·Título: Nubosidad variable
·Autora: Carmen Martín Gaite
·Género: novela intimista; epistolar
·Fecha de publicación: 1992
·Editorial: RBA
·Número de páginas: 416

Ser amigo de alguien es desearle que vuele.

Carmen Martín Gaite fue una de las figuras más importantes de las letras hispánicas del siglo XX. Escritora española, nació en Salamanca en 1925. Fallecería 75 años después en Madrid, a causa de un cáncer letal.

En su ciudad de nacimiento se licenció en Filosofía y Letras. Colaboró con diferentes revistas como Trabajos y Días en Salamanca y Revista Nueva, en Madrid, ciudad a la que se trasladó en 1950 para doctorarse con la tesis Usos amorosos del XVII en España. Gracias a Ignacio Aldecoa se introduciría en un círculo literario donde acabaría conociendo a Rafael Sánchez Ferlosio, quien sería su marido en 1954. Se incluyó en la conocida como Generación del 55 o Generación de la Posguerra.

Aunque empezó a escribir desde los ocho años, su carrera literaria comienza en 1955 con El balnearioobteniendo uno de los premios literarios de mayor prestigio en España: el Café Gijón. Tres años más tarde, publica su segunda obra, Entre visillos, con la que gana el Premio Nadal.

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Escribió varias obras de teatro como A palo seco (1957) o La hermana pequeña (1959), continúa con la narrativa con Las ataduras (1960), Ritmo lento (1963) y Retahílas (1974), entre otras novelas. En 1976 recopila su poesía en A rachas y dos años después hace lo propio con sus relatos en Cuentos completos.

Ejerció también como periodista y se dedicó a la crítica literaria y a la traducción.

En 1978 se convierte en la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura con El cuento atrás. A este le seguiría una larga lista de prestigiosos galardones que podéis consultar en la página del Instituto Cervantes.

—Bueno —dijo—, menos en lo de reavivar fuegos. En eso no parece que me haya salido con la mía.
—Te fallaría la fe.
—Muy probable. ¿Vas a llorar más?
—No.
—Pues anda, sécate las lágrimas que te quedan.

A raíz de un fortuito reencuentro tras treinta años, Sofía Montalvo y Mariana León sufrirán una especie de renacer interior. Sofía, atrapada en su rol de madre y esposa, anima a Mariana a escribir. Ella, una psiquiatra de moda con una apasionada trayectoria amorosa a sus espaldas, se marcha a Madrid sin avisar a nadie y le escribirá cartas a su vieja amiga que no se atreverá a enviar. Sofía, por su parte, estrenará su primer cuaderno. Desde estas dos perspectivas, viviremos en primera persona las dos vidas que terminan condensándose en una sola. A la vez, experimentaremos la reconstrucción de una amistad.

Es bonito que sea una novela que hable de escritura y de amistad, porque fue precisamente en este encuadre como me llegó a mí. Tuve la suerte de conocer a la Rebeca Medina, hace unos meses y, como no podía ser de otro modo, nos pusimos a hablar de libros. Le pregunté que si tuviera que recomendarme un solo libro cuál sería. Ella me dijo que su novela favorita era Frankenstein o el moderno Prometeo, pero que por ser yo me diría Nubosidad VariableY tuvo el precioso gesto de prestármelo (¿es o no es hermoso prestar un libro?).

Y yo te envidiaba precisamente por eso, aunque creo que nunca lo has sabido, porque no veías barreras entre la vida y la literatura.

En términos generales, podría decir que Nubosidad Variable es una novela compleja en su forma y en su contenido. Su lectura no resulta liviana, sino más bien exige un tipo de concentración y entusiasmo lector que aquellos seguidores de plumas como la de Woolf o Laforet sabrán disfrutar. Esta dificultad viene dada por dos características principales: el doble narrador en primera persona (que, para colmo, nos habla en diferentes estilos y tiempos) y el estilo puramente poético, usado en gran parte de la obra. Son precisamente estas cualidades las que la convierten en una obra tan especial.

Conoceremos a pequeños rasgos a las dos protagonistas femeninas, Sofía y Mariana, cuya amistad se terminó al enamorarse del mismo hombre. Este asunto, tal vez, resulta un punto flaco en el la trama, pues se deja entrever una amistad sólida y fuerte entre las dos mujeres, quebrada por un amorío masculino pero recuperada con una intensidad desmesurada cuando vuelven a verse. Aunque cabe decir que esto da lugar a diferentes interpretaciones.

Estuve escribiendo a ratos y otros exhumando letra muerta de ese cementerio de cuitas amorosas propias y ajenas, a cuyo pie se han secado las flores de cuantos juraron no olvidar un momento único en que brotó el “para siempre”.

Me refiero a que el formato de la novela es epistolar, por lo que la información que recibimos de las narradoras es muy subjetiva. Pero esto no significa que la historia se reduzca a un intercambio de cartas: las cartas se escriben, sí, pero no llegan. Se supone que se trata de una explosión catártica de ambas, cada una por su parte, aferrándose en la distancia y en el silencio a una amistad que aparece para rejuvenecerlas, para sacarlas de su difícil situación actual y de la contaminación que han sufrido en sus vitalidades a lo largo de toda una vida. Sofía llena, febril, las páginas de multitud de cuadernos animada por aquella invitación de Mariana a que escriba. Son sus deberes. Mariana, por su parte, mientras huye de su vida, se dedica a escribir cartas personales a Sofía, hablándole de lo que le ha sucedido durante todo ese tiempo; y también de los sentimientos. Y del dolor.

Las cartas sólo se adornan sin trabas cuando se tiene la certeza -equivocada o no- de que el destinatario va a disfrutar muchísimo con su contenido y le va a saber a poco, entonces da igual lo que se ponga, aunque sean tonterías. Y ya no lo son. Precisamente deja de ser una tontería lo que se cuanta con ganas. En eso consiste.

A estas alturas, me imagino que ya os habréis hecho una idea de la clase de libro que tendréis entre manos si esta crítica consigue empujaros a haceros con él. Incluso puedo señalar que el título es una preciosa pretenciosidad. Este se nos mencionará completo únicamente en el epílogo, haciendo una referencia clara al fenómeno meteorológico en cuestión. Sin embargo, a lo largo de las páginas, tanto Mariana como Sofía harán referencia al término de nubosidad en sentido más bien metafórico. Evoca, desde luego, a las brumas de la depresión que asolan la mente tan a menudo. Y, también, a la capacidad del cielo (del presente, del futuro, del pasado) de mostrarse claro o plagado de nubes que nos impiden ver el sol. Y llueve.

 

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Pero, ¿qué es realmente este libro? Es una novela sobre la amistad, sobre el fin de la misma y, también, sobre su recuperación. También es una historia protagonizada por papeles femeninos fuertes y luchadores, donde la figura masculina queda obnubilada a un tercer plano (publicada en el año 1992, recordemos). Y con esto no me estoy refiriendo solo a Mariana y a Sofía, sino a los personajes que las acompañarán, respectivas amigas de ambas que reflejaran diferentes niveles de vínculos afectivos que bailan entre la amistad fraternal, la que es falsa o la que se convierte en una relación tóxica y contaminante.

El papel de psiquiatra de Mariana será una excusa perfecta para hablar de psicología humana y de sus entresijos. Aquí también se cultiva la complejidad, se abren multitud de subtramas y se ahonda en lo más profundo de la mente humana. Gran parte de este análisis será llevado a cabo, precisamente, por las palabras escritas por las dos narradoras, lo que también eleva la faceta literaria a un punto álgido e imprescindible.

—El alma humana se parece a las nubes. No hay quien la coja quieta en la misma postura.
—Pues si ya los sabe, déjela a su aire y no se ande inventando cepos para cazarla.

Con Nubosidad Variable se me ha abierto el alma varias veces, también me he perdido y me he vuelto a encontrar. Si me dejo llevar por la hermosura de sus sentimientos y la belleza de su prosa, le otorgaría un imprescindible que sería muy justo. Pero enfocándome a ser objetiva de cara a vosotros, los que nos leéis todos los días, lo dejaré en una entusiasta recomendación.

Valoración: Sí, recomendable

Adquiere Nubosidad Variable aquí.

3 comentarios sobre “Nubosidad Variable, de Carmen Martín Gaite

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