·Título: Silentium
·Autor: Isidro R. Ayestarán
·Ilustraciones: Tomás R. Ayestarán
·Género: poesía
·Fecha de publicación: Septiembre 2017
·Editorial: Alas Ediciones
·Número de páginas: 103

Alas Ediciones, pese a trabajar también en la prosa más pura, ha entrado con contundencia en la poesía. En el momento de la lectura de Silentium, la modesta y no por ello menor editorial había publicado un libro de aforismos (Estimulantes, de Fernando Llorente) y otro poemario (Las vueltas, de Félix Vera). Hay una apuesta descarada por una poesía alternativa, lejos de nombres, colores pastel y bourbon: Alas Ediciones estimula un barrido trabajo de campo cercano a lo que en principio nos debería importar —pongamos todas las cursivas aquí— con obras cercanas pero pretenciosas acorde a las inquietudes que tienen sus autores.

Hablo de un libro cercano a lo que debería importarnos porque en Silentium Isidro R. Ayestarán pone en evidencia el mundo que tenemos al alcance de la vista (miopes, no busquemos excusa) y obviamos porque la niebla blanca de la normalidad ha cubierto una escala de grises de camino al negro que pueblan nuestro día a día. Ayestarán se arriesga y habla de algo tan usado como necesario: las incomodidades que nos provocan nuestros iguales. Digo incomodidades porque en el falso escenario del progreso no es grato ver a quien sufre o padece, incluso un desasosiego breve, remediable al cruzar la esquina o subir al autobús.

El libro comprende una estructura mixta, definida como tres partes diferencias en el estilo formal: la primera, Versos en la orilla es un ramillete de poemas descarnados donde se nos habla de viajes, sueños, sufrimiento y desencanto o una expectativa desacorde con la realidad. Llama la atención la perspectiva explícita ante abusos de autoridad o directamente violencia.

“…que no importó que la montaña estuviera / asfaltada de alambre y espino, / de pelotas de goma lo que anunciaban / como alfombra roja y de ¡¡¡Alto, prohibido pasar!!!”

O el agónico sufrimiento que pueda haber en la travesía o enfrentamiento contra un destino que se muestra cruel con su protagonista —cual Ulises— como sucede en Viaje.

“…silueta que adivina la deriva / como preludio de un naufragio, / como el espejo que llora / al despuntar la aurora / al igual que la soledad / aúlla tu nombre…”

Posiblemente, esta parte sea la más completa y potente —aunque no debería llamarla así— del libro al ser poesía pura.

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La segunda parte, Pequeñas historias desde el asfalto, la componen varios microrrelatos, pequeñas prosas donde se habla del dolor con algún tic próximo a la prosa poética en No tardes.

“Camino mi soledad por orillas de playas desiertas, con mis zapatos de cristal resquebrajados pensando que son nuestros corazones quienes van de mi mano…”

Asumiendo un mensaje de resignación y a la vez de lucha hacia la esperanza. Posiblemente Silentium flaquee en esta parte, ofreciendo textos que si bien comparten mensaje con las otras dos partes del libro en su registro formal cojea al ofrecer una prosa manida y recurrente si uno ya ha leído a algún neopoeta. La intención y el mensaje queda claro pero la forma descuadra la composición final del libro.

La tercera y última parte, Silentium, vuelve de nuevo a la espiral lírica del primer movimiento y donde Ayestarán apunta a los conflictos armados, como sucede en El ballet de los soldados rasos.

“…Un estandarte sobre un ataúd no es / suficiente paño de lágrimas para el / corazón desgarrado ante un himno / cruel en un solo de trompeta…”

Se aventura con la ironía en una antología lírica de la maldad occidental en Todos a bordo, donde se ataca con fineza las taras del modelo progresista (auxilio, beneficiencia, micromachismo y los juguetes rotos del mundo que no queremos ver) desembocando en un correctísimo alegato final: El sordo cree que los que bailan están locos, donde se reúne, en realidad, parte de las aspiraciones morales de la mayoría de la sociedad. O eso quiero pensar.

Quiero destacar también la labor de Tomás Rguez. Ayestarán con sus ilustraciones, que concuerdan a la perfección con cada uno de los textos que acompañan, tanto en forma como en color y tipo. La presencia de las ilustraciones a veces es sutil, pero en este caso es necesaria para entender e interpretar de manera certera las composiciones líricas y prosaicas de Silentium.

En conclusión, es de agradecer la sensibilidad del autor y la crudeza de sus textos en un momento donde la poesía está convirtiéndose en un coto de caza para la poesía de lo cuqui. En una época tan complicada nunca sobra nadie que ponga negro sobre blanco las penurias de los inmigrantes, la barbarie de las guerras o la violencia de la sinrazón. Hay versos muy bien trabajados pero a la vez partes recurrentes y, el salto formal de en medio dispersa algo la atención. Ayestarán le pone ganas, se moja; sabe de lo que habla pero falta algún chispazo de originalidad y contundencia en un libro que es un digno trabajo de campo de la miseria que, como he comentado, nos rodea.

Valoración: Bien, bien

Adquiere Silentium aquí.

Un comentario sobre “Silentium, de Isidro R. Ayestarán

  1. Yo no soy lectora de poesía más por ignorancia que por otro motivo pero tengo la suerte de que Alas Ediciones me saque de mi zona de confort lector y me intrigue con lecturas a las que de otra manera no accedería. Disfruté mucho con Silemtium. Me hizo pensar y me incomodó, lo reconozco. Gracias por recordármelo

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