·Título: La visita de la vieja dama [Original: Der Besuch der alten Dame]
·Autor: Friedrich Dürrenmatt
·Traducción (al catalán): Aurora Díaz Plaja y F. Ulsamer
·Género: teatro
·Fecha de publicación: 1955
·Editorial: Proa
·Número de páginas: 138

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Friedrich Dürrenmatt nació en Konolfingen, Berna, Suiza, el 5 de enero de 1921 y falleció en Neuchâtel, Suiza, el 14 de diciembre de 1990. Dürrenmatt fue un pintor y escritor en lengua alemana. De su creación artística destacan sus novelas, sus obras de teatro y sus ensayos filosóficos.

La visita de la vieja dama es una tragicomedia en tres actos que fue estrenada en 1956, en Zúrich, por una famosa actriz alemana conocida como Therese Giehse. Hoy en día ha sido interpretada en múltiples idiomas y es considerada un clásico del teatro contemporáneo, siendo a la vez la obra más significativa de Dürrenmatt y la que le dio proyección internacional. Esta obra logró convertirse en una referencia del género gracias a su temática, a su sutileza, a la acción medida que presenta, a su desarrollo dramático, a su visión del mundo, a sus profundos personajes y al lenguaje que utiliza.

Clara amaba, por encima de todo, la justicia.

El argumento de la obra gira en torno a Clara, una anciana millonaria que vuelve a su pueblo natal, Güllen, que ahora se encuentra en una profunda decadencia económico-social. La premisa de la historia es, pues, sencilla y decadente al mismo tiempo: la vieja les ofrece a sus vecinos una suma importante de dinero que les ayudaría a vivir bien y a saldar sus deudas a cambio de que estos le den muerte a Alfred Ill, el enamorado de la anciana durante sus años de juventud (y que, además, nunca reconoció la paternidad de la hija que Clara llevaba en su vientre). Al principio, los habitantes de Güllen se sorprenden por la propuesta y, confusos y ofendidos, la rechazan. Pero más adelante y a un ritmo pausado, irán reflexionando sobre las posibilidades de mejora que el ofrecimiento de la anciana lleva consigo y cambiarán de opinión.

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Así, a lo largo de la obra, las líneas de Dürrenmatt son capaces de confundir al espectador (o al lector) con su ambigüedad, su cinismo y su sarcasmo. Esto lo hace a través de los penosos habitantes de Güllen, un indeterminado pueblo de Europa Central que representa, junto a sus mencionados ciudadanos, la decadencia creciente en la que se estaba sumergiendo la sociedad occidental de mediados del siglo XX.

El alcalde: Señora Zachanassian. Todavía estamos en Europa, todavía no somos paganos. En nombre de la ciudad de Güllen, rechazo su propuesta. En nombre de la humanidad. Preferimos seguir siendo pobres que mancharnos las manos de sangre.

(Ovación enorme).

Clara Zachanassian: Esperaré…

La importancia de la obra, como bien su título anticipa, radica en su personaje principal, en Clara, la anciana, la vieja dama. Clara Zachanassian, de soltera Clarita Wäscher, es uno de los personajes más fuertes que se han construido en las obras teatrales contemporáneas. Esta fuerza la logra, en parte, gracias a que en su personalidad se incluye una reinterpretación de la compleja Medea, uno de los personajes, psicológicamente hablando, más complejos del teatro de Eurípides y, en extensión, de la tragedia griega. Clara Zachanassian es vengativa y perversa, al igual que la obra del autor suizo. Dürrenmatt afirmó en varias ocasiones que, sin ese profundo deseo de venganza, la obra no sería la misma.

Así, a partir de la personalidad de Clara, se construye la trampa para cazar a Alfred Ill (Ill en inglés es enfermo). Esta trampa queda condicionada por los habitantes de Güllen y acaba resultando en una radiografía del espíritu humano moderno, siempre a merced del beneficio económico. Esta trampa cuenta también con un inicio simbólico y directo: Clara llega al pueblo con una pantera negra (de hecho, pantera negra es el mote cariñoso con el que Clara llamaba a Alfred cuando eran jóvenes) y con un ataúd. La pantera es liberada y abatida a tiros por los habitantes del pueblo.

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La visita de la vieja dama ha sido interpretada en múltiples teatros de proyección internacional

Pese a ser un claro reflejo de nuestra sociedad actual y de la propia en la que Dürrenmatt vivió, La visita de la vieja dama es una obra alejada del realismo puro por su lenguaje grotesco. El movimiento expresionista alemán también influyó en la pluma de Dürrenmatt: caricaturas, hipérboles, situaciones falsas o deformación son solo algunos ejemplos de esto.

La visita de la vieja dama cuenta con el mérito de aportar al panorama dramático un personaje como Clara Zachannassian que, movida por un deseo de venganza, compra el alma de sus vecinos, que se han perdido a sí mismos por el poder del dinero. Cuando se estrenó en 1956, la obra causó un gran revuelo y todavía hoy, más de sesenta años después, su historia nos machaca y logra removernos las tripas a la vez que nos representa como sociedad.

Valoración: Excelente
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