·Título: Gato sin dueño
·Autor: Tan Taigi
·Traductor: Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala (autor de la introducción, la selección y los comentario, además de la traducción)
·Género: poesía
·Editorial: Satori
·Número de páginas: 153

Gato sin dueño

se durmió en un tejado:

lluvia vernal.

Tan Taigi (1709-1779) es un autor nipón que se educó en la escuela de poesía Edo-za bajo la dirección de Takari Kikaku, el más célebre discípulo de uno de los más grandes autores de haikus: Matsuo Bashō. Además de monje, fue maestro de poesía y profesor.

Puede que, como yo, algunos no tengáis mucha idea de lo que es un haiku. Aunque según algunos críticos en español debería escribir haikú (incluso he llegado a ver escrito jaiku), a mí esto me parece una aberración y prefiero escribirlo sin acentuar: haiku.

Al buscar esta palabra en el diccionario, nos encontramos con que se la define como una composición poética de origen japonés de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Aunque esta definición es correcta, me parece mucho más bella y significativa la del escritor inglés R. H. Blyth, quien lo define como la “expresión de  una breve iluminación en la cual vemos la vida de las cosas”.

Como vemos, son poemas muy breves que lo que pretenden es causar impresión o sorprender al lector, tomando casi siempre elementos de la naturaleza. Es decir, en apariencia, los haikus parecen composiciones casuales que surgen al admirar un bello paisaje o una tierna estampa, aunque en verdad son mucho más complejos. En los haikus se ve reflejada la actitud oriental frente a la realidad, lo que nos permite conocer más del pensamiento nipón.

El haiku, con su brevedad y su gran significación, ha sido una forma métrica muy copiada por los autores occidentales, sobre todo con la llegada de las vanguardias, teniendo gran influencia sobre los poetas modernistas (si recordamos a estos poetas, encerrados en su torre de marfil, les gustaba recordar o evocar lugares lejanos y exóticos; por otro lado, Japón estaba empezando a recuperarse y a abrir sus fronteras, mostrando a los occidentales todo el arte y la cultura que había permanecido estático durante siglos).

Es interesante, y por eso quiero hablaros brevemente de ello, cómo el haiku se adaptó a la lengua española, aunque seamos sinceros, la esencia no es la misma. Lo que le interesaba a los vanguardistas era la brevedad con la que presentaban las cosas, la métrica les era indiferente y en muchos hasta encontramos título, algo que nunca pasa en los poemas japoneses. Y hecha esta breve explicación del haiku, de su historia y de su repercusión, paso a hablaros de Gato sin dueño.

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Gato sin dueño es una hermosa selección de setenta haikus de Tan Taigi. El libro pertenece a la colección Maestros del Haiku, de la editorial Satori, y me lo compré en verano, en el festival Celsius. Me llamó la atención su edición, ya que me parecía muy cuca y manejable, y la verdad es que ha sido una delicia, ya que es una edición bilingüe. Primero encuentras el haiku escrito en japonés, en romaji (esto es el japonés transcrito a nuestro alfabeto) y luego la traducción. Además, bajo el haiku se encuentra una explicación del poema y una explicación de los vocablos nipones, lo que me ha parecido maravilloso para poder entenderlo mejor.

Los haikus tratan, en su gran mayoría, de lo que siente el haijin (compositor de haikus) al contemplar la naturaleza:

Entre los dedos

que la recogen, brilla

esa luciérnaga.

Otro tema bastante recurrente en estos poemas ha sido la presencia del otoño. Si bien es cierto que la estación del año suele aparecer en muchos haikus, en estos abunda la estación de las hojas y siempre con un tinte melancólico y triste:

La lluvia anega

el porche: soledad

que trae el otoño.

La verdad es que este tipo de poemas me han sorprendido, porque me han hecho sentir la soledad o el desasosiego que siente el poeta. Si bien es cierto que algunos de los poemas tienen un tono más jocoso o moral, los que hablan del otoño han hecho que algo dentro de mí se removiese, y eso no me suele pasar muy a menudo con la poesía occidental.

Quizá el hecho de que haya despertado tanto sentimiento dentro de mí es lo que ha hecho que el libro me costase tanto. Los haikus no son poemas para devorar, son poemas para disfrutar. Te hacen pensar, darles vueltas, y aunque en esta edición aparece un maravilloso comentario, a mí me gustaba tratar de descubrir yo sola lo que significaba el poema. Vamos, que me gusta comerme la cabeza.

Yo, como profana en el campo poético que soy, me atrevo a recomendaros este libro si de verdad sois personas a las que les guste reflexionar y estáis abiertas a nuevas experiencias, porque de verdad que para mí leer este libro ha sido toda una experiencia.. Por mi parte, dentro de poco espero poder adquirir otro de los títulos (probablemente Mi nueva primavera de Kobayashy Issa) y poder comentarlo con vosotros.

Valoración: Bien, bien

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Un comentario sobre “Gato sin dueño, Tan Taigi

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