·Título: Momo oder Die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte [Momo, o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres]
·Autor: Michael Ende
·Traductora: Susana Constante
·Género: fantasía juvenil
·Editorial: Alfaguara
·Fecha de publicación: 1973 (1978 en España)
·Número de páginas: 320

Lo más peligroso que existe en la vida son las ilusiones que se cumplen.

Pocas cosas son tan complicadas de describir como el tiempo. Por supuesto que podemos hacer trampa y mirar su significado en el diccionario de la RAE, o quizá leernos la Teoría de la Relatividad de Einstein o cualquier tratado de Stephen Hawking sobre cómo se comporta el espacio-tiempo en las cercanías de un agujero negro. La dificultad para entender esta magnitud ha permitido que, en la literatura y el cine, se haya jugado con ella haciendo volar nuestra imaginación: La Máquina del Tiempo, Doce Monos, El Ministerio del Tiempo, Los Cronocrímenes, Regreso al Futuro, Harry Potter y el Prisionero de Azkabán… En todos ellos, con sus diferentes reglas, se podía viajar a través del tiempo: unas veces se podía cambiar el pasado, otras no; de vez en cuando creabas una nueva línea temporal… En el caso concreto de la serie española, las reglas dependen del capítulo que estemos viendo. Pero hubo una novela que leí cuando era niño que me enseñó el verdadero valor del tiempo sin necesidad de viajar al pasado o al futuro: Momo de Michael Ende.

Me gusta releer los buenos libros, y este lo devoré muchas veces de niño; lo que entonces no sabía es que era una de esas historias que gana mucho si la redescubres con ojos más maduros, cuando eres capaz de entender el modo de hablar y pensar de los adultos, de valorar la apertura de miras que tienen los niños, o de comprender la crítica social que esconde esta historia.

Se podría pensar que Momo había tenido mucha suerte al haber encontrado gente tan amable, y la propia Momo lo pensaba así. Pero también la gente se dio pronto cuenta de que había tenido mucha suerte. Necesitaban a Momo y se preguntaban cómo habían podido pasar sin ella antes.

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 El alemán Michael Ende (1929 – 1995) publicó esta obra apenas seis años antes de otra aún más aclamada: La historia interminable. Aquí prescinde de los detalles superfluos para centrarse cuanto antes en la historia que nos quiere contar. Sucede en una gran ciudad. ¿Acaso importa si se trata de Frankfurt, Nueva York o París? Tampoco dice nada de los orígenes ni la edad exacta de su protagonista, ¿y qué? Sabemos que Momo es una niña vagabunda que un día fue a parar a las ruinas antiguas de un barrio obrero donde, tras recibir la visita de algunos lugareños (y su inestimable ayuda), finalmente son estos los mayores beneficiados de haberla conocido. Porque esta niña, gracias a su superpoder, les hace mejores personas. No os esperéis nada parecido a Los Vengadores, los X-Men o la Liga de la Justicia: es una niña común y corriente con un poder muy mundano pero que, cuando se escribió el libro, era muy poco común (y, creo, hoy todavía menos).

Si hay una heroína, debe de haber un villano: los Hombres Grises con sus coches, trajes, carteras, bombines y cigarrillos, que solo se diferencian por un código que los clasifica. Son seres literalmente fríos que engañan a la gente para que cambien su estilo de vida y les cedan lo que para ellos es más preciado: su tiempo. Con esa descripción, podemos imaginar en la piel de estos seres al agente comercial que nos vino la semana pasada a vendernos un descuento en la tarifa eléctrica o al director de la oficina bancaria que le coló una preferente a nuestra abuela. Individuos que animan a la gente a perder sus derechos mientras se lo venden como algo positivo.

Mención especial merecen los dos mejores amigos de Momo: el soñador Gigi Cicerone, que no se toma nada en serio y al que le encanta inventarse historias, y el tranquilo y pausado Beppo Barrendero (mi personaje favorito), para el que es mejor tardar en responder que decir una mentira.

En su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión.

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Podría hablaros del acertijo, Casiopea, el Sum-sum gomalasticum, el Maestro Hora (y sus gafas), la Casa de Ninguna Parte o las flores, pero no quiero privaros del placer de descubrir por vosotros mismos lo que, para mí (y no suelo decir esto de una novela) es una auténtica obra maestra.

Valoración: Imprescindible

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3 comentarios sobre “Momo, de Michael Ende

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