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Crecí viendo Celia en la televisión. A menudo, en conversaciones triviales con amigos recordaba la canción de introducción y las travesuras de esta encantadora niña de tirabuzones y ojos azules. En mi mente, me pasé la vida viendo la larguísima serie de la cría burguesa que es ingresada en un convento de monjas por su mala conducta. En la realidad, las cosas son distintas.

Descubrí que la serie que yo guardaba primorosamente en VHS fue cancelada por falta de fondos, a pesar del entusiasmo del público. Tan solo se rodaron y estrenaron seis capítulos. Como curiosidad, y dado que este maravilloso mundo está conectado entre sí, la adaptación la llevó a cabo Carmen Martín Gaite (Nubosidad variable). 

Sí, he dicho adaptación. Recientemente (os hablo de tan solo unas semanas atrás desde que estoy escribiendo este artículo, con las manos un poco temblorosas y el corazón encogido) he descubierto que el personaje televisivo de Celia nació en los libros. Qué maravillosos los libros. No puedo evitar recordar a Pippi Långstrump, otra de mis heroínas cuando era niña, y de la que os hablé en este espacio. Aprovecho el inciso para subrayar lo poco que cuidamos en nuestro país este tipo de arte. O el arte en general.

Y sigo hablando de descubrimientos. En todo este tiempo yo no había oído hablar de Elena Fortún. Puedo decir que me siento culpable, porque durante mis veintisiete años de vida he ignorado el nombre de la creadora de un icono para mí. Pero también tengo que señalar que la culpa no es del todo mía, tal vez hay mucho que mejorar en la educación literaria que recibimos en los colegios. ¿Por qué las obras de Celia no son lectura recomendada en nuestra etapa escolar más infantil?

He estado buscando información de Elena Fortún y me he encontrado muchos datos y muchísimos artículos. Todos tienen en común el lema del silencio, del olvido, de lo desconocido. Y qué triste es esto. Por eso, y aprovechando la visibilidad que me otorga este espacio que, precisamente, hemos creado, también, para haceros llegar las figuras y novelas que han sido olvidadas y solapadas por el tiempo (o la sociedad), vamos a analizar quién fue la creadora de Celia, la niña de Madrid.

Su nombre real fue Encarnación Aragoneses de Urquijo y nació en Madrid en 1886. Hija de una noble vasca y de un alabardero de la Guardia Real, pasaba los veranos en la villa familiar de Segovia. Estudió Filosofía y Letras. En 1908 se casó con Eusebio de Gorbea, militar republicano y escritor. El matrimonio se exilió tras la Guerra Civil a Buenos Aires, donde su marido se suicidó en 1948. Tuvieron dos hijos, el más pequeño falleció en 1920.

Fortún empezó a escribir para la revista Blanco y Negro en 1928. Fue en junio de ese año cuando vieron la luz las historias de Celia Gálvez de Montalbán, cuyo análisis ácido cuestionaba el mundo de los adultos. Pronto, la editorial Aguilar se interesó por estas historias y las editó: Celia. Lo que dice, Celia en el colegio, Celia y sus amigos, Celia novelista o Celia madrecita. Hay un último cuento, Celia en la revolución, que permaneció inédito hasta 1987, y que está centrado en la vida del miedo y del hambre durante la Guerra Civil española (el borrador data de 1943).

Yo me había figurado las revoluciones con muchedumbres aullando por las calles. Aquí hay silencio, polvo, suciedad, calor y hombres que ocupan el tranvía con fusiles al hombro.

Lo más destacado de Elena Fortún ha sido su manera de comprender la psicología infantil y la facilidad con la que entró en el corazón de los niños.

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Cabe destacar que la publicación de su última obra inédita fue en el año 2016. Se trata de Oculto Sendero, editada por Nuria Capdevila-Argüelles y María Jesús Fraga. En esta novela de ficción autobiográfica, la protagonista recrea la búsqueda de la comprensión de su sentirse diferente desde que es una niña. Se ha convertido en un título de referencia del movimiento LGTB en nuestro país.

Este breve artículo pretende ser una introducción a una serie de entradas en las que me gustaría analizar las diferentes obras publicadas por Elena Fortún. Sí, es cierto que me interesa mucho acercar contenido interesante para todos los que, día a día, nos visitáis en este espacio. Pero no os voy a mentir: es un viaje que anhelo hacer también por mí misma; y por la niña que un día veía y admiraba a Celia, ignorando el mundo que tenía detrás.

4 comentarios sobre “Elena Fortún: Celia y el silencio

  1. Te recomiendo la lectura del libro “La importancia de llamarse Helena” (Editorial Tombooktu) donde encontrarás datos inéditos sobre la vida de Elena Fortún, así como muchas otras interesantes mujeres.

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