¡Ah, la extraña vida de felicidad y desdicha que he vivido,
desde que mis juveniles 
pies dejaron la gris, serena y muy amada morada!

Pero ahora me libraré de la carga del recuerdo,
de las vanas esperanzas perdidas,
de los arrebatados gozos comprados con crueles dolores.

El pasado ya no existe,
aunque yo no 
puedo olvidar los días en los que aún tenía ante mí una larga vida.

Ah, pero un instante,
antes de que pase la página.

William Morris, The Life and Death of Jason [Vida y muerte de Jason] Libro XVII

Cuando todos los elementos necesarios para crear un mundo fantástico propio de la épica o la heroica ya se habían inventado y usado: el mundo o lugar imaginarios, la magia dominando el lugar, los dioses, los espectros, los monstruos, la aventura errante, la guerra… Solo faltaba dar con un número de escritores capaces de reunir todas estas características y reintroducir las obras equivalentes a los libros de caballerías para crear la narrativa fantástica moderna. Y ahí es donde entra William Morris.

Morris (1834, Inglaterra) era un excéntrico soñador y, a la vez, un caballero sensible y refinado (en lo artístico). Le tocó vivir la dura época de la revolución industrial, justo cuando el estilo de vida de la humanidad empezaba a cambiar a merced de las fábricas que vomitaban humo y deshechos químicos. El progreso estaba destruyendo la belleza de Inglaterra (y de gran parte del resto del mundo).

Con una extraña nostalgia imbuida de cierto idealismo, William Morris enfocaba su vista y su imaginación hacia la Edad Media. Estaba decepcionado con la época en la que le había tocado vivir y, por ello, observaba con ojos tintados de rosa una edad llena de pobreza, ignorancia, creencias extrañas basadas en rumores, guerras sumidas en un bucle casi infinito, hambre, enfermedades incurables, persecuciones e inexistencia de derechos humanos y dignidad. Morris veía esta época, como ya hemos dicho, con un filtro que le hacía idealizar sobre reyes nobles, ciudades pulcras y bellas y campos verdes e intactos.

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William se convirtió en una especie de pionero del movimiento político socialista y empezó a luchar por los derechos de los trabajadores de las fábricas, a los que consideraba casi esclavos. Además, el reformista dedicó su tiempo a ilustrar, diseñar e imprimir sus propios libros, a la arquitectura, a tallar en madera, a la forja… Nada más lejos de su aparente falta de criterio, Morris era tanto un excéntrico como una suerte de genio y destacó en casi todo lo que hizo.

Así, William Morris cultivó la poesía y la novela y destacó en esta última por mostrar esa idealización del mundo medieval. Pero su Edad Media era un escenario totalmente imaginario, a la par que utópico. Y ese fue el hecho diferencial del autor: se alejó del terror sobrenatural y de la novela histórica e inventó la novela de fantasía heroica.

Su estilo también resultó uno de los puntos que lo diferenciaron de los autores de su época: era claro y sencillo, fresco y centrado en la belleza de sus mundos inventados. Abandonó la tradicional ficción inglesa y creó una voz propia envuelta en un misterioso hechizo, contextualizada en una atmósfera a veces terrorífica y escenificada en románticos lugares que son imposibles de señalar en un mapa.

Y acontenció al final que a estos dos mancebos el reino de su padre les pareció estrecho; y ansiaban conocer las costumbres de otros hombres y esforzarse en la vida. Pues, a pesar de ser hijos de un rey, sus riquezas terrenales eran muy escasas […].

Los dragones son biológicamente imposibles, pero molan cacho

Morris puso los cimientos de la literatura fantástica. Hay que tener en cuenta que Homero y sus contemporáneos estaban convencidos de la existencia de sus dioses y sus monstruos. Esto fue evolucionando con el pasar de los años, por supuesto: Morris sabía que los dragones eran imposibles desde un punto de vista biológico, pero los incluía en sus relatos porque respetaba la fantasía heroica clásica.

Las novelas del reformador son larguísimas y, en ocasiones, llegan a ocupar dos volúmenes. Un ejemplo de esto es The Well at the World’s End, que consta de unas 300.000 palabras. Sus obras son, en definitiva, relatos escritos siguiendo el concepto de la poesía épica, historias rebosantes de aventuras y entuertos y guardan un parecido muy acusado con la trilogía de Tolkien.

Podéis leer mis otras entradas sobre el universo de Tolkien aquí.

Ilustración de portada: colatillofran44

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