No sabes nada, no busques nada. Eres una loca.

·Título: La isla y los demonios
·Autora: Carmen Laforet
·Género: novela, guerra civil española
·Fecha de publicación: 1952
·Editorial: Destino
·Número de páginas: 312

¿Puede llegar a ser una caldera hirviente, un gran nido de pájaros, el corazón de una niña perdida en una isla de los océanos?

En junio de 2016, cuando estábamos comenzando nuestra actividad en este espacio, mi compañero David Pierre publicó la crítica a la opera prima (y obra más reconocida) de Carmen Laforet: Nada (1944, Premio Nadal). Esta novela también la reseñé yo hace mucho tiempo en mi anterior blog por recomendación de David, y es, probablemente, una de las obras que más me han influido como escritora.

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Carmen Laforet (Barcelona, 1921 – Madrid, 2004) pasó su niñez y adolescencia en la isla de Gran Canaria y con dieciocho años volvió a Barcelona para estudiar Filosofía. De esta segunda etapa tenemos la citada novela Nada. De su vida en Gran Canaria bebe, sin lugar a dudas, La isla y los demonios, su segunda novela.

Ella, Marta, era una criatura sin importancia.

Marta Camino es una adolescente que vive en la isla de Gran Canaria con su hermano José, su intratable cuñada Pino y su madre Teresa, agudamente enferma, de cuyo cuidado se encarga Pino, labor que es reprochada de manera asidua a la chica. En medio de esta insulsa rutina, la llegada de unos familiares de la Península supone todo un acontecimiento. Sus tíos son artistas bohemios y libres que, desde un primer momento, fascinarán a Marta.

La voz narrativa en La isla y los demonios nos muestra una pluma literaria muy diferente a la que encontramos en Nada. Mientras que entre Andrea y Laforet se creaba una simbiosis prácticamente inseparable, aquí la historia se nos cuenta en tercera persona, por momentos omnisciente, por momentos protagonista. De hecho, había leído en otras críticas y análisis de esta obra que es un narrador con flaquezas y poco atractivo, un componente que se ha analizado con mucha negatividad (y una de las principales razones por las que esta obra no ha tenido apenas reconocimiento). Desde mi subjetivo punto de vista, me ha encantado, porque es una herramienta poderosa para focalizar todo lo que Carmen Laforet quiere abarcar en este libro (que es, de hecho, mucho. Muchísimo).

Parecía que ella sola en España estuviese protegida contra el fantasma desolado de la guerra civil y de las pasiones y los heroísmos y las tragedias que provoca.

Aun así, siendo franca, esta forma puede hacer que la lectura resulta difícil y dispersa. El narrador hace juicios de valor desde el punto de vista de otros personajes, aunque la historia esté enfocada en Marta. Hay cierto caos y muchas licencias. Como acabo de mencionar, se abarca mucho y esto, en ocasiones, es un problema. No creo, no obstante, que estemos ante una obra menor, sino todo lo contrario. Hay más complejidad y más intención que en Nada, aunque es obvio que la compacta maravilla que logró en su opera prima no se alcanza del todo aquí.

La técnica más empleada será el monólogo interior y la descripción de situaciones y sentimientos. También habrá diálogos, muy similares a los que Andrea tiene con sus familiares, pero de parte de Marta que será, eso sí, una voz débil muy sometida a un turbio ambiente familiar que la atenaza. La voz de los diferentes personajes, de todas maneras, llegará través de sus acciones, a veces silenciosas, pero que poco a poco nos permitirán ir conociéndolos y adentrarnos en sus intenciones.

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La isla y los demonios es una isla legendaria situada en las proximidades de Terranova, comenzó a aparecer en la cartografía a inicios del siglo XVI y cesó de hacerlo en el siglo XVII. Este nombre le vino dado porque se decía que estaba habitada por demonios que atraía a los navegantes para luego devorarles.

Desconozco si la intención de Carmen Laforet al otorgar este título era el referirse a dicha isla, pues no se hace ninguna referencia específica en la obra; pero la metáfora es interpretable. De hecho, tenemos una isla, la isla de Gran Canaria, aislada de una España en plena Guerra Civil de la que allí solo llegan ecos de muertos. En ocasiones, sí que se hace referencia a demonios que habitan en las tierras insulares, aunque estos no se tratan de bestias: son las pasiones humanas, a veces malvadas, las que pueden resultar absolutamente diabólicas.

Nunca volvería a ser la criatura ciega y feliz de antes, después de haber sido mordida por los demonios.

—Todos los demonios que están dentro de uno se vuelven ángeles por el arte.

—No todo el mundo tiene demonios dentro.

Lo que sí está claro es que es obvio que la autora vivió su juventud en esa tierra seca, bañándose en sus playas, disfrutando de sus barrancos y de su soledad y aislamiento. Es curioso cómo, viviendo en un aparente paraíso, Marta tiene una absoluta obsesión por irse a Madrid e, incluso a esa Guerra que es algo exótico, algo atractivo, algo heroico.

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Es curioso como la ilustración creada por Gemma Martínez para Nada puede servir también para esta obra

Pero lejos de ser este el tema central, nos encontramos con que la verdadera batalla está en casa. Los adultos que rodean la vida de Marta (una vez más, tal y como sucedió en Nada) están contaminados por la mezquindad. La muchacha sufre una cruda incomprensión por parte de todos, a veces suavizada, lo que la convierte en un ser solitario al que le cuesta ser feliz, aunque ella no sepa darse cuenta.

La llegada de sus familiares no es tan fascinante y halagüeña como Marta espera en un primer momento. Son artistas, lo que la engatusa y la llena de fantasías. Su tío Daniel es músico y su esposa, Matilde, una ególatra poetisa. También los acompañará Honesta, hermana de Daniel, a la que podemos calificar como una mujer romántica pero volátil. Y Pablo del que, si me permitís, os hablaré en el párrafo siguiente.

—Vamos a rezar por los muertos que han caído hoy en el campo de batalla.

José y Pino se miraron.

—En tu cuarto. Aquí no somos beatos.

Uno de los primeros importantes golpes de realidad que sufre Marta viene dado, precisamente, de Matilde. Su tía se niega a leer los textos escritos por su sobrina, lo que supone que la niña prácticamente abandone su costumbre de expresarse en las páginas de su cuaderno por las noches, mirando a la luna. Lo que se aprecia es que a nadie parece importarle cómo se siente realmente ella, es un ente invisible, que casi solo molesta y al que se le carga de importantes responsabilidades antes de crecer. Su hermano, José, es un ser egoísta y violento. Pino está perturbada, y cargará gran parte de su frustración con ataques de ansiedad e ira que arremeterán contra la muchacha. La situación es bastante gris y desesperante.

En hilo de luz lo otorgará Pablo, el pintor que he mencionado hace poco. Pablo despertará el amor romántico de Marta. La niña se obsesionará con él, al más puro estilo de Lolita. Esa idealización romántica desencadenará muchos problemas en su entorno familiar e, incluso, con sus amigas de la escuela. Pero Marta no cejará en su empeño. Sin ser su antagonista, no puedo evitar comparar su relación obsesiva con Pablo con la que Andrea sufrió con Ena en Nada.

Ella no se atrevió a protestar. Estaba muy apenada. Le parecía que se habían terminado las mejores horas que le había ofrecido la vida.

En conclusión, en La isla y los demonios nos encontramos una novela más personal y compleja. Con un estilo masificado y denso, cargado de melodrama y reflexión, se nos muestra una historia dura de soledad y de indiferencia, con una Guerra Civil muy lejana pero que ha avinagrado el carácter de los adultos que rodean a una Marta Camino condenada a la incomprensión, pero sumida en una especie de locura irreal. Encierra en su costumbrismo una crítica muy personal de Carmen Laforet de una situación que vivió y sufrió en sus propias carnes. Resulta curioso cómo, a veces, la guerra se libra también en casa. Y, aunque no sea Nada, es excelente.

Valoración: Excelente

Adquiere La isla y los demonios aquí.

Pero se detuvo en lo alto, medio escondida, llena de aquella timidez y aquel espanto que le ponía en el alma el aparato de la muerte.

2 comentarios sobre “La isla y los demonios, de Carmen Laforet

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