POR TERCERA VEZ, DECLARO…

En Testamento, Adrastea y sus improvisados compañeros llegan a Testamento (valga la redundancia), uno de los pocos bastiones humanos seguros que quedan en la superficie de una Tierra en cenizas. Los motivos por los cuales los monstruos, bestias y demonios del exterior no osan acercarse no quedan del todo definidos, pero parecen estar relacionados con el cadáver de un leviatán que allí reposa, exhumando esporas y gases alucinógenos. Así, la protagonista llega a la fortaleza dirigida por el duque Rocal creyendo que podrá poner a salvo a Angie (el chico araña) y a Gale y reencontrarse con Winston, su fiel y alocado compañero galgo.

En El dios en las alturas vimos de primera mano como Adrastea se transformaba en un monstruo descontrolado y en Testamento descubrimos que ha destruido a Gale, el misterioso chico que la acompañaba desde que se encontraron en el búnker. Ahora, el joven resucitado por segunda vez se debate entre la vida y la muerte. Adra recurrirá a Décima, su vecina mercenaria, y a Jezek, su casero, un comerciante y alquimista drogadicto para salvarle. Además, en la ciudad de Testamento está sucediendo algo atípico. El Baluarte irrumpe en la ciudad y convierten el oasis sagrado en un lugar que ya no es tan seguro…

Jezek soltó un resoplido por la nariz, entre carcajada y bufido, y un moco oscuro cayó por una de sus fosas nasales.

En conclusión, en la tercera entrega de Crónicas del fin nos encontramos con un acertado equilibrio entre acción y construcción del mundo de Adrastea. Conocemos a nuevos e interesantes personajes y la protagonista, a quién también conoceremos en más profundidad, nos guía en un tour por Testamento, una ciudad que es ahora uno de los pocos lugares seguros que restan en la Tierra… Al menos durante un rato. Crónicas del fin es una obra de fantasía oscura que se presenta ya como una propuesta firme y de calidad, afianzándose en el género con su tercera entrega.

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EL PENÚLTIMO HECHIZO

El ojo de la tormenta es una obra magistral. En comparación con sus anteriores entregas, he notado cierto crecimiento y mejora por parte de sus autores. Soy consciente al decir esto de que no ha pasado demasiado tiempo desde que vimos El cielo roto, y también soy consciente de que esta primera entrega es muy buena. Pero ya desde el prólogo de esta cuarta parte, Cotrina y Campbell demuestran oficio y trabajo en el mundo que han creado. Enseñan pasión y ganas y dan al lector la clave para enamorarse de este mundo tan rico y podrido a la vez.

Matar es más sencillo que dar vida.

En el prólogo de El ojo de la tormenta nos encontramos con un contraste entre dos personajes, Rhea y Elyon, la muerte y la vida. Un contraste que puede transportarse a la actualidad en la que sucede la obra con Adra y Gale. Además, en el parto que sucede el en prólogo, de nuevo encontramos una metáfora que relativiza de forma impresionante la realidad de los niños que llegan al mundo y que lo contrapone a la invasión de los monstruos que han dejado el mundo sumido en una pesadilla constante.

 

Tras el prólogo, volvemos con Adra y Gale. Con un Gale que ha resucitado por segunda vez. Esta vez, no obstante, el chico sí ha sufrido un efecto secundario: una garra le crece donde antes había una mano.

Sale de su cuerpo. El invasor sale de su cuerpo y ella siente tal alivio que grita de nuevo. Resopla, jadea, siente que se ahoga. Llega la calma y un silencio raro, un silencio artificial y pegajoso que se rompe cuando aquello que ha emergido echa a llorar con energía violenta.

Además, el chico siente la presión de Adrastea y sus compañeros porque consideran que él es la esperanza capaz de salvar el mundo. Pero el chico insiste: no es especial. El grupo viaja en la Mordisco, la nave de Décima, y ponen rumbo a Absalón. Si teniais dudas de esta cuarta entrega y habéis leído las anteriores, leedla. Si vais a empezar con Crónicas del fin y no sabéis si vale la pena, yo os ayudo: sí la vale. Leedla hasta su final, que llegará en marzo de 2018.

Adquiere El ojo de la tormenta aquí.

Valoración: Sí, recomendable

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