·Título: La historia empieza en Sumer. 39 primeros testimonios de la historia escrita (History Begins at Sumer. 39 Firsts in Recorded History)
·Autor: Samuel Noah Kramer
·Traductores: Jaime Elías Cornet y Jorge Braga Riera
·Género: ensayo histórico
·Editorial: Alianza
·Número de páginas: 401

Mi madre es una luz en el horizonte, un venado montés.

Samuel Noah Kramer (Kiev, 28 de septiembre de 1897 – Estados Unidos, 26 de noviembre de 1990) fue una de las principales autoridades en asiriología, historia de Sumeria y lengua sumeria.

Entró en el Dropsie College de Filadelfia para la enseñanza del hebreo y lenguas afines, donde se interesó apasionadamente por la egiptología. Se trasladó al Departamento de Estudios Orientales de la Universidad de Pensilvania, donde trabajó con Ephraim Avigdor Speiser.​ Speiser estaba intentando descifrar la escritura cuneiforme de las tablillas de arcilla de finales de la edad del bronce (hacia 1300 antes de Cristo); fue entonces cuando Kramer comenzó la tarea que le ocupó el resto de su vida. Obtuvo su doctorado en 1929; la fama le llegó gracias a su recopilación de historias sencillas tal como aparecían en las tablillas sumerias, repartidas entre diferentes instituciones por todo el mundo, en su obra de divulgación La historia empieza en Sumer (History Begins at Sumer: Thirty-Nine “Firsts” in Recorded History, 1956). Se retiró de la vida académica en 1968, pero continuó con una vida muy activa durante su jubilación.

El sumerólogo es uno de los especialistas más restringidos dentro de los ámbitos académicos altamente especializados; es casi un ejemplo perfecto del hombre que más sabe sobre menos cosas.

La historia empieza en Sumer es un ensayo que recoge treinta y nueve testimonios escritos en cuneiforme originales de los comienzos de la historia. La cronología exacta de estas tablillas nos es casi imposible de dar, ya que  algunas se remontan a 2700 años antes de nuestra era. Da vértigo, ¿no? Y, sin embargo, al leer estas composiciones, nos encontramos con que estas personas eran exactamente igual que nosotros.

Por ciertos motivos personales he empezado a documentarme acerca de la historia sumeria y lo que estoy descubriendo me está dejando en una especie de estado de shock, ya que todo lo que yo sabía –o creía saber sobre literatura– es una falacia. Todo, absolutamente todo, estaba escrito por estos hombres de tez negra de los que tan pocas cosas sabemos. Los grandes poemas homéricos no serían más que copias adornadas de las epopeyas sumerias, los grandes fabulistas adaptaron estas fábulas a su lengua, incluso los grandes libros sagrados tienen semejanzas inmensas con estas teogonías.

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El primer testimonio nos habla sobre las escuelas, sobre cómo estaban estructuradas y qué se enseñaba en ellas, pero también la clase de alumnos que había: estaba el estudiante aplicado, el que no daba un palo al agua y el que, cansado del maltrato por parte del docente, decide pedirle a su padre que le soborne para que relaje sus métodos.

También nos encontramos con testimonios que hablan de la guerra, de cómo la concebían y de cómo la entendían, de cómo se sentían. Y nos es tan tristemente cercano que no podemos evitar sentir cierta desazón al ver que a pesar de todos los avances que hemos hecho, hay cosas que nunca cambian. Porque aunque escrito en una lengua que apenas conozcamos y aunque la mitad de las tablillas estén rotas o perdidas, lo que queda es testimonio suficiente como para entender que seguimos siendo los mismos.

También nos encontramos con tratados médicos, filosóficos y técnicos, además de éticos, pero sin ninguna duda, para mí los más interesantes son los que tienen que ver con la creación del mundo y las historias de los dioses, porque aunque los sumerios no fueran grandes poetas y su estilo se basase, sobre todo, en la repetición, sus historias nos son conocidas y familiares.

A diferencia de Mesopotamia: Babilonia, la mitad de la historia, que reseñé en enero, esta obra ha sido algo más compleja de leer, ya que su estilo es mucho más elevado. A veces Kramer peca de egocéntrico, por decirlo así, y aunque motivos no le faltan, ya que es uno de los grandes asiriólogos, cuesta leerle, ya que parece que escribe más para él que para los demás. A pesar de todo la selección de textos está perfectamente explicada y comentada y nos encontramos con los primeros romances, las primeras nanas o los primeros manuales de medicina.

Sin duda alguna es una lectura que me ha resultado enriquecedora, aunque puede que en ocasiones un poco pesada. Si sois amantes de la historia, si os gustan los misterios, este es vuestro libro, aunque como he dicho al principio, da vértigo pensar lo similares que somos hoy día a estos hombres y mujeres.

Para el placer: matrimonio.

Pensándolo mejor: divorcio.

Valoración: Bien, bien

Adquiere La historia empieza en Sumer aquí.

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