·Título: Gilgamesh
·Autor: — (versión de Stephen Mitchell)
·Traductor: Javier Alonso López
·Género: epopeya
·Editorial: Alianza
·Número de páginas: 279

Tú que has caminado junto a mí, firme ante tantos peligros, recuérdame, nunca olvides lo que he soportado.

La epopeya de Gilgamesh es el primer vestigio literario de la humanidad, superando en varios siglos a la obra de Homero. La primera gran epopeya fue descubierta en 1850 entre las ruinas de Nínive, aunque hubo que esperar hasta 1916 para que Rilke descubriese su valor literario. Escrita en tablillas con escritura cuneiforme, en 1857 se descubrió que representaba el idioma acadio, un lenguaje emparentado con el hebrero y el árabe.

Stephen Mitchell, con esta versión, pretendía acercar esta gran epopeya al público general, para lo que aprovechó diversas traducciones y versiones anteriores, al carecer él de nociones de cuneiforme. Como él mismo nos dice, en ocasiones fue muy literal, pero en otras ocasiones más que traducir hizo una versión libre de la epopeya, sin que por eso esta pierda su esencia.

Gilgamesh fue un rey histórico que reinó en la ciudad de Uruk allá por el 2750 a.C. En esta obra aparece completamente idealizado. Si bien no llega a ser un dios completo, como sucede en otros mitos, sí que posee dos partes de divinidad, al ser su madre la diosa Ninsu y su padre el rey Lugalbanda, al que sucedió en el trono.

A pesar de ser un hombre hermoso, Gilgamesh era un tirano que tenía a la ciudad de Uruk sometida. Ante tal hecho, su madre clama a los dioses para que hagan algo. Estos deciden enviarle a Enkidu, un hombre moldeado del barro y que complementa al héroe.

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La historia de Gilgamesh, en cambio, poco tiene que ver con la historia de héroes posteriores, quienes obtendrán la fama y la gloria por sus hechos heroicos y sus sacrificios. La primera aventura de Enkidu y Gilgamesh consiste en acabar con Humababa, un terrible monstruo que custodiaba el Bosque de los Cedros, pero este terrible monstruo no parece aterrorizar a los hombres ni divertirse a su costa, por lo que el único motivo que les lleva a acabar con Humababa es el deseo de conseguir fama y gloria.

No podemos aceptar las cosas tal como son mientras pensemos que deberían ser de otra manera.

Elegí leer esta versión del Gilgamesh porque estaba escrita en prosa, lo que me facilitaba mucho su lectura, ya que las epopeyas escritas en verso me suelen resultar tediosas, ya que a veces, al hacer las traducciones, se fuerza la rima (aquí nos encontramos con el gran problema que suelen tener los traductores, ¿mantienen las palabras exactas del original o adaptan la rima a su versión?), lo que me entorpece la lectura. La obra se lee fácilmente, es bastante ágil, no tiene pasajes complicados ni meramente descriptivos, si bien sí vemos que diversas estructuras se repiten exactamente con las mismas palabras (y en varias ocasiones).

En cuanto a los personajes, a pesar de ser una epopeya breve –sobre todo si lo comparamos con La Odisea y La Iliada– están perfectamente dibujados, incluso aquellos que hacen una aparición estelar, como la diosa Isthar.

Gilgamesh más que un héroe es un antihéroe. Se nos presenta como el rey de la ciudad de Uruk, pero a pesar de que es una ciudad que vive en la abundancia, también vive atemorizada por él. Los dioses, conscientes de las súplicas de su pueblo, deciden enviarle entonces un compañero, un igual que temple sus ánimos, y así le envían a Enkidu. A pesar de que la primera vez que se ven pelean, los dos se convertirán en uña y carne.

Los dos pasan un tiempo en la bien murada Uruk, pero Gilgamesh, como ya hemos dicho, necesita gloria, necesita que todos reconozcan su valía, por lo que va en busca de monstruos que derrotar, pero no con el propósito de salvar a su pueblo, sino con el de obtener el favor de los dioses. Pero las cosas no salen como lo había planeado y pierde a Enkidu, su amado compañero. Tras este trágico acontecimiento, Gilgamesh comienza su periplo de héroe, realiza su propia catarsis –aunque en verdad son dos– y encuentra un guía sabio, pasa ciertas pruebas iniciáticas y rituales y, cuando regresa a Uruk, es otro Gilgamesh distinto. O al menos eso parece, pues no sabemos cómo continúa su aventura.

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Enkidu es un hombre salvaje, creado del barro a imagen y semejanza de Gilgamesh. Al principio corre libre junto a los animales, pero después de conocer el deseo carnal, empieza a civilizarse. Enkidu representa todo aquello que le falta a Gilgamesh.

La verdad es que me ha sorprendido bastante descubrir lo fácil que es leer esta aventura, quizá el hecho de que no esté en verso me ha ayudado bastante. Esta versión es bastante ágil y con un vocabulario cuidado y muy bien escogido, es curioso ver cómo con muy pocas palabras se dice mucho, algo que autores posteriores olvidaron y se recrean en grandilocuentes descripciones de personajes y paisajes; también es cierto que esto puede ser debido a que no es un poema que esté completo.

Por supuesto que es un libro que os recomiendo, las aventuras de Gilgamesh son entretenidas, sobre todo la que concierne a Utnapishtim, ya que su historia nos es conocida por su versión bíblica, comúnmente conocida como la historia del Arca de Noé.

Sin ninguna duda, si sois amantes de las historias de aventuras, deberíais leer este libro, ya que en él está el germen de toda la literatura posterior.

Cuando no haya salida, sigue el camino que hay frente a ti.

Valoración: Sí, recomendable

Aquiere Gilgamesh aquí.

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